“Vamos a estar aquí hasta que dios toque el corazón del presidente”, dicen venezolanos en la frontera

Sociedad

Autor:

EFE

Actualizada:

29 Ago 2019 - 0:03

Fotografía del 26 de agosto de 2019. Numerosas familias venezolanas están a la espera de poder cruzar la frontera y entrar a Ecuador desde el Paso de Rumichaca, frontera con Colombia. - Foto: EFE

“Vamos a estar aquí hasta que dios toque el corazón del presidente”, dicen venezolanos en la frontera

Autor:

EFE

Actualizada:

29 Ago 2019 - 0:03

Sumidos en el agotamiento por el largo viaje y hambrientos por la falta de dinero, las familias venezolanas varadas en el Paso de Rumichaca piden a Lenín Moreno que “abra su corazón”… y las fronteras de Ecuador.

El drama de cientos de familias venezolanas se repite día tras día en el lado colombiano del puente internacional desde que el mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno, impusiera el lunes la necesidad de visado para cruzar.

El crudo resultado: varias organizaciones internacionales de ayuda han desmontado sus carpas en el lado ecuatoriano porque ya no hay a quien prestarle asistencia.

“Por favor, presidente Lenín… ¡Póngase la mano en el corazón! ¡Aquí hay niños enfermos, mujeres embarazadas, ancianos, gente con discapacidad!”,

Marbella Hernández, migrante venezolana

El suyo es un eco del clamor de tantos y tantos venezolanos que llegaban a Rumichaca esta semana. La mayoría busca la reunificación con maridos, u otra familia, que ya se encuentran tanto en Ecuador como en otros países de la región.

Impotentes, altos mandos de la Policía colombiana en la terminal reconocieron su “dolor” y “frustración” por la situación, como también lo hicieron funcionarios ecuatorianos de Migración, quienes en cualquier caso aseguraron que su obligación era “respetar las órdenes”.

Incluso para estos funcionarios, curtidos estos últimos años en una masiva ola migratoria a través de todo el continente -por Ecuador han pasado un millón de venezolanos-, es difícil afrontar las escenas de madres con hijos tirados bajo las carpas que organizaciones internacionales y ONG han habilitado en la terminal colombiana.

“Nos hemos venido por la necesidad en Venezuela. Aquí pasamos frío pero por lo menos comemos galletas”.

Odalis Mago, migrante venezolana

Ella está varada con su marido, dos hijos y varios nietos. Natural de la ciudad de Barcelona, en el estado venezolano de Anzoategui, tiene familia en Chone (Manabí), pero llegó demasiado tarde al paso internacional y, como casi un millar de sus compatriotas, se encontró las puertas cerradas.

A la espera de una prórroga que no llega

Al puente llegaron todos ellos después de vencer el plazo en la medianoche del domingo al lunes, y una parte de los migrantes fueron trasladados por las autoridades colombianas a albergues en la vecina Ipiales.

Otros, prefirieron quedarse por si Ecuador cambiaba de opinión, un rumor propagado por toda la zona que no parece que se vaya a concretar.

“Nos dijeron que habían dado una prórroga de una semana más”, confiesa Mago al amparo de dos grandes carpas blancas de Cruz Roja.

“Nos quedaremos, y vamos a luchar para pasar como sea… ¡Vamos a pasar como sea!”,

Orán Jeldona, migrante venezolano

Él no descarta la posibilidad de recurrir a vías alternativas no regulares. De esas, hay hasta 26 por las montañas aledañas.

Los organismos internacionales

Bajo la carpa, en la sección de Unicef, varias mujeres dan el pecho a sus hijos, mientras, a varios metros, la cola para las casetas de baños públicos se va haciendo cada vez más larga.

A su llegada, organizaciones como Cruz Roja o Acnur ofrecen a los migrantes un kit de asistencia para aseo primario y con una manta que les ayude a superar las frías temperaturas nocturnas de una zona a más de 3.000 metros de altitud. El martes de madrugada, apenas cinco grados.

Por el día, la cíclica rutina de esperar y esperar, preguntar insistentemente a cualquiera que pasa si hay algún cambio en la postura de Ecuador, tratar de conseguir comida -muchas veces infructuosamente-, y los que fuman, sobre todo los hombres, rascar algún cigarrillo de cualquier viandante.

Eso sí, siempre con una sonrisa, con el típico humor venezolano (los chistes de Nicolás Maduro, su repudiado presidente, son tan incontables como interminables), y el anhelo de ver concretado el sueño de llegar a destino.

“La esperanza es lo último que se pierde. Vamos a estar aquí hasta que dios toque el corazón del presidente de este lugar (Moreno) y trate con este nombre para que entienda que hemos venido de tan lejos porque tenemos necesidad”, concluye una migrante, quien, como otros, dice que no abandonará la terminal hasta cruzar a Ecuador.

También le puede interesar:

Noticias relacionadas