Miércoles, 28 de febrero de 2024

El drama de vivir como informal en Nueva York, una de las ciudades más caras del mundo

Autor:

Paúl Zamora, especial desde Nueva York

Actualizada:

3 Oct 2023 - 10:00

En Nueva York, los migrantes han desarrollado un método denominado “cama tibia”, que consiste en compartir el alquiler de una pieza.

El hotel Roosevelt, en Nueva York, cuenta con 1.000 habitaciones que sirven para dar refugio a los inmigrantes.

Autor: Paúl Zamora, especial desde Nueva York

Actualizada:

3 Oct 2023 - 10:00

En Nueva York, los migrantes han desarrollado un método denominado “cama tibia”, que consiste en compartir el alquiler de una pieza.

Nueva York.- La ciudad de Nueva York, una de las más cosmopolitas del mundo, atraviesa una crisis por la llegada masiva de migrantes de todo el mundo. Entre ellos, al menos 16.000 ecuatorianos indocumentados.

La ciudad ha habilitado albergues para recibir a los indocumentados, pero la cantidad es tal, que el gobierno de la ciudad ha reconocido a esta ola como un problema serio. Nueva York ha recibido desde abril de 2022 a unos 110.000 migrantes.

La administración local tiene a su cargo temporalmente a unas 60.000 personas, pero ellas también deben buscar formas de ganarse la vida en una de las ciudades más caras del mundo.

Según el Índice Mundial de Costo de Vida, de The Economist Intelligence Unit, Nueva York es una de las ciudades más caras del mundo para vivir, junto a Singapur y Tel Aviv.

Uno de los factores que precipita este índice es el alto costo del arriendo. Un departamento de un dormitorio en zonas promedio en Manhattan puede costar unos USD 4.000.

Mariana y Lucía, dos ecuatorianas que se dedican al comercio informal en esa ciudad, han optado por arrendar dormitorios en Queens y en el Bronx.

Lucía paga USD 1.000 por una habitación donde vive con su esposo y sus dos hijos. Mariana paga USD 600, pero comparte la habitación con otra familia.

Ante la falta de espacio y el alto costo del alquiler, los migrantes han desarrollado un método que se ha denominado como “cama tibia”. El método consiste en compartir el alquiler de una pieza y turnarse el uso de la cama.

Así, mientras uno de los habitantes trabaja, el otro descansa y luego intercambian. Esta práctica es común entre los migrantes y es posible por las largas jornadas laborales de los inquilinos.

16.000 ecuatorianos en Nueva York

Pero existen inmigrantes ecuatorianos que no tienen la capacidad de alquilar una habitación, ni siquiera bajo esa penosa modalidad de "camas tibias".

Son las 18:00 de un jueves y en las afueras del Hotel Roosevelt, ubicado en el downtown de Manhattan, Gabriela empuja un coche lleno de ropa sucia hacia la lavandería. 

El icónico hotel de 19 pisos y 1.000 habitaciones reabrió sus puertas luego de tres años y se sumó desde mayo de 2023 a los 120 hoteles que la ciudad de Nueva York ha contratado para alojar inmigrantes. Entre ellos, 16.000 ecuatorianos.

Desde hace cuatro meses, esta quiteña de 32 años hizo de este hotel su hogar ante la falta de oportunidades. Ella viajó irregularmente junto con su esposo y su hijo de 12 años, pagando USD 12.000 por persona. 

Gabriela mantiene la esperanza de encontrar un trabajo para alquilar algo por su cuenta. No descarta dedicarse a la venta informal, si no le quedan opciones.

Aún no le han pedido desalojar el albergue, pero teme que eso ocurra cuando cumpla seis meses allí. Lo peor es que eso podría ocurrir en el invierno que se avecina. 

El alcalde de Nueva York, Eric Adams, ha solicitado fondos federales para contrarrestar esta emergencia humanitaria. Asegura que la crisis migratoria le costará a la ciudad de Nueva York alrededor de USD 12.000 millones en los próximos tres años.

Enorme inversión para vender comida con permisos

La cuencana Rosa Calle paga USD 20.000 cada dos años por tener un permiso que le permite vender comida típica en Corona Plaza.

La cuencana Rosa Calle paga USD 20.000 cada dos años por tener un permiso que le permite vender comida típica en Corona Plaza.  

Luego de 25 años de trabajo la cuencana Rosa Calle alcanzó su porción del “sueño americano”. Logró instalar 'La esquina del Sabor', una caseta móvil donde vende comida típica ecuatoriana y que está ubicada en Corona Plaza, en Queens.

Reconoce que fue muy difícil llegar a ese punto, pero “con trabajo duro hemos podido salir adelante”. Al inicio, como muchos compatriotas, también trabajó sin permisos.

Levantar un puesto de comidas como este, legalmente y con permisos, puede costar unos USD 50.000. Ese rubro incluye un carro acondicionado y los permisos de la ciudad, que se pagan cada dos años y que bordean los USD 20.000.

Además, debe pagar impuestos mensualmente sobre lo que genera su negocio.

Ahora, ella puede dar trabajo a cinco personas. Uno de ellos es su sobrino Cristian Riera, un profesional cuencano de 44 años que lo dejó todo por venir a Nueva York.

Llegar también es un suplicio

Cristian Riera vende comida típica en Corona Plaza, en Ecuador trabajaba como docente.

Cristian Riera vende comida típica en Corona Plaza, en Ecuador trabajaba como docente.  

En 2023, casi 13.000 ecuatorianos han sido deportados desde Estados Unidos, según una investigación de la Subsecretaría de Migración del Ministerio de Gobierno de Ecuador. Riera agradece no ser parte de esas estadísticas.

El exprofesor tomó un avión desde Guayaquil hasta El Salvador y luego continuó su camino por tierra a través de Guatemala y México, hasta llegar a Ciudad Juárez. En este sitio permaneció durante dos días hacinado en una bodega con 150 personas, con las que compartía dos baños.  

El trayecto duró un mes y considera que “corrió con suerte” pues le tomó una hora 20 minutos desde que cruzó el muro hasta que llegó a El Paso, Texas donde le hicieron “el levantón” (cuando un coyote lleva a un migrante indocumentado a una casa de seguridad).

Luego de eso tuvo que soportar tres días más de viaje hasta Nueva York. Por esta travesía pagó USD 20.000.

Riera dejó en Cuenca a dos hijas, por lo que su objetivo es trabajar, pagar la deuda del viaje, ahorrar algo de dinero y volver a su tierra.

Los objetivos de cada inmigrante son distintos. Mariana, quien vende dulces en los vagones del Metro de Nueva York, espera instalarse definitivamente en esa ciudad.

Lucía, quien vende fruta picada en la estación Grand Central, espera regresar. Pues, dice, sus hijos creen que está trabajando en la Costa y no a 4.700 kilómetros de Quito. Les prometió volver, pero no tiene claro cómo ni cuándo cumplirá su promesa.