¿Cómo queda el tablero electoral en Guayas, con Marcela Aguiñaga fuera de juego?
La sorpresiva decisión de Marcela Aguiñaga de renunciar a la Prefectura de Guayas y a su postulación a la reelección deja un mapa electoral todavía desolado. El único nombre que suena para suceder a Aguiñaga es el de Roberto Luque, ministro de Infraestructura y Transporte de Daniel Noboa.

Con la decisión de la prefecta de Guayas, Marcela Aguiñaga, a la reelección, el tablero electoral en la provincia aún no está definido. Por ahora, solo el nombre de Roberto Luque, ministro de Infraestructura, suena para esta dignidad.
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Guayas se asemeja políticamente a un tablero sin alfiles, una vez que la prefecta de Guayas, Marcela Aguiñaga, decidió no correr por la reelección en las seccionales de noviembre de 2026 e incluso renunciar a su cargo un año antes de que finalice, es decir el 14 de mayo próximo.
Con Aguiñaga fuera de juego, el único nombre que, por ahora, se menciona para sucederla es el del actual ministro de Infraestructura y Transporte, Roberto Luque, quien además integra la mesa chica del presidente de la República, Daniel Noboa.
Aunque Luque no ha confirmado oficialmente su postulación a la Prefectura de Guayas, en los pasillos del movimiento oficialista ADN esto ya sería un hecho, pese a que el funcionario ha dicho que, de momento, está concentrado en sus labores ministeriales.
Pero lo cierto es que, además de Luque, todavía no existen otras propuestas, aunque los tiempos electorales apremian tras el sorpresivo anuncio del Consejo Nacional Electoral de adelantar los comicios para alcaldes y prefectos, lo que ha generado cuestionamientos e incertidumbre entre actores políticos y la ciudadanía.
Partidos tradicionales, como el socialcristianismo, que perdió contra el correísmo la Prefectura y la Alcaldía de Guayaquil, no han resuelto el problema de ausencia de candidatos, por lo que, según una alta fuente del PSC, "todo sigue en rumores de redes sociales", como ha ocurrido con figuras como la de Otto Sonnenholzner a la Alcaldía de Guayaquil o la de Dallyana Passailaigue a la Prefectura de una provincia con casi cinco millones de habitantes.
Cuando la prefecta Aguiñaga oficialice su renuncia, el viceprefecto Carlos Serrano, de 49 años, deberá asumir el cargo, mientras el concejo provincial, integrado por alcaldes y representantes de las juntas parroquiales, defina, a su vez, a la nueva viceprefecta, por la paridad de género.
Serrano fue concejal del cantón Samborondón, en Guayas, en dos periodos consecutivos (2009-2019), representando al sector rural.

Una renuncia sorpresiva
Marcela Aguiñaga llegó a la Prefectura de Guayas en mayo de 2023, cobijada por la bandera de la Revolución Ciudadana, organización política en la que militó por más de una década como ministra de Estado y asambleísta.
También fue presidenta de la Revolución Ciudadana, cargo al que renunció en octubre de 2023, meses después de asumir su cargo como prefecta por desacuerdos públicos con otros integrantes del correísmo, como Pierina Correa e incluso con la expresidenciable Luisa González, quien la responsabilizó por su fracaso electoral en 2023.
Mientras su relación con la RC se fracturaba, Aguiñaga mostraba públicamente su cercanía con el presidente Noboa e incluso con su tía, la empresaria Isabel Noboa, lo que molestó aún más a los correístas ortodoxos.

Hasta que finalmente la cuerda se rompió en diciembre de 2025, cuando Aguiñaga anunció que dejaba la RC "porque el movimiento que ayudé a construir decidió despojarme de mi espacio".
Esta decisión alimentó la ilusión de que el movimiento oficialista ADN se fijara en ella para que corriera por la reelección, hasta que Roberto Luque se cruzó en su camino, cuestionando su trabajo con el Quinto Puente y la extensión a 30 años del contrato con las concesionarias viales de Guayas.
A esto se suma el anuncio del director encargado del Servicio de Contratación Pública (Sercop), José Julio Neira, quien remitió información a la Contraloría General del Estado sobre un proceso de la Prefectura de Guayas, al evidenciar supuestos incumplimientos normativos.
Así, lejos del correísmo, sin un partido político que la cobijara y con el Gobierno pidiéndole cuentas sobre la extensión del contrato vial y las multas que debía cobrar a las empresas Concegua y Conorte por incumplimientos de obras en las carreteras, Aguiñaga estaba cercada.
A este panorama se sumó la enfermedad de su esposo, el empresario guayaquileño Mauricio Guim, con quien se casó el 9 de agosto de 2025, una tormenta perfecta que la sacó de un tablero electoral, cuyas piezas aún son un misterio.
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