Madre de Lisbeth Baquerizo: Esto es una película de horror

Sociedad

Autor:

Carolina Mella

Actualizada:

19 Ene 2021 - 0:03

Kathy Muñoz, madre de Lisbeth Baquerizo, quien fue asesinada el 21 de diciembre de 2020, en Guayaquil. - Foto: Carolina Mella

Madre de Lisbeth Baquerizo: Esto es una película de horror

Autor:

Carolina Mella

Actualizada:

19 Ene 2021 - 15:45

Kathy Muñoz, madre de Lisbeth Baquerizo, contó a PRIMICIAS los obstáculos e irregularidades en la justicia para esclarecer la muerte de su hija, ocurrida el 21 de diciembre de 2020, en Guayaquil.

Kathy Muñoz espera sentada afuera de las oficinas de la Unidad de Género de la Fiscalía de La Merced, como casi todos los días, desde el 21 de diciembre de 2020, cuando asesinaron a su hija Lisbeth Baquerizo.

Hace calor y el aire acondicionado no funciona. El 18 de enero rindieron testimonio los policías que acudieron al operativo de levantamiento de cadáver, el mismo día del velorio de su hija.

Lisbeth Baquerizo Muñoz había cumplido recién 30 años. El presunto femicida sería su esposo, Luis Hermida, con quien tenía 13 años de relación y uno de casados. 

En una cafetería, frente a la Fiscalía del Guayas, Muñoz conversó con PRIMICIAS sobre esta “película de horror”. 

¿Habló con Lis ese 21 de diciembre?

Sí, y en la tarde le había enviado un mensaje que no contestó. En la noche le dije a mi esposo que era raro que ‘la bebé’ no haya respondido mi mensaje de texto por tanto tiempo. 

Casi a la medianoche entró una llamada de un número desconocido. Mi esposo respondió y solo le dijeron que “tienen que venir rápido, Lisbeth está muertita”. 

¿Quién hizo esa llamada? 

El suegro de mi hija, Bolívar Hermida Gómez. Mi esposo volvió a llamar a ese número e insistió en que si ya habían llamado al 911, a la ambulancia, porque de repente mi hija todavía tenía signos vitales. El señor le dijo “no, ya no, ya está muertita”.

¿Qué pasó cuando llegaron a la casa?

Cuando llegamos, el esposo de mi hija estaba arrodillado junto a ella. Yo me arrodillé del otro lado a abrazarla. Estaba helada. Quise arroparme con sus brazos, pero no pude, ya estaba rígida. En mi dolor no vi detalles de la escena.

Me dejaron llorar un ratito. Aparentemente la escena era que ella se había caído. Me levanté, lo vi a él y le dije: Luis, ¡dime qué pasó!

Él levanta la cara y alcancé a ver que tenía un corte sobre la ceja, una herida abierta. Y le pregunté ¡qué pasó ahí! ¿ustedes estaban peleando? ¡Dime la verdad!

Y me dice nervioso: “no, me robaron. A las siete y algo me robaron y con mi papá fuimos a poner la denuncia. Yo la llamé, tengo las pruebas”, repetía. 

Le pedí el celular. Se puso nervioso. Llamó a uno de los dos hermanos que tenía los celulares. 

Se puso tan nervioso que me entregó el de él y el de mi hija. Yo, todavía inconsciente de todo lo que pasaba, le devuelvo el de él, sin percatarme de que antes me había dicho que se lo habían robado.

¿Qué sucedió después? 

Escucho que los padres de Luis Hermida se pararon a lado de mi esposo con un hombre, que nos presentaron como el médico, que ahora sabemos que es el maquillador, el formolizador de la funeraria Santa Ana

Y Bolívar Hermida (suegro de Lisbeth) le dice a mi esposo: “Don Mario, ¿qué le parece si la sepultamos hoy mismo?”. Mi esposo indignado le respondió “¡qué le pasa, cómo va a creer que voy a sepultar así a mi hija!”.

Él le dice que “no, lo que pasa es que la funeraria tiene una política, que cada día a las 11:00 es un día y si no, pues ya tendríamos que pagar otro día”. 

Mi esposo le respondió que si era por el dinero, nosotros pagamos y él lo interrumpió y le dijo que ellos se iban a encargar de todo. 

Y así lo hicieron. Tenemos el recibo de la Junta de Beneficencia, donde Bolívar Hermida pagó la bóveda, la funeraria, todo. Ahora su abogado dice que la familia no tiene nada que ver, que el presunto femicida fue quien pagó todo. Pero no es así. 

¿En algún momento llegó Medicina Legal de la Policía? 

No. Cuando llegamos había unos hombres afuera con trajes de bioseguridad. Yo creí que ellos eran de la Policía. Para mi sorpresa, esos hombres entran con un ataúd a llevarse a mi hija. Ahí nos dimos cuenta de que la funeraria llegó antes.

Todo el show estaba armado, estaba la furgoneta negra afuera, los de la funeraria, el dizque doctor.

Nosotros no teníamos tiempo para pensar en quiénes eran. Sólo nos esperaban para hacernos creer la escena de que ella se había caído.

¿Usted lo confrontó? 

Tres veces le pedí que me dijera la verdad “¡Quiero saberla de tu boca! ¿La empujaste?, ¿ella se cayó?”.

Mi hija lo amaba con su alma, nada la iba a levantar, pero si él me hubiera dicho la verdad, o tal vez me hubiera mentido y me hubiera dicho que fue un accidente, que se cayó, yo lo hubiera perdonado.

