El horror talibán, que permite el matrimonio infantil por debajo de los nueve años, arrecia con detenciones a mujeres que 'violan' reglas de vestimenta
Afganistán, el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido estudiar después de los 12 años, ha incrementado las detenciones de mujeres por el código de vestimenta, según informes de la misión de la ONU en ese país, un territorio donde el 80% de las afganas han sido expulsadas del mercado laboral y donde hasta tienen vetado escuchar música.

Afganas, con sus hijos en brazos, caminan en una zona inundada del distrito de Argo, en Afganistán, el 3 de mayo de 2026.
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AFP
Autor:
Trinidad Deiros Bronte
Actualizada:
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Una de las escasas ventanas al mundo aún al alcance de los afganos y, sobre todo, de las afganas —las redes sociales— llevaban desde hace días alertando de que en una provincia occidental de Afganistán, Herat, muchas mujeres estaban siendo detenidas tras ser acusadas de violar el rígido código de vestimenta de los talibanes que gobiernan el país, que las obliga a cubrirse de la cabeza a los pies. Un video, difundido por una mujer, según el activista Jahanzib Wesa, mostraba a otra afgana bajo una especie de sábana mientras era conducida por agentes de la policía de la moralidad a una de las furgonetas blancas que suele usar ese cuerpo. El diario digital Hasht-e Subh informó luego de que entre 40 y 50 mujeres habían sido arrestadas de esa manera. Otros medios reducían esa cifra a una veintena. Todos coincidían en que las afganas detenidas iban completamente cubiertas.
La misión de Naciones Unidas en Afganistán (Unama) ha confirmado este lunes en redes sociales la veracidad de estas detenciones, motivadas por supuestas violaciones de los requisitos de vestimenta de los fundamentalistas que gobiernan el país desde agosto de 2021. Por ejemplo, no llevar la cara tapada. Poco después, Hasht-e Subh ha publicado un desmentido de las autoridades de los talibanes en Herat negando los arrestos y calificándolos de “rumores”, cuando ya tanto la misión de la ONU en Afganistán como numerosos usuarios de las redes sociales habían criticado las detenciones.
La Unama no ha dado cifras de cuántas afganas han acabado entre rejas por su atuendo. Solo ha expresado en dos breves mensajes “su preocupación” por las detenciones y recordado a los fundamentalistas que todas las personas tienen derecho a la libertad de movimiento y también a la “igualdad ante la ley”.
Las redadas en Herat se llevaron a cabo tras una advertencia emitida el jueves por el Departamento para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio de los talibanes en esa ciudad. Ese organismo aseguró entonces que las mujeres que aparecieran en público sin cumplir con los requisitos de los fundamentalistas sobre el uso del hiyab, incluidas aquellas que mostraran su rostro o usaran maquillaje, podrían ser arrestadas y encarceladas. Cuando los talibanes se refieren al hiyab —o al “buen” o “mal hiyab”— no aluden solo al velo islámico que cubre la cabeza y el cuello, sino a todas sus reglas de vestimenta.
Aunque el burka aún no es obligatorio, sí es la prenda favorita y la que recomiendan los talibanes para las mujeres al cubrir todo el cuerpo a modo de sábana e incluso los ojos, ocultos tras una especie de rejilla de tela. En Herat, sin embargo, las afganas tradicionalmente utilizan abrigos largos y amplios y un pañuelo que cubre la cabeza y el cuello —al estilo de muchas iraníes o mujeres de países árabes— en lugar de ese burka.
Según la ley de moralidad aprobada por los talibanes en 2024, las afganas pueden teóricamente elegir entre el burka y el tipo de vestimenta citada, siempre que vayan completamente cubiertas, con ropas amplias que no se amolden a su cuerpo y sean negras, pues tienen prohibidos los colores vivos. Deben cubrir también su cara, una exigencia que, en realidad, no recogen las normas religiosas musulmanas, pero que ellos han adoptado para prohibir el “desorden”; es decir, la supuesta incitación al pecado fruto de la excitación sexual que puede a sus ojos causar un rostro de mujer. Muchas afganas cubren sus rasgos con una mascarilla sanitaria o con un pañuelo que deja los ojos al descubierto, algo que, al menos en teoría, es aún legal en Afganistán.
Los talibanes han dado muestras de ver con desagrado esa opción ligeramente menos rigurosa que el burka. Los fundamentalistas ya habían prohibido a las mujeres de Herat el acceso a los servicios públicos en las oficinas gubernamentales si no vestían esa última prenda.
Prohibiciones
Desde 2021, los fundamentalistas han sancionado más de 140 normas, edictos y órdenes para cercenar los derechos de las mujeres en todos los ámbitos. Una de las últimas, el Decreto nº 18, que legaliza el matrimonio infantil, incluso por debajo de los nueve años de edad, se aprobó el pasado 14 de mayo. La norma que ejerce de código penal del país, en vigor desde el mes de enero, legaliza igualmente la violencia machista.

Afganistán es el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido estudiar después de los 12 años. En los casi cinco años de poder de los fundamentalistas que se cumplirán el próximo 15 de agosto, el 80% de las afganas han sido expulsadas del mercado laboral, según un informe reciente de ONU Mujeres. Las afganas tienen prohibido trabajar en la Administración, las fuerzas de seguridad, los bancos, las ONG y las agencias humanitarias de Naciones Unidas. Tampoco como fiscales, jueces o diputadas y ni siquiera pueden regentar salones de belleza ni peluquerías. A las pocas que aún tienen un empleo se les exige que un pariente varón —el mahram o guardián, padre, marido o hermano— las acompañe en el trayecto de ida y vuelta a su trabajo.
El ocio les está igualmente vedado. A la prohibición general de escuchar música se suma la de entrar en parques, jardines, gimnasios, baños públicos, restaurantes y cafés. Tienen vetado igualmente practicar deporte y conducir.
Las consecuencias de lo que Naciones Unidas considera un “apartheid de género” alcanzan además, no solo a sus víctimas directas, sino también a futuras generaciones de afganas. Un informe de abril de Unicef advertía de que, si la prohibición de los talibanes de que las niñas estudien más allá de la enseñanza primaria se mantiene, para 2030 el país podría alcanzar un déficit de más de 25.000 maestras y trabajadoras sanitarias.
En diciembre de 2024, los talibanes eliminaron una de las escasas excepciones a esa prohibición de estudiar y trabajar a las mujeres. Era la que les permitía estudiar medicina o enfermería y también formarse como matronas. En el país asiático, los médicos varones no pueden tratar a mujeres, ni siquiera si están en riesgo inmediato de muerte.
Mientras, se espera que una delegación de los talibanes visite Bruselas este mes de junio, invitados por la Unión Europea a instancias de una veintena de países miembros, entre los que no figura España. La UE aspira a llegar a un acuerdo con los fundamentalistas para expulsar a migrantes de esa nacionalidad, relativamente numerosos en países como Alemania (más de 400.000), uno de los principales promotores de los contactos con los talibanes, que Berlín también mantiene a escala bilateral.
Contenido publicado el 8 de junio de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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