Abandonar el multilateralismo le puede generar una crisis de poder blando a Estados Unidos
En esta segunda entrega se analiza cómo el abandono del multilateralismo y el desmantelamiento del poder blando de Estados Unidos, junto con sus intervenciones y amenazas externas, están debilitando sus alianzas y favoreciendo a sus competidores estratégicos.

El presidente Donald Trump pronuncia un discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza
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Abandono del multilateralismo y del poder blando
Casi en los mismos días de la intervención en Venezuela, el 7 de enero Estados Unidos anunció el abandono de 66 instituciones, incluyendo 31 asociadas a Naciones Unidas y otras 35. Esto se suma al abandono previo al Acuerdo de París de Cambio Climático, la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la agencia de Naciones Unidas para Palestina (UNRWA), el Consejo de Derechos Humanos (UNHRC), entre otros.
Entre las salidas recientes más preocupantes se encuentran la Convención Marco de Cambio Climático (CMNUCC), a cargo de las negociaciones climáticas internacionales (tratado, por cierto, que fue ratificado por el Senado de EE.UU. en una votación de 92-0), así como el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que produce un informe científico periódico sobre los avances del cambio climático.
También ordenó la salida de varios comités y comisiones de Naciones Unidas, entre ellas la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Unctad, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (Ecosoc), y ONU Mujeres.
Aparte de retirarse de organizaciones internacionales, el gobierno de Trump también ha eliminado o intentado eliminar varias entidades estadounidenses que trabajaban internacionalmente, entre ellas la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), otros esfuerzos de asistencia para el desarrollo del Departamento de Estado, la Corporación del Desafío del Milenio (MCC) y la Corporación Financiera de Desarrollo de los Estados Unidos (DFC).
También se suma el cierre de la Voz de América y otros medios públicos internacionales, y el desmantelamiento de la Fundación Interamericana, el Instituto de los Estados Unidos para la Paz (que luego renombró “Instituto Donald J. Trump para la Paz”), entre otras entidades. Todo esto está debilitando el “poder blando” de EE.UU., como escribí en un artículo publicado en la revista “Derecho en Sociedad” de Costa Rica.
El desmantelamiento de Usaid y los recortes al Programa Mundial de Alimentos (WFP) llevará a la muerte de millones de personas en los países en desarrollo. Un estudio elaborado por investigadores de UCLA determinó que estos recortes podrían llevar a la muerte de 14 millones de personas hasta 2030, entre ellos 4,5 millones de niños menores de 5 años.
La eliminación de Usaid fue ejecutada por Elon Musk y el llamado “Departamento de Eficiencia Gubernamental”; esto llevó a Bill Gates a declarar que “el hombre más rico del mundo ha estado involucrado en la muerte de los niños más pobres del mundo”.
Ataque a Venezuela, amenazas a Groenlandia y otros países
En los días posteriores a la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa, la diáspora venezolana tenía la esperanza de que esto representase la vuelta a la democracia en Venezuela. No obstante, y consistente con la nueva “Estrategia de Seguridad Nacional”, la democracia, los derechos humanos o el bienestar del pueblo venezolano no parecen haber sido un factor en la intervención militar.
El mismo presidente Trump, en una rueda de prensa, mencionó la palabra “petróleo” 27 veces, y la palabra “democracia” cero veces. En la práctica, aunque afirmó que Estados Unidos controlaría a Venezuela, e incluso posteó que él era el “presidente interino de Venezuela”, la estructura de la dictadura chavista sigue en control de las Fuerzas Armadas y el territorio de Venezuela, al mando de quien fungía de vicepresidente de Maduro, Delcy Rodríguez. Otras figuras del chavismo, como Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, siguen en sus cargos.
El petróleo venezolano es pesado, y la inversión para aumentar la producción costará cientos de miles de millones de dólares y demorará varios años. Una empresa, Exxon, dijo que era imposible invertir en Venezuela en las condiciones legales y políticas actuales.
Entonces queda la duda de cuál era el real motivo de la intervención. Algunos analistas apuntan a la existencia de minerales y tierras raras; otros a la oposición a la presencia rusa, china e iraní en Venezuela; unos terceros adscriben a la teoría de que la operación era para distraer de los problemas políticos domésticos de EE.UU. (documentos sobre Jeffrey Epstein que comprometen a Trump, crecientes problemas económicos, caída de aprobación de Trump por debajo de 40%). Si este último era el objetivo, fue un fracaso, dado que la mayoría de la población se opone a la intervención militar, y con porcentajes aún mayores a que EE.UU. ocupe Venezuela o maneje sus recursos naturales.
Lo mismo puede decirse de las amenazas de tomar por la fuerza a Groenlandia: el costo sería destruir a la OTAN, y los supuestos beneficios (acceso a minerales y tierras raras, defensa ante posibles incursiones rusas o chinas) pueden lograrse en el marco de los tratados y acuerdos existentes entre Dinamarca/Groenlandia y EE.UU.
El analista Ian Bremmer ha destacado que en los momentos más álgidos de la Guerra Fría, Estados Unidos tenía 15 bases en la isla, con 15.000 tropas, mientras que en la actualidad solo mantiene una base con 150 personas. La gran mayoría de la población de EE.UU. se opone a una invasión a Groenlandia (75% según una encuesta de CNN); porcentajes incluso más altos en Dinamarca y Groenlandia.
Lo cierto es que el gobierno estadounidense está minando sus alianzas militares y su poder blando, algo que solo podría beneficiar a sus competidores (China, Rusia, Irán).
(*) Experto en Desarrollo Sostenible y Financiación Climática, colabora con Gestión Digital.
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