El Chef de la Política
¿Es posible una tercera vía?
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
Actualizada:
Ante los desencuentros permanentes entre los partidarios de Noboa y los que siguen las directrices de Correa, hay un sector de la opinión pública y también de actores con legítimos intereses políticos que señalan la necesidad de una tercera vía. Otros, los más optimistas, creen firmemente en que esta opción es plenamente factible. Realísticamente, da la impresión de que, más allá del deber ser o del puro ser, Ecuador no tiene ahora mismo las condiciones para materializar una alternativa distinta a las dos que están a disposición del electorado. En términos simples, aunque lo deseable es que emerja una nueva perspectiva política, la constatación del día a día hace menos previsible que aquello ocurra, al menos en el corto plazo.
Esa tercera vía, una de cuyas dimensiones, pero solamente una, es la de corte puramente electoral, requiere una serie de condiciones previas para emerger. En primer lugar, se necesita un posicionamiento político-ideológico. Este conjunto de ideas en torno a cómo manejar la vida pública, la interacción entre agentes económicos y sociales; y, la perspectiva cultural del país, implican el juego de una serie de actores que converjan en acuerdos básicos. Eso, al menos de lo que se observa en el debate cotidiano, se encuentra en ciernes. Más allá de expresiones de buena voluntad, no se ven ideas firmes y orientadoras del camino que podría tomar esa tercera vía.
En lo económico, la dicotomía pura entre Estado y mercado ha dejado de ser el referente de las disputas entre unos sectores sociales y otros. Cada vez más, incluso desde las posiciones más orientadas a la izquierda o la derecha, se buscan espacios de convergencia que permitan una vida articulada y armoniosa, no exenta de tensiones desde luego, entre la lógica de la libre oferta y demanda y aquella que busca la redistribución entre los sectores más deprimidos económicamente. Ese engarzamiento de lo mejor del liberalismo con los aportes de los llamados economistas heterodoxos puede dar espacio a una visión alternativa que permita el desarrollo económico del país. Aunque escribirlo resulta simple, en los hechos poco o nada se observa en el país que se encamine a un esfuerzo conjunto para materializar esas ideas en propuestas de política pública que sean fácilmente transmitibles al común de los ciudadanos.
En lo político sucede algo similar. No se avizoran propuestas innovadoras que propongan una alternativa a la actual relación entre actores políticos y ciudadanía. Más allá de las declaraciones generales e importantísimas de libertad de expresión, es clave establecer distintos mecanismos que permitan la difusión de ideas por canales que no le resulten onerosos a los ciudadanos. Aprovechar los medios de comunicación públicos, por ejemplo, sería una excelente oportunidad de avivar al país. En lo institucional, tampoco se observa nada que no vaya más allá del respeto al Estado de Derecho, que a la mayoría de las personas les suena como una entelequia difícil de asimilar. Proponer las leyes que podamos cumplir como sociedad y no las mejor estructuradas, es un reto político y un desafío comunicacional.
En lo cultural hay otra beta clave para posicionar a esa tercera vía. El guion es claro: articular ideas específicas respecto al imaginario de nación, que no lo tenemos, establecer los artefactos culturales que permitan gestionar de mejor forma las diferencias regionales del país y proponer espacios alternativos en los que las distintas expresiones del arte se expresen. Sobre esas ideas, desafortunadamente no se visibiliza una discusión clara. Quizás hay voces que opinan al respecto, pero en espacios atomizados que, en general, generan menos efectos en el plano nacional.
A las razones expuestas, las dificultades para el surgimiento de una tercera opción democrática tienen que ver con el financiamiento de todo el aparataje que implica proponer algo que vaya más allá de las antípodas electorales en las que ahora vive el país. Ahí se requiere inversión privada, en plata y persona, como dice el adagio popular. Por tanto, para materializar una posición distinta, el rol de los mecenas es clave. Desafortunadamente, de esos cada vez hay menos en el país. En un escenario como el descrito, cualquier intento real de generar una propuesta alternativa a las existentes se torna complicado, no imposible, pero sí muy cuesta arriba.
***
Para el surgimiento de la tercera vía, la intervención de la sociedad civil que oriente el debate y controle los excesos del poder es clave, pero no suficiente. Acá lo que hace falta es establecer alternativas de política activa, de urnas y de ideas, que estén dispuestas a competir en un mercado asimétricamente constituido pero que es el que existe ahora mismo. Cuando la convergencia de ideas y sostenimiento material empiecen a observarse, la posibilidad de una tercera vía estará presente. Antes de eso, la salida de los extremos es solo una mera declaración de intenciones. Valiosa, pero mera declaración.