Columnista Invitado
Guayaquil, con vacíos críticos para cumplir sus Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030
Arquitecto y docente investigador de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UCSG. Magíster en Desarrollo Urbano. Doctor en Planificación Urbana y Coordinador del grupo de investigación Observatorio Urbano y Territorial de la UCSG.
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En el año 2016, Quito fue el escenario en donde se desarrolló la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III). Este evento global puso a Ecuador en la historia como el lugar en donde se adoptó formalmente la Nueva Agenda Urbana y se acordó por cerca de 150 países el cumplimiento de indicadores y metas cuantificables de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el año 2030.
Este año se cumplen 10 años de Hábitat III y emergen interrogantes respecto a Guayaquil: ¿Se está evaluando y monitoreando el desarrollo urbano sostenible y resiliente en la ciudad por medio de indicadores? ¿Estamos involucrados todos los actores locales en este proceso? ¿Cómo se han abordado estos compromisos globales desde lo local como ciudad y ciudadanos? ¿Son suficientes los estándares urbanísticos que exige la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión del Suelo (LOOTUGS) para medir su desarrollo urbano sostenible?
Una pregunta más, tomando en cuenta que el desarrollo urbano sostenible es un proceso de planificación, gestión y transformación que busca mejorar la calidad de vida y resiliencia en las ciudades, equilibrando el crecimiento económico, la equidad e inclusión social y la protección ambiental: ¿Quién o quiénes lideran este proceso actualmente?
Si bien es cierto, el Ecuador ha formado parte de estas conferencias y acuerdos globales como país miembro de las Naciones Unidas desde su fundación en 1945, el nivel de compromiso ha sido irregular respecto a la implementación de los ODS como una herramienta técnica para medir, monitorear y comparar los avances en el desarrollo sostenible de su sistema de ciudades.
En especial, la aplicación del ODS 11, “Ciudades y comunidades sostenibles”, como una herramienta técnica para la evaluación de los avances en desarrollo urbano sostenible, es todavía una deuda pendiente y ha sido una tarea más bien basada en la buena voluntad de las autoridades de turno de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) municipales, quienes tienen la competencia para planificar el desarrollo sostenible de los asentamientos humanos circunscritos en sus respectivos territorios. De acuerdo con los registros publicados por ONU Hábitat, apenas el GAD Municipal de Cuenca y los GAD Provinciales de Manabí y Pichincha han presentado las Revisiones Locales Voluntarias (RLV).
Por otro lado, el artículo 43 de la LOOTUGS establece que los GAD municipales y metropolitanos deben fijar estándares urbanísticos de cumplimiento obligatorio. El reglamento complementa que los estándares urbanísticos son: “parámetros o patrones de calidad y medida que obligatoriamente deben observarse en el planeamiento y actuaciones urbanísticas”. Son normas mínimas de calidad urbana que se aplican a urbanizaciones y edificaciones públicas o privadas, que buscan garantizar el derecho a la ciudad y la habitabilidad, y que operan principalmente a través de los Planes de Uso y Gestión del Suelo (PUGS).
Aunque esta ley no establece una relación directa entre los estándares urbanísticos y los ODS, sí existe un alto nivel de correspondencia estructural al compararlos (ver tabla). Entonces, ¿por qué no implementar los indicadores de desarrollo urbano sostenible del ODS 11 en su planificación urbana?
En el caso de Guayaquil, a pesar de los altos índices de informalidad en la ocupación del suelo y de los serios problemas derivados de la huella ecológica que generamos, no se está monitoreando periódicamente su desarrollo urbano sostenible. Peor aún, no existen estudios prospectivos de desarrollo urbano y territorial basados en la mejora progresiva de este tipo de indicadores. De igual manera, al no poder compararnos con otras ciudades de América Latina y del mundo, tampoco sabemos cuánto y cómo estamos aportando desde lo local como ciudad y territorio, al desarrollo sostenible global.
En el año 2030 se tiene previsto que todas las ciudades del mundo presenten sus logros en cuanto al cumplimiento de los ODS, y por ende su aporte directo a la mejora de la situación global desde lo local. Nuestra participación como Guayaquil no debe de quedarse en la publicidad y el marketing. Tenemos tiempo aún para mostrar avances y aplicar mejoras a la planificación de la ciudad de manera participativa e incluyendo a actores locales que pueden dar mayor peso y validez al proceso, como la academia, ONGs, multilaterales, observatorios, colectivos, agrupaciones sociales, empresa privada, entre otros.
Este compromiso debe de trascender banderas políticas e ideológicas, y más bien construirse y consolidarse como una visión de desarrollo sostenible a largo plazo, consensuada por sus ciudadanos y por los actores locales que realmente estén interesados en lograr una mejor calidad de vida para sus futuras generaciones.
Nota: El presente artículo se elaboró con la colaboración de estudiantes tesistas del OUT de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UCSG: Valentina Valenzuela, Evelyn Robalino, y Fernando Sánchez.