La pasión del fútbol para amputados reclama su espacio en el mundo

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EFE

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1 Sep - 0:05

Fotografía cedida sin fecha muestra al equipo de fútbol de amputados de Perú luego de un juego en Lima (Perú). - Foto: EFE

La pasión del fútbol para amputados reclama su espacio en el mundo

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1 Sep - 6:37

Paso a paso. Así se define la trayectoria del fútbol para amputados, una disciplina que reclama su propio espacio en las grandes citas internacionales del deporte adaptado como los Juegos Paralímpicos o los Juegos Parapanamericanos.

El fútbol para amputados tiene sus propias reglas reconocidas por la FIFA, entre ellas que se juega con siete futbolistas por equipo, un arquero con solo una mano y seis jugadores con una única pierna, quienes deben correr con muletas que no pueden tocar el balón, pues son señaladas como “mano” por el árbitro.

También tiene su propia Federación Internacional de Fútbol de Amputados (WAFF, en inglés) desde 2005, pero a pesar de ello esta disciplina aún avanza poco y no tiene el mismo desarrollo que otras versiones del fútbol adaptado.

En los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 solo se disputará fútbol en silla de ruedas eléctrica y fútbol 7 para personas con discapacidad cerebral, mientras que en los Parapanamericanos de Lima 2019 también hubo fútbol 5 para invidentes.

El camino, sin embargo, aún es muy largo.

En Perú está uno de los 46 equipos de fútbol de amputados que existen en el mundo, formado hace quince años por un grupo de apasionados del deporte rey que en algún momento perdieron una extremidad.

Desde hace dos años entrena tres veces a la semana con la esperanza de llevar la camiseta de Perú en la próxima Copa América, a celebrarse en Colombia.

Eduardo García, entrenador del equipo peruano de amputados, también padece una discapacidad congénita y ha impulsado el desarrollo de este deporte desde sus inicios.

“Sí o sí, el próximo año estamos en la Copa América”, pronosticó

Eduardo García, entrenador del equipo peruano de amputados.

El problema es que, pese a que su equipo es reconocido por las autoridades globales del deporte, aún no cuenta con la representatividad oficial. El paso a dar, por tanto, es formar una liga local y recibir representatividad del Instituto Peruano del Deporte (IPD).

Una vez que llegue esa representatividad, y el dinero que debería acompañarla, se abrirían nuevos caminos. “Lo profesional llega cuando haya inversión del Estado y la empresa privada”, reconoció García.

El avance para que se reconozca al equipo peruano de amputados en próximas competiciones ha sido favorable. “El próximo año va a ser más animoso. Hemos hablado con dirigentes internacionales de la WAFF para que Perú este ahí,” confirmó el técnico.

El delantero estrella del equipo peruano es Pavel Canales, quien explicó que la dimensión social que conlleva este deporte es lo que más le motiva.

“Buscamos que con esto la mirada sobre la persona con discapacidad no sea una mirada de lástima, sino que incluso de alguien que pueda ser digno de admiración. Quiero que las personas vean lo que podemos hacer”, dijo Canales.

Ante la falta de más equipos con discapacidades similares, deben entrenarse frente a rivales sin discapacidad ni amputaciones, un reto que los ayuda a descubrir que no existen diferencias más allá del esfuerzo y la perseverancia, lo que les acerca a un mejor nivel con miras a encuentros internacionales.

Entre los más experimentados del equipo está Wiliam Orozco, de 31 años, quien lleva en este deporte desde los 16 años y ahora se encarga de asesorar a los más jóvenes.

“Puede ser que tengas algún problema técnico o te falte algo (una pierna o un brazo por ejemplo) pero si te esfuerzas, entrenas, pones todo de ti, lo vas a poder lograr”.

Wiliam Orozco, futbolista.

La gran promesa es Cristopher Chávez, que a sus 12 años destaca por su habilidad con pie y muletas. A él le detectaron un osteosarcoma y tuvieron que amputarle una pierna antes de que el cáncer se expandiera.

“Sigo jugando, me siento normal como uno que tiene dos pies”, afirmó el joven Chávez, quien al principio era tímido y sentía vergüenza, pero ahora corre la cancha con sus compañeros en muletas. “Son como yo, por eso tengo más confianza”, añadió.

Como arquero está Julio Tafur, que perdió una mano trabajando a los 16 años, pero, cuando vio lo bueno que era bajo los palos incluso sin una mano, se dio cuenta de que podía hacer cosas que otros decían que no podía.

“A veces me han caído pelotazos, pero ya no me duele”, dijo Tafur, quien confesó que cuando era más joven sentía vergüenza y hasta miedo.

En todos ellos, la base de la futura selección peruana de fútbol para amputados, está el sueño de participar en un evento como los Parapanamericanos de Lima, donde hubieran sido anfitriones y demostrado su talento deportivo.

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