Estados Unidos negocia con Dinamarca abrir tres bases militares en Groenlandia; se busca vigilar la actividad submarina de Rusia y China
Luego de las amenazas iniciales de Trump sobre la estratégica isla de Groenlandia, que pertenece a Dinamarca, se mantienen conversaciones para la expansión militar estadounidense. El Pentágono tiene intención de abrir puertos y aeródromos en Groenlandia. La negociación tiene un punto polémico: Estados Unidos quiere soberanía sobre las bases.

Una fragata danesa atracada en el puerto de Nuuk, Groenlandia, el 26 de febrero de 2026.
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AFP
Autor:
Carlos Torralba
Actualizada:
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El interés de Donald Trump en Groenlandia está lejos de disiparse. Estados Unidos y Dinamarca negocian desde enero una expansión militar de la primera potencia mundial en la isla más grande del planeta. Tras las amenazas del presidente estadounidense de anexionarse por la fuerza el territorio de un miembro de la OTAN, el proceso parece haberse encauzado a la vía diplomática. El Pentágono tiene intención de abrir tres nuevas bases, una pretensión que se ajusta al acuerdo de defensa vigente entre Washington y Copenhague. Sin embargo, los representantes de Trump reclaman que dichas instalaciones se designen como territorio soberano de Estados Unidos, una exigencia que sus pares daneses y groenlandeses no están dispuestos a aceptar.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, declaró el martes en Copenhague que se habían producido “algunos avances en la dirección correcta” en las conversaciones tripartitas en Washington. El dirigente de la isla ártica, un territorio semiautónomo del Reino de Dinamarca, aseguró que los equipos danés y groenlandés han trasladado su voluntad de “hacer más en materia de seguridad nacional e internacional y asumir mayores responsabilidades”. “Nuestra única exigencia es el respeto”, subrayó Nielsen durante su intervención en un foro sobre democracia.
Gregory Guillot, jefe del Comando Norte de EE UU, declaró en una audiencia en el Congreso a mediados de marzo que el Pentágono quería “desarrollar más puertos y aeródromos” en Groenlandia, dada “su importancia estratégica”. El general, que la semana pasada estuvo en la Embajada estadounidense en Copenhague, esbozó entonces ante los congresistas un plan inicial que contempla la apertura de tres bases militares.
La Administración Trump pretende levantar esas bases en el sur de Groenlandia —en Kangerlussuaq, Narsarsuaq y otra localización aún por determinar—, destinadas a vigilar la actividad submarina de Rusia y China, según fuentes vinculadas a la negociación citadas por la BBC. Una de ellas aseguró a la cadena británica que Washington reclama la soberanía sobre el territorio que ocupen las futuras instalaciones.
Un acuerdo bilateral de defensa firmado en 1951 y renovado en 2004 otorga a Estados Unidos una posición privilegiada para expandir su presencia militar en Groenlandia. En principio, no habría obstáculos para construir esas tres bases y desplegar allí a cientos o miles de soldados. Sin embargo, “el asunto de la soberanía puede convertirse en un problema muy grande”, advierte por teléfono Mikkel Runge Olesen, investigador del Instituto Danés de Estudios Internacionales. “No veo posible que políticos daneses o groenlandeses lleguen a aceptarlo”, añade el experto, especializado en el Ártico y las relaciones transatlánticas.

