De atajar en El Nacional a repartir comida en Uber en Nueva Jersey: la nueva vida de Danny Cabezas
Danny Cabezas Vera salió de Ecuador en junio de 2023 gracias a una invitación de Javier Chila, quien le ofreció trabajar en su escuela de fútbol en Nueva Jersey. Hoy, el exarquero ecuatoriano, quien pasó por clubes como El Nacional o Liga de Portoviejo reparte comida por Uber Eats y también juega los fines de semana.

Danny Cabezas durante un partido amateur en Estados Unidos, en 2026.
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DESDE NUEVA JERSEY. A las 17:30, cuando muchos trabajadores regresan a casa después de su jornada laboral, Danny Cabezas apenas comienza una nueva parte de la suya. Minutos antes recorrió las calles de Nueva Jersey entregando pedidos de comida para Uber Eats.
A partir de ese momento, cambia el volante por los conos, los balones y los silbatos. Durante tres horas entrena niños en escuelas de fútbol, transmitiéndoles la misma pasión que durante décadas lo acompañó en los estadios de Ecuador.
Pasaron casi tres años desde que el exarquero ecuatoriano tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar atrás su país, su carrera y gran parte de su familia para empezar de cero en Estados Unidos.
"No lo dudé", recuerda. Pero admite que, si bien durante mucho tiempo le dio vueltas a la idea, se inclinó por una oportunidad que llegó desde Nueva Jersey. Su excompañero Javier Chila le ofreció trabajar en una escuela de fútbol. Danny acababa de finalizar su carrera como futbolista y también sus estudios como entrenador. Era el momento de cerrar una etapa y abrir otra.
Su trayectoria en Ecuador fue extensa. Defendió el arco de equipos como El Nacional, el club de sus amores, además de Liga de Loja, Liga de Portoviejo, Mushuc Runa y otros clubes de Segunda Categoría. Como muchos futbolistas, vivió alegrías, derrotas, viajes y sacrificios.
Sin embargo, cuando la carrera terminó, apareció una pregunta que persigue a cientos de deportistas retirados: ¿Qué hacer después? La respuesta para él estaba a más de 4.000 kilómetros de distancia.
Una jornada que arranca temprano
Hoy su rutina está lejos de los entrenamientos profesionales y las concentraciones previas a un partido.
Durante el día trabaja con aplicaciones de reparto. Recorre kilómetros en auto y lleva comida de un lugar a otro. Después, en las tardes, dirige entrenamientos en distintas escuelas de fútbol ubicadas en ciudades como Orange y Kearny.
Y los fines de semana vuelve a ponerse los guantes, porque, aunque se retiró oficialmente, el fútbol se resiste a abandonarlo.
Juega en equipos de la zona de Nueva York y Nueva Jersey, participa en torneos amateurs y semiprofesionales y, en ocasiones, los partidos representan un ingreso adicional importante para la economía familiar. "Entre los dos días te puedes sacar USD 700, 800, 900 o hasta 1.000".
A sus 41 años todavía compite con futbolistas mucho más jóvenes. Hace poco disputó la Delaware Super Cup, uno de los torneos más exigentes de la región. Contra todo pronóstico, fue titular en todos los encuentros.
Y bromea al recordar cómo algunos compañeros, todos latinos, se referían hacia él en sus primeras apariciones en la cancha, al ser uno de los mayores en edad: "El de bastón".
El país donde todo depende del trabajo
Para Danny, Estados Unidos es un lugar donde las oportunidades existen, pero no llegan solas. "Acá vives como quieres vivir", explica en una entrevista con PRIMICIAS, después de terminar su jornada de trabajo cerca del Branch Brook Park, en Newark.
La frase se ha convertido en una especie de filosofía personal. Si alguien quiere mantener un nivel de vida elevado, está obligado a trabajar muchas horas. Si aspira a una vida más sencilla, puede organizar mejor sus tiempos. Todo depende del esfuerzo.
Las cuentas nunca dejan de llegar: alquiler, gasolina, internet, alimentación, seguros. Por eso considera indispensable llegar con una oportunidad laboral definida.
"Siempre les digo a los compañeros que si tienen algo seguro, que vengan. Pero si no tienen nada seguro, mejor que no lo hagan".
Lo dice desde la experiencia de quien logró encontrar estabilidad desde el primer día. Apenas aterrizó en Nueva Jersey comenzó a trabajar en la escuela de fútbol que le abrió las puertas.
Sin embargo, reconoce que el proceso de adaptación no es sencillo. En ciudades construidas para los automóviles, tener un auto deja de ser un lujo y se convierte en una necesidad. Entre el trabajo, la escuela de sus hijas y las actividades familiares, el auto es prácticamente una extensión de su hogar.
El fútbol como refugio
Aunque vive lejos de Ecuador, para Danny Cabezas Vera el fútbol sigue conectándolo con sus raíces.
Los fines de semana se encuentra con viejos conocidos. Exfutbolistas ecuatorianos que, al igual que él, emigraron buscando nuevas oportunidades. En las canchas de Flushing, Nueva York, comparte conversaciones y recuerdos con nombres que durante años recorrieron el fútbol nacional.

