Leyenda Urbana
La Cuba comunista agoniza; llega el día de la liberación
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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Nunca he visitado Cuba porque prometí que iría cuando pudiese hablar libremente con la gente, caminar sin restricciones por sus calles y disfrutar ese maravilloso país del que siempre estuve atenta, siguiendo los acontecimientos que allí sucedían, leyendo cuanta información tuviera a mi alcance. Y curiosa por descubrir lo que inspiró a Ernest Hemingway quien vivió y escribió en la isla durante 20 años.
La fascinación que despertó Fidel Castro en legiones de jóvenes de América Latina por haber liberado Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista, allá por 1959, comenzó a menguarse al conocerse que las libertades estaban siendo vulneradas; que la gente no era libre de opinar y expresarse y que había presos políticos.
Pese a ello, que la población tuviese acceso a educación y salud y que Cuba fuese competitiva en investigación y deportes, mantuvo la ilusión por la revolución, conscientes de que resistía a un férreo embargo económico.
Pero que solo se permitiera prensa oficial y el Comunista fuera el partido único, y que la disidencia estuviera proscrita, no podían sino presagiar un fracaso, porque las libertades son el bien más preciado en una sociedad.
Casi siete décadas después, los ideales y desafíos iniciales han desaparecido superados por la fatiga social generalizada, ante la crisis brutal por la carencia de alimentos, sin medicinas ni energía eléctrica, y con presos políticos que copan las cárceles y muestran el verdadero rostro del castrismo.
Los cubanos llevan dos semanas en las calles protestando; las noches hay cacerolazos; son momentos decisivos.
El viernes último, en el Municipio de Ciego de Ávila, en el centro del país, los manifestantes se tomaron la sede del Partido Comunista e incendiaron su mobiliario en la calle al grito de: ¡libertad, libertad!
Nunca había sucedido algo igual.
Cómo será la situación que, el mismo Miguel Díaz-Canel, que en junio mandó reprimir las manifestaciones, ahora, en su cuenta de X, escribió que era “comprensible el malestar que provoca en nuestro pueblo los prolongados apagones”.
“No queremos luz, queremos libertad”, respondió el pueblo a pesar de soportar hasta 48 horas continuas sin electricidad, sometidos a un intenso calor y ya casi sin alimentos.
El pueblo de José Martí ha sido víctima de las maniobras, la ambición y las transacciones de sus dirigentes que llevaron a Cuba a depender de terceros siempre.
La disolución de la Unión Soviética, en 1991, fue un golpe demoledor para la isla que sufrió un colapso económico cuando Moscú cortó el suministro de petróleo, alimentos y hasta el soporte ideológico que mantuvo por 30 años.
Cuba entró en el llamado “Periodo Especial” que significó más restricciones y menos comida, al punto de que la gente perdió peso. Unos 50.000 cubanos sufrieron neuropatías por falta de vitaminas.
El pueblo sobrevivió como pudo. Quienes podían, dejaban el país y se produjo la llamada crisis de los balseros con la huida a La Florida.
Treinta y cinco años después, la captura de Nicolás Maduro, el tres de enero de 2026, en un operativo en el que murieron 32 custodios cubanos, no solo marcó el destino de Venezuela, sino el de Cuba, que revive la pesadilla del 91, pero esta vez sin alternativa al perder los 100.000 barriles diarios de petróleo que Caracas le enviaba, y porque Donald Trump amenazó con aranceles al país que lo suministre.
También se quedó sin los dólares por los servicios que prestaban los médicos cubanos en varios países y sin los ingresos del turismo que se ha terminado.
Huir de la isla, que devino en cárcel a cielo abierto, fue la ilusión de generaciones, aunque muchos murieron en el intento o terminaron en las mazmorras de la dictadura.
Se estima que, desde 2021, entre 1,5 y 2 millones de cubanos han salido del país; entre esos, cientos de periodistas víctimas de tortura psicológica al estar en las listas negras del régimen. Hoy sueñan con volver a casa.
Tengo la convicción de que pronto iré a Cuba para recorrer ese país de belleza inspiradora y con una historia apasionante, y para abrazar a los colegas que resistieron y arriesgaron sus vidas hasta ser testigos del día de la liberación.