Olesen apunta que lograr ese objetivo sería útil políticamente para Trump: “Alardearía de haber conseguido algo que sin las amenazas militares nunca habría podido obtener, y probablemente tendría razón”. El investigador añade que una transferencia de soberanía “colocaría a Estados Unidos en una posición mucho más fuerte de cara a mantener su presencia en la isla. Sin duda, sería muchísimo más difícil que se marcharan después, incluso en el hipotético caso de que Groenlandia se independizara o la OTAN se desintegrara”.
El interés de Estados Unidos por Groenlandia —geográficamente parte de América del Norte— se remonta al siglo XIX, y su presencia militar en la isla, a la II Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría llegó a haber 10.000 soldados en 17 bases, que se fueron cerrando a medida que el Ártico perdía peso en el pulso con la Unión Soviética. El Pentágono quiere ahora rehabilitar dos de ellas: la de Narsarsuaq, con un puerto de aguas profundas, y la de Kangerlussuaq, con una larga pista de aterrizaje.
Estados Unidos mantiene únicamente en la isla la base espacial de Pituffik, en el noroeste. Allí, en marzo de 2025, el vicepresidente J. D. Vance, rodeado de militares, cargó contra Dinamarca por no haber invertido lo suficiente en las últimas décadas para garantizar la seguridad del territorio.
Inversiones en defensa
“La estrategia del Gobierno de Dinamarca durante 2025 fue tratar de apaciguar a Estados Unidos mediante inversiones en defensa”, sostiene Olesen. “Pero a comienzos de año se dieron cuenta de que no funcionaba”. Tras anunciar un paquete de 27.400 millones de coronas danesas (unos 3.700 millones de euros) para reforzar la seguridad en el Ártico, Trump afirmó que lo único que había hecho su aliado en la OTAN era enviar “otro trineo tirado por perros”. El presidente —que durante su primer mandato ya canceló un viaje a Copenhague después de que la primera ministra, Mette Frederiksen, descartara la venta de Groenlandia— endureció el tono en los días siguientes: “Me gustaría llegar a un acuerdo, ya saben, por las buenas. Pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”.
“El Gobierno danés adoptó entonces una postura más firme, centrada en movilizar a sus aliados europeos”, resume Olesen. Francia, Alemania, el Reino Unido, Países Bajos, Suecia y Noruega enviaron pequeños contingentes a Groenlandia. Trump suavizó su postura, y Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos acordaron abrir una vía de diálogo para resolver la crisis. Desde finales de enero se han celebrado cinco reuniones, según la BBC.
El equipo negociador de Trump está encabezado por Michael Needham, un alto cargo del Departamento de Estado. El jefe de la delegación danesa es Jeppe Tranholm, secretario de Estado de Asuntos Exteriores. En las reuniones participan también el embajador danés en Washington, Jesper Moller Sorensen, y el principal diplomático groenlandés en la capital, Jacob Isbosethsen.

Jeff Landry, nombrado por Trump enviado especial para Groenlandia el pasado diciembre, no ha participado en ninguno de los encuentros. Landry, que también es gobernador de Luisiana, prevé viajar la próxima semana a Nuuk, la capital groenlandesa, para asistir a un foro económico, tras adquirir una entrada por su cuenta al no haber sido invitado.
En los últimos meses Trump apenas ha mencionado Groenlandia, con una excepción. En abril, tras el rechazo de sus aliados europeos a implicarse en la guerra con Irán, publicó en Truth, su red social: “¡¡¡LA OTAN NO ESTABA AHÍ CUANDO LA NECESITAMOS, Y NO ESTARÁ AHÍ SI LA VOLVEMOS A NECESITAR. RECORDAD GROENLANDIA, ESE ENORME TROZO DE HIELO MAL GESTIONADO!!!”.
Acosado por Trump, el Gobierno groenlandés ha mostrado en el último año su interés en estrechar los lazos con Bruselas. “Los países miembros de la UE han sido unos aliados firmes y han estado a nuestro lado cuando más lo hemos necesitado”, subrayó este martes el primer ministro. Nielsen lamentó que las complejas negociaciones para formar Gobierno en Dinamarca tras las elecciones de marzo dificultan por ahora un acuerdo a corto plazo con Estados Unidos .
Olesen incide en el riesgo de que las conversaciones descarrilen por la exigencia de la Administración Trump de designar las futuras bases como territorio soberano de Estados Unidos. “Si mantiene esa postura, cabe esperar una escalada, un repunte de la tensión, que ha permanecido mucho más contenida desde enero”, vaticina.
Contenido publicado el 14 de mayo de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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