Abelardo de la Espriella, el 'Tigre' que asume la Presidencia de una Colombia que salta al vacío
Abogado, confrontador, sin experiencia en el sector público y convertido en figura de la nueva derecha, Abelardo de la Espriella asume el 7 de agosto la Presidencia de Colombia.

Composición del Congreso de Colomba y un retrato de Abelardo de la Espriella.
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EFE y AFP
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El 7 de agosto de 2026, Abelardo de la Espriella cruzará el umbral de la Casa de Nariño como el presidente número 44 de Colombia. Su llegada rompe varias tradiciones de la política colombiana, pues nunca ocupó un cargo de elección popular, jamás administró una entidad estatal y construyó su candidatura al margen de los partidos que dominaron la derecha durante las últimas décadas.
El triunfo de Abelardo de la Espriella representa el ascenso de un fenómeno mediático que se alimentó del desgaste del gobierno del progresista Gustavo Petro, del temor a la inseguridad y de una campaña que hizo de la confrontación su principal combustible.
A diferencia de otros dirigentes que buscaron moderar su discurso para conquistar el centro político, De la Espriella apostó por el extremo puro. Se presentó como el antagonista absoluto del petrismo y convenció a millones de colombianos de que el país necesitaba una ruptura antes que una reconciliación. Esa estrategia, que muchos consideraron riesgosa, terminó por convertirlo en el principal referente de la nueva derecha colombiana.
Su movimiento, Defensores de la Patria, nació en julio de 2025 bajo la bandera del nacionalismo conservador, que tiene al estadounidense Donald Trump como su máximo referente. En pocos meses pasó de ser una organización sin estructura nacional a convertirse en la plataforma que capitalizó el voto antipetrista.
Las encuestas comenzaron a ubicarlo como el candidato con mayores posibilidades de enfrentar al sucesor político de Petro y su crecimiento no volvió a detenerse.
La primera vuelta confirmó ese ascenso. La segunda certificó que la polarización era la fórmula electoral ideal para el triunfo. De la Espriella derrotó por un estrecho margen al izquierdista Iván Cepeda sin modificar el tono de sus intervenciones, sin suavizar sus propuestas y sin abandonar el estilo que lo hizo famoso durante dos décadas como abogado y figura mediática.
El 'Tigre' que nació en los tribunales
Abelardo de la Espriella nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, aunque su historia personal se forjó en Montería, capital del departamento de Córdoba. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda y en 2002 fundó De la Espriella Lawyers, un despacho jurídico que con el tiempo abrió oficinas en Bogotá, Barranquilla, Medellín y Miami.
Antes de convertirse en candidato presidencial, ya era uno de los abogados más conocidos del país. Su carrera se desarrolló entre litigios de alto impacto, clientes famosos y una permanente presencia en los medios de comunicación.
Abelardo de la Espriella comenzó a ser ampliamente conocido como 'El Tigre' a finales de 2025, de manera masiva y pública, tras el lanzamiento de su campaña presidencial. El apodo lo usaba en realidad desde 2020, cuando empezó a escribir una columna titulada "El Tigre del Ubérrimo".
Defendió a artistas, empresarios, militares y dirigentes políticos. También asumió casos que dividieron a la opinión pública. Entre ellos figuraron Álex Saab, señalado como operador financiero del régimen venezolano, y David Murcia Guzmán, creador del esquema ilegal DMG.
Sus críticos utilizaron esos expedientes para cuestionar su independencia política, pero Abelardo de la Espriella respondió que un abogado no comparte las conductas de sus clientes y que toda persona tiene derecho a una defensa técnica.
Su trayectoria también incluye procesos que marcaron la legislación colombiana en materia de violencia contra las mujeres, al representar a víctimas cuyos casos impulsaron reformas legales.
Esa mezcla de litigios controvertidos y causas emblemáticas construyó una imagen difícil de clasificar. Para unos, fue un defensor brillante. Para otros, solo era un abogado dispuesto a asumir cualquier batalla con tal de figurar. Y así nació la idea de crear un personaje más allá de los tribunales.
