Santa Elena, una provincia codiciada por las bandas del crimen organizado debido a su ubicación geográfica
El Departamento de Estado de Estados Unidos recomendó reconsiderar los viajes a Santa Elena, en medio de la disputa de las bandas criminales por los puertos pesqueros de la provincia.

Vista panorámica de uno de los puertos pesqueros de Santa Elena, 28 de agosto de 2026.
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Autor:
Redacción Primicias
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Conocida por sus playas, el turismo y su actividad pesquera, Santa Elena atraviesa un periodo de inseguridad y muertes violentas, que ha provocado que el Departamento de Estado de los Estados Unidos incluya a la provincia en su más reciente alerta de viaje.
En su alerta, Estados Unidos recomienda a sus ciudadanos reconsiderar sus viajes a Santa Elena y Manabí, debido a la ola de violencia criminal de estas provincias de la Costa, ambas bajo estado de excepción.
La resolución de las autoridades estadounidenses ocurren en un contexto de varios hechos violentos reportados en la provincia, como el hallazgo de dos jóvenes asesinados en Manglaralto, el asesinato a alias 'El Colega' en una playa de Salinas, y el crimen de José Luis Merchán Perero, secretario de Delitos Acuáticos de la Fiscalía de la misma ciudad.
¿Qué pasa en Santa Elena? Para entender la situación en la provincia, que ya suma 158 muertes violentas en 2026, es necesario explicar que por su ubicación geográfica se trata de una zona codiciada por las bandas ligadas al narcotráfico.
Santa Elena posee alrededor de 140 kilómetros de perfil costero y se encuentra entre Guayas y Manabí. Posee puertos pesqueros como Chanduy, Santa Rosa, Anconcito y Palmar, además de una extensa zona marítima que se conecta con rutas utilizadas por embarcaciones que transportan droga.
De acuerdo con el comandante de la Policía en la Subzona de Santa Elena, Jorge Hadathy, la decisión de Washington no implica una prohibición total para viajar a la provincia, y debe analizarse dentro de todo el sistema de clasificación de riesgo que maneja Estados Unidos.
Ecuador aparece en nivel dos de la escala general de riesgo para los viajeros de Estados Unidos.
“Cada feriado y desde inicios de año, en Santa Elena hemos sido la provincia con mayor ocupación hotelera y con la mayor cantidad de visitantes a nivel país”, expresa el coronel Hadathy, al tiempo que indicó que la Policía ha reforzado sus operativos en los principales balnearios.

La disputa por Chanduy, Santa Rosa, Anconcito y Palmar
La actividad pesquera convierte a los puertos pesqueros de Chanduy, Santa Rosa, Anconcito y Palmar en lugares atractivos para las estructuras criminales.
El comandante Hadathy explica que la posición geográfica de la provincia permite que lanchas rápidas salgan desde distintos puntos de la costa, para abastecer a embarcaciones mayores que esperan mar adentro.
“Las lanchas rápidas o las fibras pueden salir desde los 140 y pico de kilómetros que tenemos de perfil costero, ya sea con droga o combustible, a abastecer a barcos nodrizas o madres en alta mar”, señala Hadathy a PRIMICIAS.
Con una población total de 20.558 habitantes, Chanduy se encuentra entre los sectores donde se han reforzado las operaciones de seguridad. Mientras que Anconcito cuenta con presencia militar.

El jefe policial Hadathy indica que la disputa por los puertos pesqueros de Santa Elena no responde necesariamente a un solo grupo delincuencial organizado (GDO).
“Tenemos a varios miembros de una GDO que se apoderan o tratan de apoderarse” de la provincia, explicó Hadathy. El resultado es una lucha por territorio que no se limita a las calles, también alcanza los puertos, las embarcaciones y mar abierto.
Los pescadores, el eslabón vulnerable
En esa dinámica, los pescadores ocupan una posición particularmente vulnerable. Los llamados motoristas o capitanes de las lanchas conocen las rutas marítimas, los horarios de salida, las condiciones del mar y los puntos de navegación.
Ese conocimiento los convierte en personas de interés para las estructuras criminales que buscan movilizar cargamentos ilícitos.
Trabajadores de Santa Elena han sido buscados para cumplir funciones relacionadas con estas operaciones. En algunos casos, las organizaciones llegan desde provincias vecinas para reclutarlos.
“Por aquí es un secreto a voces ese tipo de negocios, pero la gente prefiere no decir nada por temor a represalias”.
Pescador de Chanduy
Las autoridades advierten de los riesgos de dedicarse a estas actividades ilícitas: “Muchas de las estructuras que están hacia Manabí o hacia Guayas vienen acá, los reclutan y se los llevan”, dice Hadathy.
Los ofrecimientos económicos son superiores a los ingresos habituales de un pescador. Algunas bandas pagan hasta USD 10.000 a los pescadores.
“Cuando alguien (un pescador) llega a entrar a una banda, lo que le puede esperar es la cárcel, el hospital o el cementerio”.
Jorge Hadathy, comandante subzona Santa Elena
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