Peces deformes, niños con ronchas y muertes, así cambió la vida en Capirona, por la minería ilegal en Napo
Capirona es una comunidad amazónica de la provincia de Napo, con unos 300 habitantes, asentada a orillas del río Puní, que desde 2023 vive en medio de la contaminación por la minería ilegal.

Galo Villamil, miembro de la comunidad de Capirona, en Tena, junto al río Puní, contaminado por la minería ilegal, 15 de enero de 2026.
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PRIMICIAS.
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Redacción Primicias
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Capirona es una pequeña comunidad Kichwa amazónica, de 300 personas, agrupadas en 59 familias, asentadas a las orillas del río Puní, en Tena (Napo).
Quienes crecieron en este pedazo de la selva recuerdan haber crecido pescando hasta con las manos las "carachamitas", siempre fáciles de capturar porque el río Puní tenía unas aguas tan transparentes que bastaba con meter las manos.
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La carachama, un pez amazónico, fue durante años parte de la dieta de las familias de Capirona. Sin embargo, desde hace tres años ya no se consume la que habita en el río Puní, debido a la contaminación del agua provocada por la minería aluvial para la extracción de oro que se realiza aguas arriba, según relatan los habitantes.
Y recién este lunes 2 de febrero de 2026, el Gobierno de Daniel Noboa reconoció que Napo enfrenta problemas de contaminación en sus ríos y dispuso la suspensión de la actividad minería por tiempo indefinido.
Para Capirona, sin embargo, la medida del Gobierno llega tarde. Líderes comunitarios reportan la muerte de dos personas y creen que los fallecimientos estarían relacionados con el consumo de agua del río Puní.
Por la contaminación con metales pesados, esta comunidad tampoco se baña en las aguas del río Puní, según el colectivo Napo Ama la Vida.

El río Puní ahora trae muerte a Capirona
Cuando el río Puní comenzó a llegar de color oscuro, más o menos en 2023, la comunidad pensó que era por la crecida, y todos esperaban que pronto vuelva a ser como antes, transparente, pero eso no ocurrió, recuerda Galo Villamil, miembro de la comunidad.
Luego comenzaron a aparecer casos de niños con ronchas tras bañarse en el río y también había personas con dolores abdominales con más frecuencia. Incluso se comenzaron a encontrar peces con deformidades.
Casi un año después de eso ocurrió la primera gran desgracia: Joana Ashanga, de 22 años y su sobrino Ville Ashanga, de dos años, murieron.
"La familia dice que comenzaron con unos dolores abdominales muy fuertes, como nunca antes. Cuando los llevaron a los doctores dijeron que la causa de muerte fue desconocida, pero nosotros sabíamos que era por el agua contaminada", añade Villamil.
A partir de esas muertes, en Capirona se dejó de pescar en el río, de usar el agua para cocinar o para bañarse. Ahora el Puní solo sirve para transportarse en canoas.
La comunidad se levantó con fuerza
En lugar de tener miedo, la comunidad se levantó con fuerza, tomaron sus lanzas y fueron hasta la alcaldía de Tena a exigir soluciones, recuerda Villamil.
La respuesta del Municipio fue donar 44 tanques de agua que no alcanzaban para las 59 familias. El resto de tanques los consiguió la comunidad de donaciones privadas.
Parece mentira que una comunidad de la Amazonía, en donde abundan los ríos y ven al agua como un espíritu que los acompaña desde que nacen, ahora tenga que recibir agua de un tanquero, dice Villamil en medio de lágrimas de indignación.

El río ya no alimenta a sus "hijos"
Para los padres es duro tratar de hacer entender a sus hijos —que siempre jugaron y nadaron en el río, que ya no pueden hacerlo— porque ahora es peligroso, por la contaminación que deja la minería, dice Linda Tapuy, líder de la comunidad.
Hasta la forma de conseguir alimento ha cambiado, dice. Al relatarlo a los visitantes, deja ver que todavía le resulta difícil creerlo.
"Acá ahora viene un pescadero, imagínese, nos traen pescados de la Costa. ¡Cuándo íbamos a pensar que aquí, que siempre comimos de nuestro río íbamos a tener que comprar pescado de otros lados!".
"El río para nosotros siempre fue como nuestra madre, la que nos da los alimentos"
Linda Tapuy, líder de la comunidad de Capirona.
Cuando chica, Tapuy recuerda que alguna vez le advirtieron: "hay que cuidar el agua, porque algún día va a faltar". No creyó que viviría para ver convertirse esa advertencia en una realidad.
Otro problema es que en los alrededores de la comunidad ya todos saben que en Capirona el agua está contaminada y ahora resulta cada vez más difícil vender los productos que cultivan cerca del río, como la yuca y el plátano.
Quienes salen a vender "dejan casi regalando los productos, para sacar unas moneditas para el pasaje, para comprar pescado o huevitos", dice Tapuy.
Capirona se opuso a la minería, ahora paga por otros
La contaminación que vive Capirona ocurre pese a que las 59 familias de la comunidad no han permitido que ingresen mineros ilegales a la zona, tampoco empresas formales.
"Acá vinieron dos hombres, grandotes, a querer hablar conmigo, pero como yo sabía que era para que dejemos entrar la minería, dije que no, ni los recibí", recuerda Tapuy.
Pero río arriba hay minería ilegal desde hace tiempo.
Según un reporte publicado por la organización Eco Ciencia, entre enero de 2017 y diciembre de 2022, se identificaron cuatro hectáreas afectadas por actividades mineras ilegales en la zona Puní-Cotona-Arajuno. Pero para 2024 ya había 112 hectáreas con actividad minera ilegal.
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