Los ecuatorianos que abrieron el camino a León XIV en un Bernabéu en el que retumbó una frase: "La diversidad puede convertirse en un recurso"
Migrantes ecuatorianos fueron parte de una fiesta de diversidad y pluralidad que planteó el Papa León XIV en su discurso en un estadio Santiago Bernabeu abarrotado por 70 mil fieles, en Madrid. El Pontífice ha hecho un llamado a evitar los refugios ideológicos y sociales donde solo se escucha a quienes piensan igual.

Migrantes ecuatorianos estuvieron presentes en la ceremonia del Papa León XIV en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, este 8 de junio de 2026. Al grupo lo acompañó su párroco, el sacerdote Juan José Arboli (i).
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MADRID. Antes de que el Papa León XIV apareciera en el césped del Santiago Bernabéu, un grupo de migrantes latinoamericanos ya había ocupado su lugar en la gran celebración. Vestidos con trajes tradicionales desfilaron con sus banderas en una de las primeras imágenes de una jornada marcada por la diversidad, precisamente el mensaje que horas después centraría el discurso del Pontífice ante unas 70.000 personas.
Entre ellos estaba Jenny Simbaña, quiteña de 47 años que llegó a España hace 29, cuando apenas tenía la mayoría de edad. Para la ocasión vistió el traje de chola cuencana y formó parte de un grupo de latinoamericanos que recorrió el estadio mostrando las banderas de sus países. Ella, al igual que cada uno de los participantes, fue seleccionada por su parroquia, en este caso San Lorenzo.
"Es una muestra de las distintas culturas que también tenemos nuestra vida parroquial y católica en este país", explicaba emocionada. "Participar para el Santo Padre es un honor. Es una manera de alentar a los hermanos".
La preparación comenzó mucho antes de que se abrieran las puertas del estadio. Ella y el resto de participantes llegaron al mediodía, unas siete horas antes del inicio del encuentro. "Salimos todos en procesión, incluso en el metro", recuerda.
Mientras esperaba el inicio del acto, los recuerdos de su propia historia migratoria también afloraban. Sus padres se separaron cuando era joven y fueron unos tíos quienes la ayudaron a viajar a España. "Yo quería estudiar. Parte de mi sueño sí se realizó, estudié Periodismo, aunque después me casé". Hoy tiene tres hijos, la mayor de 23 años. Trabaja como administrativa en una empresa de alimentación, mientras que su esposo está vinculado al sector del transporte, y, como ocurrió con muchas personas este lunes 8 de junio, acudió sola al Bernabéu porque él debía trabajar.
Cuando habla del Papa, la emoción le quiebra la voz. "Se te viene una serie de recuerdos de tu vida. Ves que con la Iglesia has sostenido a tu familia. Verlo a él te llena de emoción. Dios nos da la vida y la gente que amas", reflexiona.
También recuerda un instante sencillo que la conmovió especialmente. "Vimos una bandera de Ecuador y parecía que dos personas lo estaban dando todo. Esto también es un camino para unirnos".
Aquella diversidad latinoamericana fue una de las primeras estampas de una jornada cuidadosamente diseñada. Poco después entraron al estadio las imágenes de Jesús de Medinaceli y de la Virgen de la Almudena, llevadas sobre sus andas hasta situarse a ambos lados del escenario desde el que sería recibido León XIV.

