Palizas, negligencia médica y aislamiento: Denuncian abusos en el mayor centro migratorio de Estados Unidos en Texas
La organización Human Rights Watch sostiene que los abusos documentados en Fort Bliss constituyen tratos crueles, inhumanos o degradantes y califica la muerte de un inmigrante cubano como una "ejecución extrajudicial" conforme al derecho internacional.

Agente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) conduce a un inmigrante hacia un vuelo de deportació en Fort Bliss, El Paso, Texas, el 8 de febrero de 2025.
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AFP/US Army
Autor:
Redacción Primicias / EFE
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"No puedo respirar, que Dios me bendiga". Esas fueron, según un testigo, las últimas palabras de Geraldo Lunas Campos, un migrante cubano de 55 años que murió después de que varios guardias lo inmovilizaran en Camp East Montana, el mayor centro de detención migratoria de Estados Unidos, instalado dentro de la base militar de Fort Bliss, en Texas.
La muerte de Lunas Campos es uno de los casos recogidos en un informe publicado este miércoles 15 de julio por Human Rights Watch (HRW) y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), que denuncia palizas, negligencia médica, aislamiento prolongado y condiciones insalubres en el centro, ubicado en la ciudad de El Paso.
Camp East Montana, compuesto por cinco estructuras similares a tiendas de campaña, tiene capacidad para albergar hasta 5.000 personas.
HRW sostiene que los abusos documentados constituyen tratos crueles, inhumanos o degradantes y califica la muerte de Lunas Campos como una "ejecución extrajudicial" conforme al derecho internacional.
La organización entrevistó a 71 personas que estuvieron detenidas en el centro, procedentes de Ecuador, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, y Venezuela, y la mayoría (64) denunció haber sido golpeada o haber presenciado golpizas contra otros detenidos por parte de los guardias del centro.
"Cuando una persona reclama, se desquitan con todos nosotros", relató un hondureño identificado con el seudónimo de Germán L., quien llevaba un mes detenido cuando fue entrevistado por HRW.
Según su testimonio, los guardias agreden a quienes piden comida, medicinas o reclaman sus derechos. "Visten de negro, usan máscaras que les cubren casi todo el rostro y no llevan placas con sus nombres", señaló. "Quieren demostrar que tienen el control y que pueden hacer lo que quieran con nosotros".
Otro de los entrevistados, un venezolano de 32 años identificado como Armando G., dijo que siete guardias lo tiraron al suelo durante una huelga de hambre, mientras uno lo asfixiaba y otro le tiraba del cabello y le golpeaba la cabeza contra el suelo. Aseguró que sufrió hematomas y un fuerte dolor abdominal, pero no recibió atención médica.
"Sé cómo suena la muerte"

Lunas Campos, padre de cuatro hijos, fue uno de los tres migrantes muertos en Camp East Montana en los últimos seis meses y uno de los 50 fallecidos bajo custodia de ICE desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca: 31 en 2025 y otros 19 en lo que va de 2026, según datos de la organización 'Detention Watch Network'.
El cubano murió la noche del 3 de enero en una unidad de aislamiento, después de pedir que le entregaran sus medicamentos.
Tres detenidos dijeron a HRW haber visto o escuchado parte del altercado. Uno relató que oyó golpes y al migrante gritar repetidamente que lo estaban asfixiando.
ICE informó entonces de que el personal encontró al detenido "en dificultades" y que los servicios médicos trataron de reanimarlo.
La autopsia, sin embargo, halló abrasiones en el pecho y las rodillas y hemorragias en el cuello. El médico forense determinó que murió por asfixia causada por la compresión del cuello y el torso, y clasificó la muerte como homicidio.
"Sé cómo suena la muerte", afirmó Ismael M., un hondureño que escuchó lo ocurrido desde otra celda, según el informe. "Lo que le pasó a Geraldo me podría haber pasado a mí o a cualquiera de nosotros", añadió.
Suciedad, hambre y falta de atención médica

El informe describe unidades hacinadas, baños cubiertos de heces y orina, duchas obstruidas y suelos inundados con agua sucia. Hasta 72 personas comparten seis inodoros y seis duchas en cada unidad.
Los detenidos denunciaron que pasaban días o semanas sin jabón, desinfectante o cepillos de dientes, y que algunos desarrollaron infecciones cutáneas, respiratorias y dentales.
También aseguraron que sus solicitudes médicas quedaban sin respuesta durante semanas o meses y que, en algunos casos, la atención solo llegaba después de un desmayo o una emergencia grave.
Una mujer ecuatoriana identificada como Lucía H., de 35 años, relató cómo guardias del centro le negaron atención cuando les explicó que necesitaba unas gotas y un aparato especial para removerse unos lentes de contacto que debe quitarse regularmente y que permaneció días con las lentillas, lo que le provocó una seria infección que podría dejarla ciega.
“Los oficiales me dijeron que no me podían ayudar y que tenía que esperar”, dijo Lucía H. “A pesar de mis muchas solicitudes se negaron a llevarme a un doctor para que me removiera el lente (…) la mañana siguiente fui encadenada y me llevaron a una clínica cercana. A estas alturas ya no podía ver, tenía dolor extremo y mi ojo estaba sangrando”.
Los migrantes describieron, además, porciones de comida insuficientes, congeladas o en mal estado. Algunos dijeron haber perdido hasta 13 kilos durante su detención.
"Este lugar es un cementerio de personas vivas. Aquí te puede pasar cualquier cosa", dijo un ecuatoriano identificado como Lorenzo P. en un testimonio recogido por HRW.
“El gobierno de Estados Unidos dice que están en contra de los secuestros y el tráfico humano. Ojalá pudiese decirles que lo que están haciendo se siente como secuestro y tráfico”, agregó Lorenzo P., de 44 años de edad.
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