¿Qué le respondió él? 

Su madre Nancy Núñez se puso enfrente de él y me miró con rabia. Me dijo: “señora, qué le pasa, está culpando a mi hijo por algo que no ha hecho. Tenemos pruebas. Así la encontraron. Ya estaba muerta cuando ellos llegaron”.

Caminó hacia la puerta, la abrió y le dijo a los de la funeraria “llévense el cuerpo”. Y se llevaron a mi hija. 

Esa noche me acosté con mi vestido con sangre, porque era algo que no podía aceptar, entender. 

Por la mañana, cuando fue al velorio, ¿qué vio para que decida poner la denuncia en la Fiscalía? 

Me di cuenta de que él estaba tranquilo. Cuando le pregunté, me dijo: “es que me dieron dos pastillas para controlar los nervios, ¿usted quiere?” y le dije no, porque quiero que mi dolor salga. 

Solo de pensar que mañana ya la iba a dejar de ver, me estaba matando. 

Pero los propios invitados, amigos de ellos, me preguntaban ¿qué le pasa a Luis?, la actitud que él tiene no cuadra en la situación. 

Yo, inocente, decía que tal vez era porque le habían dado pastillas para los nervios. 

Me acercaba cada 20 minutos a verla en el ataúd. Nos dieron las 16:00 y la última vez que me acerqué, comencé a notar que los ojos de mi hija se ponían morados.

Miré sus manos y tenía las uñas rotas. Le había pedido al “doctor” que entrelace sus manos sobre el pecho, porque yo le iba a poner un rosario.

Pero no lo hizo, puso sus brazos estirados al lado del cuerpo. Ahora entiendo por qué, tenía moretones en las muñecas. Todo su cuerpo había sido maquillado. 

¿Y ahí fue a poner la denuncia?

Una de las amigas de mi hija se acercó y me dijo que tenía que contarme algo, no ahora, después. Ella tenía su mano en mi hombro y se la tomé y le dije “tienes que decírmelo en este momento”. 

Me comenzó a contar que hace un mes, Luis había cambiado, que comenzó a agredirla verbalmente, que la había empujado dos veces.

Parece que él estaba con otra persona. Entonces le dije a mi esposo, vamos, porque estoy segura de que él la mató. 

La fiscal de turno me escuchó y ordenó las diligencias respectivas para hacer el levantamiento del cuerpo. El sospechoso tenía que ir a dar su versión.

Mi esposo regresó a la sala para asegurarse que retiraran el cuerpo y yo me quedé en la Fiscalía a esperar que llegaran.

Pasaba el tiempo y veía que la Fiscal estaba molesta y caminaba de un lado a otro. Decía que no entendía por qué no levantaban el cuerpo. 

Regresé a la sala de velación y vi al señor de Medicina Legal que tenía que llevarse a mi hija, bien parado en la puerta. Le pregunté por qué no se había llevado el cuerpo de mi hija.

Me miró muy fresco, con la hoja en la mano, y me respondió que “es que no hay quien cargue”. Caminé hacia el féretro, tiré todas las flores y levanté el cuerpo de mi hija para llevarla al carro yo misma.

¿Detuvieron al sospechoso? 

No pudieron. Cuando ya la estábamos sacando, veo la escena. El esposo de mi hija, ayudado por su familia, acorraló, bloqueó a los agentes de la Dinased. 

Uno de ellos, gracias a su entrenamiento, pasó hasta por encima del carro con el que ayudaron a escapar a Luis, como una película de horror. 

Le tiraron el carro encima, el agente fue golpeado, voló, pero pudo salvarse. 

¿Han detenido a alguien por la muerte de su hija? 

No. Todos se fugaron. Luis salió del país el 29 de diciembre. Dos horas antes de que el fiscal me llamara a decir que tenía la boleta de detención preventiva en su contra para investigaciones. 

Lo que me dijeron después es que “se filtró la información”.

Sus padres y su hermano tampoco se sabe dónde están. Teníamos a un testigo que también se fugó. 

¿Cómo ha sucedido esto si la Fiscal actuó inmediatamente?

Porque ella era una fiscal de turno. Ahora lo lleva otro que no ha actuado de la misma manera. Por ejemplo solicitamos la alerta azul para que la Interpol busque. Dijo que no procede. 

Hemos suplicado por la formulación de cargos, teníamos elementos de convicción: una víctima, un cadáver, como le quieran llamar. Porque eso es ahora mi hija para la Fiscalía, una carpeta, un número. 

Teníamos una autopsia de Medicina Legal que dice que la causa de muerte fue violenta con objeto cortopunzante. 

A mi hija le pegaron pedazos de su cabeza y del brazo con Brujita (pegamento).

Teníamos un testigo y con todas esas pruebas, recién el 29 de diciembre se da la boleta de prisión preventiva para investigaciones solo contra Luis Hermida y no contra su familia. 

Mi hija murió el 21 de diciembre, recién el 12 de enero los familiares y coautores fueron citados a rendir su versión.

Cuando vinimos a verificar si de verdad fueron a dar su versión, sentada la señora Nancy Nuñez y recién empezando (la audiencia), gritaron “alerta de bomba” y no dieron su declaración. 

Esto es una película de horror, eso es mi vida ahora. Lamentablemente, también lo será para otra persona, porque esto no solo ha pasado hoy, sino hace años.

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