Hilda Mera, la ecuatoriana que dirige dos talleres mecánicos de carros en Nueva Jersey
Cada 8 de marzo se habla de igualdad por el Día Internacional de la Mujer. La trayectoria de esta empresaria ecuatoriana en Nueva Jersey recuerda que esa conversación también pasa por entender el sistema, ocupar espacios económicos y compartir conocimiento con otras mujeres.

La ecuatoriana Hilda Mera, en el taller que dirige en Kearny, Nueva Jersey, un negocio que logró posicionarse en un sector tradicionalmente dominado por hombres.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. En el taller mecánico el ruido es constante. Llaves metálicas, motores abiertos y diagnósticos electrónicos que parpadean sobre una pantalla. Entre todo eso, Hilda Mera camina con naturalidad, conversa con clientes, revisa números y organiza la jornada.
No siempre fue así. Hubo un tiempo en que su rutina empezaba temprano y terminaba pasada la medianoche, alternando jornadas laborales con clases universitarias mientras intentaba entender cómo construir una vida en un país nuevo.
Llegó a Estados Unidos poco después de cumplir veinte años, en 2019. Es de la parroquia Achupallas, cantón Alausí, provincia de Chimborazo. Como muchos migrantes, comenzó en trabajos básicos, incluido el sector de limpieza, mientras enviaba ayuda a su familia en Ecuador y aprendía a moverse dentro de una economía desconocida.

Su vida entonces era una sucesión de trabajo, estudio y cansancio. “Salía de casa por la mañana y regresaba cerca de las 23:00, después de pasar también por la universidad; eran jornadas extensas”.
No fue la urgencia económica lo que la llevó a emprender. “De hecho, tenía un buen trabajo y ganaba bien cuando tomé la decisión; fue más bien una decisión consciente de cambiar el rumbo de nuestra historia”.
Fue así que en 2013, junto a su esposo José Masache, abrió S&A Auto Repair en Nueva Jersey, sin experiencia previa en negocios y financiando el proyecto con crédito personal y formación técnica progresiva.
El taller de carros abrió en un local que arrastraba una reputación complicada, marcada por experiencias pasadas que habían dejado desconfianza. Durante los primeros años escucharon comentarios que resumían prejuicios persistentes dentro de la propia comunidad latina.
Clientes que dudaban simplemente por ‘ser ecuatorianos’ o que asociaban nacionalidad con malas experiencias previas. La respuesta de Hilda fue menos discursiva que práctica. “Le dije a mi esposo: vamos a trabajar bajo una regla simple aprendida en casa: hacer las cosas con honestidad incluso cuando nadie estuviera mirando”.
Trece años después, el taller figura entre los mejor valorados de su zona y opera en dos localidades: una en Newark y otra en Kearny. El reconocimiento llegó lentamente, construido sobre miles de interacciones cotidianas y decisiones pequeñas repetidas durante años.
Pero el verdadero punto de inflexión no estuvo en los motores, sino en los números.
Administrar el negocio la obligó a entender que trabajar duro no significa necesariamente comprender cómo funciona la economía. Para lograrlo estudió inglés, obtuvo un Associate Degree en contabilidad y aprendió a leer los libros financieros de su propia empresa.
Hoy es ella quien supervisa la contabilidad, revisa balances y cuestiona cifras cuando algo no encaja.
“Uno ve que entra dinero, pero no entiende cuánto se va, y entender esto es muy importante para crecer”, explica al recordar ese aprendizaje.
Hilda Mera, migrante ecuatoriana radicada en Nueva Jersey
Entre números, tuercas y ‘networking’
Su papel dentro del taller de carros va mucho más allá de la administración interna. Es también quien construye la presencia pública del negocio: participa en espacios de networking, mantiene vínculos con organizaciones empresariales y promueve activamente la empresa en redes y eventos comunitarios.
En la práctica, combina funciones de directora financiera y relacionista pública, una doble tarea que ha sido clave para consolidar la reputación del taller.
Ese trabajo sostenido ha derivado en reconocimientos locales que ubican a S&A Auto Repair entre los tres mejores talleres del South Ironbound de Newark y también en Kearny, distinciones basadas en evaluaciones directas de clientes. Más que premios individuales, los interpreta como señales de que la preparación, la constancia y la honestidad, dejan huellas en la comunidad.

La experiencia personal también redefinió el propósito del negocio. Varias clientas le comentaban que simulaban hablar por teléfono con un hombre, cuando llevaban su auto a reparar, anticipando que podrían intentar cobrarle de más.
“Esas anécdotas me motivaron a transformar el desconocimiento en acción”, dice. Por eso organiza cursos prácticos, dentro del propio taller mecánico, dirigidos principalmente a mujeres. Más que enseñar ‘Mecánica Avanzada 3’ busca ofrecer herramientas básicas para entender diagnósticos, hacer preguntas correctas y evitar abusos comunes en un sector donde el lenguaje técnico suele generar desventaja.
El verdadero reto migrante
Con el paso de los años, y a partir de su propia trayectoria migrante, Hilda llegó a una reflexión distinta que hoy comparte con frecuencia con otros ecuatorianos que empiezan desde cero en Estados Unidos. “Becas, programas de formación, asesorías empresariales o subvenciones existen, pero permanecen fuera del alcance de quienes no saben dónde buscarlas ni cómo funcionan. Entender esas reglas, sostiene. Puede cambiar por completo una historia migratoria”.
"Muchas personas no avanzan, no por miedo al fracaso, sino porque desconocen las oportunidades que ofrece el sistema".
Hilda Mera, migrante ecuatoriana radicada en Nueva Jersey
Hilda cuenta que este aprendizaje también tuvo costos personales. Hubo momentos de agotamiento extremo, enfermedad y dudas que ocurrieron lejos de la mirada pública. Episodios que forman parte de la realidad silenciosa del emprendimiento migrante, donde cada decisión impacta directamente en la estabilidad familiar.
Si pudiera hablar con la joven que llegó desde Ecuador hace dos décadas, asegura que no cambiaría nada. Cada dificultad fue parte del proceso que hoy define su visión. Más que un negocio, aspira a dejar un legado basado en educación, fe y servicio comunitario.

En el Día Internacional de la Mujer, su historia no se define por haber ingresado a un espacio tradicionalmente masculino, sino por la manera en que convirtió un oficio en una vía de autonomía económica y aprendizaje compartido.
Su recorrido habla de obstáculos y de perseverancia. De la decisión constante de seguir adelante, adaptarse y abrir camino para otras mujeres desde la experiencia propia, una trayectoria construida paso a paso, donde la valentía cotidiana terminó transformándose en legado.
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