Ecuador despidió el 2025 con subempleo a la baja; las brechas persisten
El mercado laboral ecuatoriano experimentó cambios en su estructura durante el 2025, particularmente en lo que respecta al subempleo. Los datos recientes revelan una reducción estadísticamente significativa en esta categoría tanto en áreas urbanas como rurales.

Vendedores informales en las calles de Guayaquil
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El subempleo, según definición oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), comprende a las “personas con empleo que, durante la semana de referencia, percibieron ingresos inferiores al salario mínimo y/o trabajaron menos de la jornada legal y tienen el deseo y disponibilidad de trabajar horas adicionales”.
Esta categoría engloba tanto el subempleo por insuficiencia de tiempo de trabajo como el subempleo por insuficiencia de ingresos, constituyendo un indicador fundamental para evaluar la calidad del empleo más allá de la mera ocupación.
El comportamiento de este indicador durante 2025 presenta variaciones que merecen atención, particularmente cuando se desagrega la información por área geográfica y características demográficas. La evolución de las tasas urbanas y rurales, así como las diferencias por sexo, revelan dinámicas diferenciadas que cuestionan lecturas simplificadas sobre el mercado laboral ecuatoriano y que responden a lógicas propias de cada contexto territorial y demográfico.
Reducción significativa con mejora en empleo adecuado
Según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), el subempleo nacional muestra una tendencia descendente sostenida durante el período analizado. Desde marzo 2024, cuando alcanzó 20,3%, la tasa experimentó fluctuaciones con un pico de 24,5% en diciembre 2024, para luego descender consistentemente hasta 17,4% en diciembre 2025. Esta reducción de 7,1 puntos porcentuales en 12 meses contrasta con la volatilidad observada durante 2024, cuando la tasa osciló entre 19,9% y 24,5% (Gráfico 1).
La disminución del subempleo coincide con un incremento en el empleo adecuado, que pasó de 33,0% en diciembre 2024 a 37,1% en diciembre 2025, un aumento de 4,1 puntos porcentuales. Esta evolución sugiere una transición efectiva de trabajadores desde categorías de empleo inadecuado hacia posiciones que cumplen con los estándares legales de jornada laboral (40 horas semanales) y remuneración mínima.
Sin embargo, es notable que la reducción del subempleo (7,1 puntos) no se tradujo proporcionalmente en incremento del empleo adecuado (4,1 puntos), indicando que parte de los anteriormente subempleados transitaron hacia otras categorías como “otro empleo no pleno”, que aumentó de 28,8% a 32,8%.
Dimensión urbana: reducción acelerada desde niveles elevados
Las áreas urbanas presentan la dinámica más pronunciada de reducción del subempleo. La tasa urbana descendió de 25,0% en diciembre 2024 a 17,9% en diciembre 2025, una caída de 7,1 puntos porcentuales que replica exactamente la magnitud de la reducción nacional. Esta evolución es particularmente significativa considerando que diciembre 2024 marcó un punto máximo histórico reciente, con 25,0%, el nivel más alto registrado en el período analizado para áreas urbanas (Gráfico 2).
El descenso desde este pico fue consistente y sostenido durante 2025. La tasa urbana pasó de 21,7% en enero a 20,8% en marzo, para luego acelerar su reducción hasta alcanzar 17,9% en diciembre. Esta trayectoria contrasta con la mayor estabilidad observada durante los primeros meses de 2024, cuando la tasa urbana fluctuó entre 20% y 22%.
El empleo adecuado en áreas urbanas experimentó un crecimiento paralelo, pasando de 41,5% en diciembre 2024 a 46,0% en diciembre 2025, un incremento de 4,5 puntos porcentuales. Esta mejora supera la registrada a nivel nacional, sugiriendo que las dinámicas urbanas favorecieron una transición más efectiva hacia empleos de calidad. No obstante, persiste una brecha considerable, ya que el 54% de los ocupados urbanos aún se encuentran en categorías de empleo inadecuado.
Como documentó el economista David Pino en su tesis titulada “Dinámica de la informalidad y el subempleo en Ecuador en el período 2007 – 2017”, las áreas urbanas tradicionalmente mantenían tasas de subempleo inferiores a las rurales, aunque enfrentaban desafíos particulares vinculados a la concentración poblacional y la presión sobre el mercado laboral formal. La reducción actual desde niveles tan elevados como 25% podría indicar tanto una corrección de un deterioro previo como mejoras estructurales en la generación de empleo urbano de calidad.
Qué pasa en la ruralidad
Las áreas rurales, por otra parte, registran una evolución particularmente notable. El subempleo rural descendió de 23,4% en diciembre 2024 a 16,4% en diciembre 2025, una reducción de 7 puntos porcentuales prácticamente idéntica a la urbana (Gráfico 3).
La evolución mensual muestra una disminución sostenida durante 2025. Desde 18,8% en enero, la tasa rural descendió a 16% en febrero (el nivel más bajo del período analizado), para luego fluctuar entre 16,4% y 24,4% durante los meses siguientes y cerrar el año nuevamente en 16,4%. Esta volatilidad superior a la urbana probablemente refleja la estacionalidad característica del empleo agrícola, sector predominante en áreas rurales.
El resultado más significativo es la inversión del patrón: la tasa rural de diciembre 2025 (16,4%) se sitúa por debajo de la urbana (17,9%), marcando una diferencia de 1,5 puntos porcentuales a favor del área rural. Pino, estableció que durante 2007-2017 “el subempleo en el Ecuador se concentra en el sector rural”, documentando tasas rurales consistentemente superiores a las urbanas. El autor concluyó que esto reflejaba “condiciones de mayor vulnerabilidad en el sector rural, aumentando las brechas de diferencia socioeconómica existentes en el país”.