Historias migrantes en medio del discurso del Papa
El Papa llegó a un Bernabéu completamente lleno. Miles de asistentes habían comenzado a entrar cuatro horas antes. Poco antes de su aparición, los presentadores del acto animaron a las gradas a gritar "¡goool!". La razón se entendería más tarde, cuando una representación escénica convirtió el escenario en un improvisado campo de fútbol donde la Iglesia marcaba goles que el público celebraba con entusiasmo.
Nada parecía dejado al azar. Los encargados de conducir el encuentro fueron la periodista Patricia Pardo y Christian Gálvez, conocido tanto por su trayectoria televisiva como por sus publicaciones de temática religiosa.
León XIV apareció caminando sobre el césped y después subió a un buggy eléctrico adaptado para recorrer los pasillos del estadio entre los aplausos de los asistentes.
Los guiños a la pluralidad continuaron durante toda la tarde. El más visible fue el coro creado para la ocasión: mil cantantes —300 de ellos niños—, acompañados por 70 músicos y un centenar de bailarines.
La primera hora transcurrió entre actuaciones musicales y testimonios. David Bustamante interpretó "Alza la voz", mientras varias personas compartieron historias de fe y superación. Entre ellas, una familia peruana que llegó a Madrid hace cuatro años. "Teníamos miedo por las historias de racismo y discriminación, pero España nos acogió. Nos sentimos especialmente acompañados y protegidos", contaron desde el escenario.
Tras las actuaciones, llegaron largos minutos de aplausos. Desde las gradas resonaba un cántico repetido una y otra vez: "Oeee, oee, oee, oee".
"Esta es la Iglesia en Madrid. La que está aquí y la que le ha recibido en las calles", proclamó el cardenal y arzobispo de Madrid, José Cobo, al recibir al Pontífice.
'La pluralidad de voces y visiones existe'
Una hora después de su llegada, el Papa tomó la palabra. El silencio se extendió por el estadio. Apenas se percibía el movimiento constante de miles de abanicos intentando combatir el calor de la tarde madrileña.

León XIV comenzó haciendo referencia al ambiente festivo que había encontrado. "La Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre", dijo.
A partir de ahí desarrolló el eje central de su mensaje: la necesidad de salir del aislamiento, vencer los miedos y aprender a convivir en una sociedad cada vez más diversa. "Iglesia y ciudad cobran mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo".
El Papa defendió que la convivencia no exige uniformidad y recurrió al relato bíblico de Babel para explicarlo.
"No hay que temer el hecho de que nunca se produzca uniformidad. Al respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de voces, de la comunicación en la diversidad, es decir, de la comprensión que sustituyó a Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo".
Acto seguido lanzó una de las ideas más importantes de toda su intervención. "Hoy reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso".
Era una invitación directa a una ciudad como Madrid, construida también por miles de migrantes procedentes de Latinoamérica, África, Asia y Europa.
Por eso insistió en evitar los refugios ideológicos y sociales donde solo se escucha a quienes piensan igual. "Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno donde ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía", dijo.
El Pontífice retomó entonces el testimonio de la familia peruana para subrayar el valor de la acogida. "La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos".
Y puso a Madrid como ejemplo de esa convivencia posible. "Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y almas diferentes".
La frase más aplaudida quedó reservada para el final. "El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa".
Después llegó el Padrenuestro, la bendición apostólica, el himno de la Almudena y un nuevo coro de "ole, ole, ole". León XIV abandonó el escenario caminando poco después David Bustamante interpretaba el Himno de la Alegría.
A la salida del Bernabéu, la emoción seguía intacta. La familia Fernández, de origen boliviano, aprovechaba para hacerse fotografías antes de regresar a casa. "El Papa ha sido muy cercano. Nos ha dado buenas palabras para toda España. Nosotros nos hemos sentido acogidos; ya llevamos veinte años aquí", comentaban.

Unos metros más allá caminaba Angelita Lucano, ecuatoriana de 78 años, con un pañuelo verde de su parroquia de Torrelodones sobre los hombros. Lleva 28 años viviendo en España, donde sacó adelante a sus tres hijos y trabajó durante años cuidando a personas mayores.

La bendición recién recibida parecía acompañarla mientras avanzaba lentamente entre la multitud que abandonaba el estadio mientras la noche caía sobre Madrid. ¿Cómo se siente después de ver al Papa? "Lo más grande, precioso, eso queda sembrado para mi corazón y he recibido la bendición, me siento feliz".
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