En sus Marcas Listos Fuego
Un par de cojudos
PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.
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Concurso para elegir al Fiscal General del Estado. ¿Concurso? Pantomima. Los concursos de méritos y oposición sirven para seleccionar a los mejores. Y hay otros, como este, que sirven para desnudar el nivel de desvergüenza institucional al que hemos llegado.
Hoy veremos, con desasosiego, cómo se conforma la presidencia de la famosa Comisión Ciudadana de Selección que nombrará al Fiscal General del Estado.
La gran jefa es Cynthia Jacho Tipán. Veintisiete años. Un solo título profesional, registrado hace lo que en términos jurídicos equivale a ayer por la mañana. Experiencia laboral: asistente legal, luego abogada junior. Nada más. Ninguna gestión pública relevante. Ninguna trayectoria en participación ciudadana. Ninguna lucha contra la corrupción. Ninguna publicación académica. Ninguna especialización seria. Nada.
Cynthia Jacho, la junior a cargo de seleccionar a un perfil que tenga más de 10 años de experiencia profesional y sea especialista en lo que ella no es: Derecho Penal.
Pero no se preocupen, que les traigo buenas noticias: tiene cursos virtuales. Sí, de esos que se hacen en pijama y con la cámara apagada. Tres certificados de la Escuela de la Función Judicial y dos cursos online más, todos recientes, todos genéricos, todos absolutamente irrelevantes para decidir quién va a ser el próximo Fiscal General del Estado.
Para rematar, un par de “reconocimientos” emitidos por fundaciones cuyo principal mérito es repartir diplomas con palabras como excelencia y ética impresas en tipografía cursiva (a veces, según el estado de ánimo, en Comic Sans).
¿El resultado? 17,5 sobre 50 en méritos. O sea, en cualquier universidad seria perdía el año. En palabras sencillas: no tiene méritos.
Y, aun así, ahí está: sentadita donde se supone que deben estar personas con trayectoria, solvencia, prestigio y conocimiento profundo del sistema penal. No una recién graduada con cursos virtuales.
¿No es eso corrupción? ¿No es corrupción aceptar un cargo para el que no estás capacitado? En Narnia y en el primer mundo, porque en Ecuador, es el modus vivendi.
Sin embargo, ahí está. Porque el sistema ya no selecciona a los mejores, sino a los funcionales. A los dóciles. A los que no incomodan. A los que no saben demasiado o saben exactamente a quién obedecer.
¿Y el par de cojudos quiénes son, si ella es una sola? El par de cojudos somos todos los ecuatorianos. Cojudos hasta la médula, cojudos por deporte, cojudos por pasión.
Cojudos porque dejamos que cualquier cojudo sea Consejero de Participación Ciudadana y Control Social.
Cojudos porque permitimos que cualquier cojudo presida la Comisión Ciudadana de Selección.
Cojudos porque hacemos seguimiento a un concurso en el que ya todo nació amarrado por un grupo de cojudos.
¿No sería más fácil, para que no nos vean tanto la cara de cojudos, que el próximo fiscal sea elegido de forma directa, sin contrincantes, sin simular un concurso, sin tanto gasto?
Es que prefiero que nos ahorremos el costo de elegir Fiscal General y que a cambio al menos nos construyan un parque con subibaja y resbaladera, alguna cosita cojuda que no salga tan cara.
Pero aquí seguimos todos, cojudísimos porque sabemos que el próximo Fiscal General del Estado será, una vez más, seleccionado a dedo en un simulacro de concurso, y aún seguimos hablando de méritos, de requisitos, de la academia, de perfiles profesionales y de todas esas cojudeces democráticas en las que sólo creemos los cojudos.
Así que llenen sus copas, levántenlas y brinden conmigo: ¡qué vivan los cojudos! ¡Que chupen los cojudos! ¿Hasta dónde? ¡Hasta las huevas, carajo!