Esta convergencia e inversión resulta particularmente notable considerando las características estructurales del empleo rural. El financiero Gonzalo Cucalón en su publicación titulada “Entendiendo el subempleo”, en Forbes, explica que “el sector de la agricultura es uno de los de mayor impacto en la generación de empleo, pues representa alrededor del 32%”, pero advierte que “por su naturaleza cíclica y las realidades de cada cultivo, es difícil generar plazas de trabajo que requieran que sus trabajadores cumplan con las 40 horas semanales”.
El autor señala además que “el sector agricultor ocupa más del 30% de la población, pero genera menos del 10% del PIB, lo que evidencia la incapacidad de los distintos gobiernos para generar políticas públicas que aumenten la productividad del sector”.
Sin embargo, el empleo adecuado rural mantiene niveles significativamente inferiores al urbano. Aunque aumentó de 17,7% en diciembre 2024 a 20,2% en diciembre 2025 (un incremento de 2,5 puntos), esta tasa contrasta con el 46,0% urbano, evidenciando una brecha de 25,8 puntos porcentuales. Esta disparidad indica que, aunque el subempleo se ha reducido, la calidad general del empleo rural permanece considerablemente inferior a la urbana.
Dinámicas de género en transformación
El análisis por sexo revela patrones complejos que desafían simplificaciones. Durante 2024, ambos sexos experimentaron incrementos en sus tasas de subempleo, aunque con magnitudes diferentes. Los hombres pasaron de 23,3% en marzo a 27,2% en diciembre 2024, un aumento de 3,9 puntos. Las mujeres incrementaron de 15,9% a 20,4%, un aumento de 4,5 puntos. Ambos grupos alcanzaron sus máximos históricos del período en diciembre 2024 (Gráfico 4).
El año 2025 trajo reducciones significativas para ambos sexos, pero con velocidades distintas. Los hombres descendieron de 27,2% en diciembre 2024 a 18,7% en diciembre 2025, una reducción de 8,5 puntos porcentuales. Las mujeres disminuyeron de 20,4% a 15,4%, una caída de 5 puntos. Esta diferencia de 3,5 puntos en la magnitud de la reducción resulta estadísticamente significativa.
Durante todo el período analizado (marzo 2024 - diciembre 2025), las mujeres mantienen consistentemente tasas de subempleo inferiores a las de los hombres. La brecha promedio es de aproximadamente 4-5 puntos porcentuales, alcanzando su máximo en diciembre 2024 (6,8 puntos) y reduciéndose a 3,3 puntos en diciembre 2025. Sin embargo, esta aparente ventaja estadística oculta condiciones laborales significativamente más precarias para las mujeres.
Los datos de diciembre 2025 revelan que mientras los hombres registran 41,6% en empleo adecuado, las mujeres apenas alcanzan 30,4%, una brecha de 11,2 puntos porcentuales que evidencia menor acceso a empleos de calidad. Más crítico aún, el 17,7% de mujeres ocupadas se encuentra en empleo no remunerado, comparado con solo 4,4% de hombres, una diferencia de 13,3 puntos que refleja la concentración femenina en trabajo doméstico y de cuidado no reconocido económicamente (Gráfico 5).
Adicionalmente, las mujeres enfrentan una tasa de desempleo de 3,4% frente a 2,0% masculino, indicando mayores dificultades para insertarse en el mercado laboral. Esta distribución confirma que las tasas inferiores de subempleo femenino no representan una situación más favorable, sino una manifestación distinta de precariedad laboral donde las mujeres transitan directamente hacia el empleo no remunerado o el desempleo, evitando la categoría intermedia del subempleo que caracteriza más frecuentemente las trayectorias masculinas.
El subempleo como problema estructural
La literatura especializada caracteriza al subempleo ecuatoriano como un fenómeno estructural más que coyuntural, lo que plantea interrogantes sobre su naturaleza. Cucalón es categórico y señala que “esta incidencia tan alta nos dice que estamos hablando de un problema estructural de la economía nacional, porque la falta de empleo formal es una constante, independientemente de la coyuntura reinante”.
Pino complementa este análisis definiendo al subempleo como situación de “personas que debido a la incapacidad del mercado laboral en producir la suficiente cantidad de empleo para poder abarcar la población con edad de trabajar o a la existencia de una reducción de la demanda de mano de obra, se ven en la obligación o necesidad de trabajar en horarios reducidos, aceptando ingresos bajos”. Esta definición subraya que el subempleo emerge de desajustes estructurales entre oferta y demanda laboral, no meramente de fluctuaciones coyunturales.
Asimismo, la Cámara de Comercio de Quito en su publicación titulada “Análisis del mercado laboral ecuatoriano: panoramas y desafíos” enfatiza en que “es básico que se creen políticas públicas para mejorar las condiciones laborales que enfrentan estas personas. Eso, sumado a capacitaciones que les permitan mejorar sus competencias”. El informe detalla necesidades específicas, “un aspecto es el de la tributación. También deben conocer técnicas de venta, contabilidad básica, manejo de los alimentos con base en condiciones de salubridad”, reconociendo que la transición hacia la formalidad requiere no solo incentivos sino capacidades.
Los datos de diciembre 2025 marcan un punto ciertamente positivo en la evolución del mercado laboral ecuatoriano, no obstante la historia económica del país sugiere cautela. Como señala Cucalón, el subempleo es una constante en la economía ecuatoriana. La verdadera prueba será si esta reducción se consolida mediante políticas que transformen estructuralmente la productividad sectorial, reduzcan la informalidad y amplíen el acceso a educación de calidad, o si representa otra “baja pasajera” como las documentadas históricamente.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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