Lo que debe saber sobre el posible desarrollo de un Súper El Niño | Cinco claves para entender el fenómeno que alerta a Ecuador
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos actualizó el jueves 9 de abril de 2026 su pronóstico, aún con “alta incertidumbre”, sobre la probabilidad de un evento muy fuerte de El Niño. En marzo era del 13%, ahora es del 25%.

Ecuador vivió los efectos de El Niño 2023-2024, uno de los cinco más intensos registrados desde 1950. A pesar de que se preveía como un fenómeno fuerte tuvo efectos moderados. Un barrio de Durán (Guayas) se inundó el 26 de febrero del 2024.
- Foto
API
Autor:
Actualizada:
Compartir:
El posible desarrollo de un evento El Niño 2026-2027 mantiene en alerta a Ecuador, no solo por sus impactos e implicaciones climáticas, sino también por decisiones políticas como el adelanto de las elecciones seccionales ordenado por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Aunque múltiples modelos internacionales pronostican un rápido y agresivo calentamiento del Pacífico ecuatorial -lo que sostenido en el tiempo es clave para la configuración del evento-, la magnitud, duración e impactos del fenómeno de El Niño aún están rodeados de incertidumbre.
El meteorólogo y climatólogo chileno Diego Campos, especializado en eventos extremos, le explicó a PRIMICIAS que aunque el desarrollo de un evento tradicional es a estas alturas "casi una certeza", todavía no se puede anticipar cuán fuerte será, cuánto durará y qué tan devastadores serán sus efectos.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos actualizó su predicción el 9 de abril de 2026, todavía con “alta incertidumbre”, pero con un aumento en la probabilidad de un Niño muy fuerte del 13% -en marzo- al 25% -ahora-, anota Campos. El climatólogo explica lo que se sabe hasta ahora y por qué el escenario sobre el potencial El Niño Godzilla 2026-2027 aún no está definido.
¿Qué es un Súper El Niño y por qué se alerta sobre el más fuerte en un siglo?
El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) se desarrolla por calor oceánico. Se configura oficialmente cuando la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial, a 8.000 kilómetros de la costa ecuatoriana, se mantiene al menos 0,5 grados Celsius por encima de lo normal por tres trimestres consecutivos. Esto incide en una mayor evaporación de agua y en fuertes lluvias en la costa.
En Ecuador los fenómenos ENSO provocan lluvias devastadoras en la Costa y sequías en la Sierra. Los llamados Súper El Niño, explica Campos, son aquellos eventos en que esa anomalía supera los dos grados Celsius encima de la media y se sostiene en el tiempo durante meses, dice.
- Solo tres eventos en la historia reciente cumplen el umbral de Súper Niño, explica el meteorólogo: el Niño de 2015-2016, el 1997-1998 y el 1982-1983.
- Estos eventos coincidieron con aumentos en la temperatura global, anomalías de precipitación en múltiples regiones del planeta y efectos devastadores en las costas del Pacífico.
- La alarma actual se explica porque distintos modelos de predicción climática apuntan a que el calentamiento del Pacífico en 2026 podría superar esa barrera de los dos grados. Expertos se han arriesgado a pronosticar que se podría producir el evento ENSO más intenso en más de un siglo.