El empresario que se volvió un dandi
Fuera de los juzgados, De la Espriella desarrolló una imagen poco común entre los dirigentes colombianos. Empresario, cantante ocasional y propietario de diversas marcas, cultivó una estética sofisticada, con residencias en Italia y Estados Unidos, automóviles de lujo y una presencia constante en redes sociales. Se volvió un dandi.
Además, se presentó como un hombre que construyó su patrimonio sin depender del Estado y utiliza esa narrativa para sostener que no mantiene compromisos con las élites económicas ni con los grandes grupos políticos de Colombia.
Durante la campaña reforzó otra dimensión de su relato personal. Después de haberse declarado ateo años atrás, aseguró que recuperó la Fe y afirmó que el cristianismo constituye uno de los pilares de su proyecto político. Esa transformación coincidió con un discurso que reivindica la familia tradicional y sitúa la religión como un elemento central del orden social, otro elemento que comparte con Trump.
La nueva derecha colombiana
Aunque reconoce la influencia del expresidente Álvaro Uribe en su visión sobre la seguridad y cero tolerancia para los grupos insurgentes, De la Espriella no pretende convertirse en una simple prolongación suya.
Admira la política de seguridad con mano dura, pero incorpora elementos de una derecha más reciente y más internacional, llamada "ultraderecha" por sus detractores. Ha expresado simpatía por Donald Trump, quien incluso manifestó públicamente su respaldo durante la segunda vuelta presidencial. También ha elogiado el modelo penitenciario de Nayib Bukele y propone construir megacárceles de alta seguridad para enfrentar al crimen organizado.
Su propuesta de seguridad constituye el eje de su programa. Abelardo de la Espriella plantea recuperar la aspersión aérea contra los cultivos ilícitos, fortalecer las Fuerzas Armadas con apoyo de Estados Unidos e Israel, crear un bloque especializado para capturar a los jefes de las redes de extorsión y prohibir la importación de insumos destinados a producir fentanilo.
Durante la campaña describió la situación del país como una "pandemia de inseguridad" y prometió combatir al narcotráfico "por la razón o por la fuerza", siempre dentro del marco constitucional.
En política exterior anunció que no restablecerá relaciones diplomáticas plenas con el gobierno venezolano mientras no existan elecciones democráticas, y que romperá relaciones con Cuba y Nicaragua, las dos dictaduras de izquierda de la región. También defendió una alianza estratégica con Washington como pieza fundamental de la lucha contra el crimen transnacional.
En economía propone reducir impuestos, eliminar el gravamen del 4x1000, disminuir el tamaño del Estado y reactivar la firma de nuevos contratos de exploración petrolera, en abierta oposición al modelo impulsado por Petro.
El rey de la controversia
La controversia nunca constituyó un obstáculo para De la Espriella. En muchos casos fortaleció su exposición pública.
Su historial de acciones judiciales contra periodistas despertó críticas de organizaciones como la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que advirtieron sobre un posible uso del sistema judicial para intimidar voces críticas.
Según investigaciones periodísticas, entre 2008 y 2019 presentó más de un centenar de denuncias por injuria y calumnia, muchas de las cuales terminaron archivadas.
Durante la campaña también enfrentó cuestionamientos por episodios considerados machistas. Un intercambio con la periodista María Lucía Fernández en Noticias Caracol y otro incidente durante una entrevista en el programa Piso 8, donde realizó comentarios de connotación sexual, provocaron una ola de críticas. Posteriormente ofreció disculpas públicas.
Sin embargo, ninguna de esas controversias alteró de manera significativa su crecimiento electoral. En una época dominada por las redes sociales y la confrontación permanente, la exposición mediática de Abelardo de la Espriella terminó por reforzar su presencia en la conversación pública.
El abogado acostumbrado a ganar batallas en los estrados ahora deberá administrar un país profundamente dividido, negociar con un Congreso plural, demostrar que el liderazgo construido alrededor del conflicto también puede producir estabilidad y, sobre todo, que su Presidencia no constituye un salto al vacío, como muchos temen en Colombia.
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