Mundial, día 3: el Brasil de Ancelotti se estrella con los migrantes de Marruecos y aquí no se habla español
Ricardo Adé, de Liga de Quito, fue otro de los protagonistas de una jornada en que Brasil no convenció ante un equipo árabe con escuela europea.

Composición con retratos del jugador marroquí Ismael Saibari y el DT de Brasil, Carlo Ancelotti.
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EFE y AFP
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El tercer día del Mundial 2026 fue el primero con cuatro partidos, algo que pone a prueba los riñones de quien se atreva a verlos todos, ojalá en un sillón decente; aunque solamente uno atrajo realmente la atención: el duelo de Brasil, que desde 2002 no ha logrado llegar a semifinales, y Marruecos, pujante potencia africana que alcanzó el podio en 2022 y que maravilla a todos por su juego.
Ni tan africana, en todo caso, pues el once abridor de Marruecos estuvo compuesto por jugadores nacidos en España, Francia, Países Bajos, Bélgica y Canadá. Ninguno provino de Rabat o Casablanca. Es prácticamente una selección europea, integrada por gente criada en Europa y que se formó en escuelas de fútbol que son infinitamente mejores que las que existen en el reino de Mohamed VI. ¡Ah, los efectos de la globalización! ¡Qué opinaría Oriana Fallaci si estuviera viva!
Si este Marruecos no es tan marroquí como nos quieren vender, el Brasil que saltó a la cancha del MetLife Stadium es un solo un espejismo del conjunto que hizo vibrar a millones con su estilo hace décadas. La figura de Vinícius Júnior, quizá el único de la actual plantilla que posee esa legendaria chispa en el alma, evitó un tropiezo mayor al marcar un golazo para empatar las acciones en el minuto 31, cuando todo apuntaba a un naufragio.
La visible ansiedad en el terreno de juego, las constantes pérdidas de balón en zonas de transición y la llamativa falta de profundidad en ataque son señales que jamás se hubieran esperado en un equipo que ose jugar con la 'verdeamarela'. Desde 2002, Brasil apenas ha acudido a semifinales una vez (para recibir un 7-1 humillante) y pasa más vergüenzas que alegrías.
Es tan desesperada la situación, que el entrenador es Carlo Ancelotti, un sabio del fútbol, un ganador en el banquillo de los clubes, pero lejísimos del estilo tradicional de un país que hace rato no sabe cómo ganar en su ley. Y, quizás, tampoco sepa cómo ganar bajo la ley de Carletto, porque fue espeluznante que Brasil recurra a la infracción reiterada para detener el circuito ofensivo marroquí.
En todo caso, y como lo dijo el mismo Ancelotti, que dirige mientras masca chicle como si rumiara las ideas para resolver el dilema de cómo jugar mejor, el Mundial no se gana en el primer partido. A ver qué pasa.
En otro partido, Haití hizo méritos para empatar a Escocia, pero no alcanzó. Fue un duelo más parejo de lo que se esperaba, pero no fue absolutamente ninguna novedad que Ricardo Adé se haya lucido. ¡Ajá! esta es la prueba irrefutable de que el haitiano, que este año ha jugado de manera horrenda en Liga de Quito, en realidad se estaba cuidando para el Mundial.
A pesar de su gran actuación, Adé no pudo evitar que Escocia alcance su primer triunfo en un Mundial a los 36 años.
Mientras tanto, la FIFA sigue esmerándose en su ineficacia y resulta que, en las ruedas de prensa, no existen suficientes traductores en español. Sí, el torneo más costoso de todos los tiempos no puede ofrecer servicio de traducción en el idioma que habla el 17% de los participantes y millones de fanáticos. ¡Ah, de la FIFA ya no se espera nada, y de todos modos decepciona!
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