¿Cuántos modelos predictivos existen y qué dicen hoy?
Existen al menos una veintena de modelos de predicción climática para El Niño, divididos en dos grandes familias: los modelos estadísticos, que basan sus proyecciones en correlaciones históricas, y los modelos dinámicos, que resuelven las ecuaciones físicas del océano y la atmósfera en tiempo real. Es necesario tener en cuenta múltiples modelos para mitigar el margen de error en los pronósticos.
Entre los modelos más conocidos figuran el GFS estadounidense (Sistema de Pronóstico Global) del NOAA y el del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio. Ambos tienen sus propias versiones de pronóstico para El Niño-Oscilación del Sur (ENSO).
- La actualización más reciente de la NOAA señala que La Niña ha terminado, la neutralidad durará poco y las probabilidades apuntan en una sola dirección. Para el trimestre mayo-julio, la agencia estima un 61% de probabilidad de que surja El Niño y que persista hasta por lo menos finales de 2026. Sería aún de intensidad débil, según el experto. Para junio-agosto, esa probabilidad sube al 80%, con intensidad de moderada. Y para finales de año, ya existe cerca de un 25% de probabilidad de que El Niño sea muy fuerte, refiere Campos.
- El Centro Europeo, por su parte, proyecta un calentamiento muy rápido e intenso, con un Niño moderado ya hacia mitad de año (75% de probabilidad en el trimestre junio-agosto) y un posible Súper El Niño a finales de año, octubre-diciembre. "Ese modelo es muy agresivo", advierte Campos. “Es verdad que muchos modelos están llegando a una predicción muy cálida hacia final de año, por encima de los dos grados, pero un poco después de lo que sugiere el modelo europeo”.

¿Por qué se dice que estamos en plena barrera predictiva?
Hay una razón técnica, documentada y con respaldo histórico, para que los climatólogos pidan cautela en este momento del año: se llama barrera de predictibilidad, y abarca los meses de marzo, abril y mayo.
"Cuando uno calcula las métricas de cómo nos fue históricamente en el pronóstico de El Niño y revisa muchos eventos del pasado, se da cuenta que por esta época del año los modelos tienen menos acierto", explica Campos.
El motivo es que para esta época esa zona del Pacífico es naturalmente muy variable. Los modelos reaccionan con rapidez ante pequeños calentamientos o enfriamientos y tienden a relacionarlos de inmediato con potenciales episodios de La Niña o de Niño intenso, aunque no lleguen a concretarse.
¿Qué pasó con los pronósticos de El Niño que tuvieron impacto limitado?
La historia reciente del fenómeno incluye advertencias que no se materializaron con la fuerza prevista.
"Todos los eventos El Niño son distintos y se tiende a simplificar. La recomendación es estar alerta y preparados, pero sin asumir que la intensidad se traducirá en un tipo específico de impacto”.
Diego Campos, meteorólogo chileno.
- En 2017, el modelo europeo proyectaba para esta misma época un El Niño fuerte. La realidad fue la contraria: se concretó un segundo y un tercer pulso de La Niña. A diferencia de ese año, hoy la mayoría de modelos converge en una dirección y solo uno proyecta un calentamiento leve, dice.
- El caso más reciente es el Niño de 2023-2024. Las temperaturas del Pacífico superaron los dos grados de anomalía, pero solo durante dos meses. "Eso no alcanza a ser un Súper El Niño. ¿Es un niño fuerte? Sí. Pero no se sostuvo en el tiempo", explica Campos. En Ecuador fue moderado.
- El otro caso es el de El Niño Godzilla 2015-2016, que cumplió los criterios y fue uno de los más intensos del registro histórico. Pero en términos de lluvias no tuvo el impacto esperado. "Hay otros factores que influyen en los efectos, como el acople con las condiciones atmosféricas".
¿Qué papel juega el calentamiento global en todo esto?
Si el planeta se está calentando de manera sostenida, ¿cómo distinguir qué parte del calentamiento del Pacífico se debe a El Niño y qué parte es simplemente a la señal de fondo del cambio climático?
Para intentar resolver esa pregunta, se diseñaron nuevos índices relativos de monitoreo. Tanto la NOAA como el Bureau of Meteorology (BOM) australiano comenzaron este mismo año a utilizar estos índices, lo que “aumenta el nivel de incertidumbre” e introduce “confusión” en la lectura pública de los datos.
Los centros meteorológicos están tomando como referencia el período 1991-2020 para introducir la variable del calentamiento global. Mientras el modelo europeo, que hasta ahora arroja las proyecciones más agresivas, trabaja con un período de referencia histórico de 1981-2010, explica el experto.
Compartir: