El Elysian Park de Los Ángeles, el rincón ecuatoriano donde se juega ecuavoley desde 1963
Cada sábado, alrededor de 50 migrantes ecuatorianos convierten el Elysian Park de Los Ángeles en un espacio donde la gastronomía, las bromas y, sobre todo el ecuavoley mantienen viva una tradición iniciada por un grupo de ambateños en 1963.

Los '50's Boys', un grupo de migrantes ecuatorianos que juega Ecuavoley en el Elysian Park de Los Ángeles.
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Felipe Larrea / PRIMICIAS
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DESDE LOS ÁNGELES. Antes de escuchar el golpe seco de la pelota contra las manos, el Elysian Park en Los Ángeles conquista por el olfato. El aroma del encebollado recién servido o del seco de chivo, la fritada, el ceviche y las empanadas es inconfundible.
Por unos instantes, cuesta creer que se está en el corazón de Los Ángeles. El movimiento recuerda más a una plaza de Ambato, Quito o Guayaquil que a uno de los parques más tradicionales de California, que además tiene al estadio de los Dodgers de béisbol a pocos metros de distancia.
A medida que el camino asciende, el ambiente cambia. Los olores dejan paso a las voces. Se escuchan risas, gritos, bromas y uno que otro reclamo propio de cualquier partido disputado entre amigos.
Al fondo aparece una cancha rodeada de ecuatorianos. Allí, cada sábado, desde las 09:00 hasta 14:00, el tiempo parece haberse detenido. Nada más importa que reírse entre amigos, tomar una cerveza y, sobre todo, que la pelota pase la red.
En esa cancha se juega ecuavoley, pero alrededor de ella se conserva mucho más que un deporte. Se mantiene viva una costumbre que comenzó hace más de medio siglo, cuando un pequeño grupo de ambateños convirtió este parque en su punto de encuentro para sentirse un poco más cerca de casa.
Hoy la comunidad reúne a cerca de 50 migrantes provenientes de distintas ciudades de Ecuador. Se hacen llamar '50's Boys' y muchos de ellos llevan décadas encontrándose en el mismo lugar.
Algunos llegan a competir en los campeonatos; otros simplemente van a conversar, compartir un plato de comida o mirar los partidos desde la sombra.
A un costado de la cancha, sentados en una banca, observan cada jugada Patricio Cevallos y José Pérez. Son los guardianes de la memoria del parque.

Patricio llegó a Estados Unidos en 1963. Permaneció cinco años en la Marina estadounidense y, cuando terminó su servicio, alguien le habló de un grupo de ecuatorianos que se reunía a jugar voleibol en Elysian Park. "Nunca había jugado vóley en Ecuador. Yo jugaba básquetbol y fútbol", recuerda entre risas.
Cuando apareció por primera vez, en 1970, apenas había suficientes personas para completar un partido. "Yo diría unas 10 personas. Todos éramos ecuatorianos".
Aquellas reuniones eran sencillas. Las apuestas existían, pero eran simbólicas. "Apostábamos USD 1 o 2, no más de eso", confiesa en una entrevista con PRIMICIAS.
Con el paso de los años la comunidad comenzó a crecer. Patricio calcula que fue a partir de la década de 1990 cuando el parque empezó a recibir cada vez más compatriotas hasta convertirse en el punto de encuentro que es hoy.

Lo que nunca cambió fue el sentido de pertenencia. "Esto es mejor que estar en un parque de Ecuador. Aquí conversamos, jugamos, nos insultamos, nos respetamos. Hacemos deporte de toda clase. Este parque es reconocido como el parque de los ecuatorianos".
La frase resume el espíritu del lugar. En la cancha abundan las discusiones por una pelota dudosa, los desafíos entre equipos y las pequeñas apuestas que hoy suelen ser de USD 10 o 20. Pero cuando termina el partido, todos vuelven a ser los amigos de siempre.
"Ya nos conocemos desde hace muchos años", dice Patricio, muy emocionado, mientras observa un nuevo encuentro.
A su lado, José Pérez interviene para completar la historia. "Patricio y yo fuimos los primeros campeones que hubo aquí en este parque". Lo dice con el orgullo de quien fue testigo del nacimiento de una tradición que sigue viva más de cinco décadas después.

Los jugadores cambian. Algunos llegan por primera vez; otros ya no pueden entrar a la cancha y prefieren mirar desde afuera.
Pero hay algo que no se negocia. El ritual permanece intacto: la comida ecuatoriana recibe a los visitantes, las redes se instalan temprano y el ecuavoley junta a una comunidad que encontró en este rincón de Los Ángeles una forma de no perder sus raíces.
Y es que en Elysian Park no solo se juega un deporte. Cada sábado, durante unas horas, Ecuador vuelve a existir a miles de kilómetros de su territorio. Y mientras haya alguien dispuesto a servir un encebollado, tender una red o lanzar la primera pelota al aire, esa historia seguirá escribiéndose.
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