Allí están John García, el 'Cholo' Quiroz, el 'Pichón' Quintero, 'Pepe' Cortés o 'Vampeta' Caicedo. Se saludan, conversan y recuerdan anécdotas de una época en la que sus preocupaciones eran los entrenamientos y los partidos del domingo. "Eso es lo que te deja el fútbol: las amistades".
También observa una tendencia cada vez más frecuente: exjugadores que deciden dejar Ecuador para instalarse en Estados Unidos.
Según cuenta Cabezas, las razones son múltiples. La inseguridad, la situación económica y la falta de oportunidades para futbolistas mayores de 30 años terminan empujando a muchos a buscar nuevos horizontes. "Prácticamente ya los están retirando", afirma.
Lo que más duele de la distancia
Si hay algo que Danny no ha podido reemplazar en Estados Unidos es la cercanía de su familia.
Extraña a su madre, a su padre, a sus hermanos y a una de sus hijas, que permanece en Ecuador. También echa de menos la comida manabita que conoció durante los años que vivió en Portoviejo junto a su esposa. Hay días en que la nostalgia aparece sin previo aviso.
Pero cuando eso ocurre, vuelve a mirar a quienes tiene cerca. Su esposa y sus hijas pequeñas, quienes son la principal razón por las que decidió emprender esta nueva aventura en Estados Unidos.
Y aunque sueña con regresar algún día a Ecuador, primero quiere que ellas construyan un futuro sólido.
El hombre que aprendió a valorar el tiempo
Quizá el mayor cambio para el futbolista no ha sido profesional ni económico. Ha sido personal. Hoy disfruta y ve la vida de una manera distinta.
Danny reconoce que en Ecuador muchas veces no podía compartir tanto tiempo con su familia. El ritmo del fútbol profesional lo mantenía lejos de casa. Ahora procura estar presente en cada detalle: llevar a sus hijas a la escuela, recogerlas al terminar las clases, salir a comer o simplemente acompañarlas.
Estados Unidos le enseñó algo que considera fundamental: no puede permitirse rendirse. "Si te dejas caer, atrás tuyo dependen muchas personas".
Por eso sigue trabajando, entrenando y jugando. Porque entiende que su esfuerzo tiene un propósito mucho más grande que él mismo.
El sueño que todavía sigue vivo
Cuando habla del futuro, Danny no menciona regresar a las canchas como jugador. Su mirada apunta hacia otro lugar.
Quiere obtener las licencias de entrenador en Estados Unidos y formar parte de un cuerpo técnico de manera permanente. Sueña con seguir formando niños, enseñándoles lo que aprendió durante años bajo los tres palos.

La formación infantil es, quizá, la pasión que encontró después del retiro. Le entusiasma preparar entrenamientos para niños de cinco, seis o siete años. Ver cómo mejoran y cómo descubren el fútbol por primera vez. Es ahí donde encuentra sentido a esta nueva etapa.
Lo cierto es que Danny Cabezas atraviesa una etapa distinta de su vida, pero no menos satisfactoria. Ya no ataja balones frente a miles de espectadores. Ahora el objetivo es sobrellevar las dificultades de la migración, los desafíos económicos y la nostalgia de vivir lejos de casa.
Y mientras lo hace, continúa construyendo, paso a paso, una nueva victoria para su familia en las calles de Nueva Jersey.
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