La segunda vida de Pietro Marsetti en Estados Unidos: fútbol, migración y reinvención
Jugó en la selección ecuatoriana en otra época del fútbol. Hoy, en Pensacola, Estados Unidos, reconstruye su vida lejos de las canchas, con disciplina y sin nostalgia. Esta es la historia de migración de Pietro Marsetti.

Pietro Marsetti, exjugador de Liga de Quito, hoy migrante en los Estados Unidos. Parte de su tiempo libre lo dedica a recorrer varios lugares, como las cataratas del Niágara.
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NUEVA YORK. Se levanta a las seis de la mañana. Prepara un batido de plátano, se viste con ropa de trabajo y sale a caminar con su bulldog francés durante media hora. Luego regresa, deja comida y agua para su perro y se dirige a la oficina. Su jornada, que empieza temprano y termina cerca de las 16:30, transcurre entre tareas de mantenimiento en concesionarios de autos, revisiones y pendientes que debe resolver con precisión. Así es hoy la rutina del ecuatoriano Pietro Marsetti en Estados Unidos.
El trabajo llegó por recomendación de un amigo. “En este país muchas oportunidades siguen dependiendo de contactos cercanos”, dice. Su rol consiste en asegurar que los espacios donde se venden autos estén en buenas condiciones. No es un oficio improvisado, sino uno que exige responsabilidad constante, capacidad de resolver y orden en los procesos.
Antes de esa rutina, hubo otra vida. Marsetti fue mediocampista, seleccionado ecuatoriano y parte de una generación que sostuvo el fútbol del país cuando aún no era industria. Con Ecuador disputó partidos internacionales y marcó goles; en clubes, su etapa más extensa estuvo en Liga de Quito, donde acumuló más de 200 partidos, decenas de goles y un título nacional en 1990. Ese recorrido lo ubica en un momento del fútbol ecuatoriano donde el reconocimiento existía, “pero no garantizaba el futuro”.
Hace seis años dejó Ecuador. No era parte de sus planes. “Nunca había pensado siquiera en salir de Quito”, pero la combinación de ingresos insuficientes y el contexto de la pandemia empujó la decisión. La migración, en su caso, no fue una apuesta aventurada, sino una salida calculada ante una realidad económica que ya no alcanzaba.
Llegó con una oportunidad concreta. Un amigo lo recibió en Carolina del Sur y le ofreció un trabajo nocturno, físico, exigente. La condición fue directa: si resistía, podía quedarse. Ese primer empleo, en un entorno donde la mayoría hablaba español, marcó el inicio de su adaptación en un país donde el idioma era una barrera inicial.
Económicamente empezó desde cero. Incluso salió de Ecuador con un préstamo. Reconoce errores, especialmente al prestar dinero a conocidos, pero también identifica las herramientas que le permitieron sostenerse: disciplina, carácter, persistencia y una forma de trabajar heredada tanto del deporte como de su familia.

“El fútbol no me dejó ningún vacío. Fue una etapa que disfruté plenamente y que no siento incompleta”. Hoy encuentra una satisfacción similar en su trabajo diario. Esa continuidad emocional, más que una ruptura, define su transición fuera de la cancha.
La gloria del fútbol y luego el anonimato
En Estados Unidos, su pasado en el fútbol no es evidente. Solo aparece cuando él lo cuenta. No le otorga más peso que el necesario.
“Cuando digo que fui futbolista profesional y que estuve en la selección, la gente se sorprende. En realidad aquí soy uno más. Eso es normal”.
Pietro Marsetti, exfutbolista ecuatoriano, migrante en Estados Unidos
Sobre la selección, no enumera partidos ni estadísticas. Prefiere una idea más directa: representar a Ecuador fue “lo mejor” que le pudo pasar. Para él, ser convocado implicaba haber cumplido con sacrificios, disciplina y rendimiento sostenido, hasta alcanzar un nivel que lo pusiera en el radar de torneos importantes.
Dejó el fútbol hace más de dos décadas. En ese momento contaba con un negocio que le permitió cierta estabilidad. Más adelante trabajó enseñando fútbol y luego en la fábrica familiar. Fue el cierre de ese ciclo lo que terminó empujándolo a salir del país. La migración no fue inmediata tras el retiro, sino el resultado de varios cambios acumulados.

El final del fútbol llegó sin ceremonia. En 2002, después de no conseguir equipo, tocó la puerta de Universidad Católica, el club que le había abierto el camino al profesionalismo. Acordó jugar en la Serie B. Ya conocía esa categoría por su paso por Delfín en 2000. Pero algo había cambiado. Volvía a entrenar, pero ya no encontró motivación.
“Comencé a sentir que uno va recogiendo los pasos”. La frase resume ese momento. Habían pasado dos décadas y muchas cosas, desde su perspectiva, no habían cambiado. Al finalizar ese año entendió que la motivación ya no era la misma. Decidió detenerse.
El dinero que se escapó y un proceso de cambio
Recuerda su época como futbolista en Ecuador como un tiempo de competencia intensa y compromiso genuino. Los aspectos económicos, aunque presentes, no eran el centro. “Existían también dificultades, como retrasos en pagos y tensiones con dirigentes, que marcaban el entorno”, comenta.
Reconoce que el fútbol le dio estabilidad en su momento, pero no una base duradera. Como muchos jugadores de su generación, no planificó a largo plazo. El dinero se fue en el presente. Hoy habla de ese proceso sin dramatismo, como parte de un aprendizaje que lo llevó a reinventarse.
Hoy, en Pensacola, Florida, sigue conectado al fútbol. Los martes, de 19:00 a 20:00, participa con dos amigos en el programa online WNN GOLIN Ecuador, donde comenta la actualidad de los equipos capitalinos. Es una forma de mantenerse cerca de ese mundo que todavía le interesa, pero que ya no define su vida diaria.
Su presente lo resume en una idea simple: seguir creciendo. Trabaja, aprende y acumula experiencia para lo que venga. Cuando piensa en el futuro, no habla de recuperar el pasado, sino de sostener lo que ha construido. En esa forma de avanzar, sin nostalgia excesiva, se sostiene su historia.
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