Villanos de película
Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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Nada supera al espectáculo diario de la política internacional. Cada mañana nos informan que el amo de la Casa Blanca ha dicho u ordenado alguna barbaridad inesperada; cada noche Netanyahu asesina a alguien con un misil en lugar del clásico puñal; el miedo, el horror, el odio universal están a la orden del día en Ucrania y a la vuelta de la esquina.
Solo el Mundial de fútbol o alguna catástrofe descomunal, un incendio ‘dantesco’ como les gusta adjetivar a los periodistas, algún accidente de aviación con cientos de muertos, logran desviar la atención de la audiencia por un rato. Luego priman las guerras, que son la continuación de la política por otros medios, como sentenció Clausewitz.
Lo mismo sucede con aquellos escándalos sexuales que capturan a la audiencia porque develan los juegos y deleites ocultos de los poderosos, abusos, tráficos y traiciones que saltan a la luz con cuerpos y caretas distintas, aunque nada supere a la saga inagotable de Jeffrey Epstein, el villano supremo cuyos archivos hacen rodar cabezas cada semana en un thriller que desnuda a la élite del poder, empezando por Donald John Trump, quien es capaz de desatar una guerra brutal para desenchufarnos de la morbosa trama que, de la noche a la mañana, convierte en villanos a filósofos de izquierda como Chomsky o filántropos risueños como Bill Gates.
Es la sociedad del espectáculo llevada a su máxima expresión, que nos depara malvados de la talla de Trump, Putin, los ayatolas y Netanyahu, matones ensimismados que bombardean edificios, escuelas y hospitales como si tal cosa.
Sí, villanos imperiales y conquistadores despiadados (valga el pleonasmo) han existido siempre, desde los tiempos de Nerón y Calígula, pasando por Genghis Kahn y los incas, hasta Leopoldo II, Hitler, Stalin y los cabrones del Pol Pot, pero ninguno de ellos tuvo un ejército tan poderoso ni un mundo tan conectado que todo se ve y se vive al instante, ahí donde la realidad se funde con la ficción y no sabemos si esas lanchas de pescadores que vemos por el ojo del misil son un juego de video o qué.
Pero ningún guionista, por pasado en ketamina que estuviere, podía haber creado un personaje como Donald Trump. Ninguno. Algo así es producto de la sociedad en su conjunto y cuenta con la entusiasta colaboración de otro tipo de villanos, geniales en lo suyo, como el magnate de los medios, Rupert Murdoch. Veamos.
La serie documental ‘Dinastía: Los Murdoch’ afirma que el salto definitivo de Rupert, ese giro que marcaría una nueva época en los noticieros, sucedió en 1996, cuando lanzó el Fox News Channel. Ya para entonces, el australiano, que había construido un imperio mediático con una actitud intrépida, excéntrica y sin escrúpulos, “se había ganado una reputación de villano por sus tabloides de segunda y su política conservadora”.
Observando que los grandes medios en EE.UU. se disputaban la audiencia de centro izquierda, diseñó Fox News para ofrecer una alternativa conservadora pero entretenida, con presentadoras jóvenes y guapas que mostraban las piernas bajo el vidrio de la mesa y difundían mentiras sin despeinarse. (Ni modo, con tanta laca).
Con el manejo sensacionalista del caso de Mónica Lewinsky y el racismo en las Torres Gemelas, los ratings volaron y Rupert se volvió increíblemente rico y poderoso. Su populismo conservador lo convirtió en “un auténtico peligro para las democracias liberales”, dice el documental, que es un regalo al paladar para quienes seguimos ‘Succession’ pues aquí vemos, en material de archivo, al padre original y los cuatro hijos desequilibrados peleando por sucederle en el trono; es una historia movida por el dinero, el poder y la búsqueda del amor paterno mientras se expande el imperio de las noticias tendenciosas y distorsionadas en favor de los republicanos.
En paralelo creció la moda de la telerrealidad y ‘El aprendiz’ de la cadena NBC hacía de Donald Trump una celebridad, un tiburón de las finanzas y los bienes raíces que irrumpió en la política con el bulo sobre la nacionalidad del presidente Barack Obama.
Dicen que a Rupert no le gustaba Trump para presidente, pero cuando olió que podía ganar, acudió a su cancha de golf, adonde han desfilado tantos a rendirle pleitesía. Desde entonces hasta hoy Fox News se comprometió descaradamente con el trumpismo.
En este juego de espejos y pantallas, el modelo de Rupert fue William Randolph Heartz, mitológico magnate de la prensa recreado por Orson Welles en ‘Citizen Kane’. Heartz era tan influyente y tan hdp que sus medios embarcaron a EE.UU. en la Guerra de Cuba, en 1895. Hoy, otros villanos de película quieren volver a bañarse en Varadero si es que logran zafarse de Irán. ¿Lo lograrán? Manténganse en sintonía.