Mundial, día 34: España hizo su revolución del 14 de julio, borró a Mbappé y dejó a Francia sin final
Los 'bleus' del DT Didier Deschamps fueron un sorprendende desastre en la semifinal, mientras que la Roja de Luis de la Fuente impuso su estética y su control de la pelota.

Composición con un retrato de Kylian Mbappé, de Francia, y festejos de los jugadores de España.
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EFE
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En el trigesimocuarto día del Mundial, una ultracolectiva España se ha metido en la final tras vencer con autoridad por 2-0 a una Francia que cayó porque no aparecieron sus magníficas individualidades. Ni Mbappé ni Olise ni Dembélé ni Barcola ni Doué. Ninguno pudo contra los españoles, que hicieron su propia revolución estética del 14 de julio, pero en Arlington.
España, al mano del DT Luis de la Fuente, no siempre luce, es verdad. Pero siempre gana. Siempre es mejor. Este esquipo sin estrellas (con la excepción de Lamine, su único rockstar) solamente ha recibido un gol en el Mundial y jamás se ha visto superado en el juego porque, simplemente, se queda con la pelota.
Sin embargo, se esperaba que los cracks franceses sí pudieran plantear problemas a la Roja, que esta semifinal fuera pareja, peleada, con pronóstico de alargue. Pero pasó lo increíble: los 'bleus' del DT Didier Deschamps fueron un sorprendende desastre, comenzando por la infracción penal que comete Lucas Digne, que se disfrazó de Kunti Caicedo para derribar a Lamine de la manera más impensable y condicionar todo el cotejo.
Dembélé estuvo sumamente impreciso y, muy a su pesar, entra en la lista de una peculiar maldición: nunca una selección se consagró campeona del Mundial con el vigente Balón de Oro entre sus filas.
Y Mbappé fue el monumento a la frustración, vigilado y estorbado, sin apenas opciones de disparar o de dar recorrido a sus compañeros. Si ante Paraguay Mbappé dijo todo airado que Francia era capaz de bajar al lodazal que propuso el rústico equipo de Gustavo Alfaro, ante España no hubo capacidad de hacer lo contrario, de ser estéticos y brillantes.
Así, España demuestra que ha heredado los principios del histórico tiki-taka de 2010 (protagonismo con la pelota, presión tras pérdida y triangulaciones), pero al estilo De la Fuente, con una dosis letal de verticalidad y agresividad por las bandas con jugadores desequilibrantes.
Y que España logre el boleto a la gran final con un fútbol que busca el arco rival y el juego de posesión es más que un mérito: proponer e intentar mandar con la pelota sigue siendo el camino más artístico en estos tiempos de exagerado pragmatismo en el fútbol.
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