El ajedrez nunca fue tan perfecto como en ‘Gambito de dama’

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

6 Nov 2020 - 0:05

Elizabeth "Beth " Harmon es una jugadora genial de ajedrez y está interpretada por Anya Taylor-Joy en esta miniserie impecable. - Foto: Netflix

El ajedrez nunca fue tan perfecto como en ‘Gambito de dama’

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

6 Nov 2020 - 0:05

La miniserie de Netflix hace algo fabuloso: traduce la emoción de un juego en forma de historia de crecimiento, donde la obsesión y la adicción son lo mismo.

Es un movimiento de apertura. Cuando se ofrece un peón como arranque. Es la forma menos técnica de decirlo, desde luego. Pero, en este ofrecimiento hay una posibilidad de engaño, de algo que no se cuenta y que al final tendrá su revelación. 

La miniserie de siete episodios, creada, escrita y dirigida por Scott Frank, lleva el título de la jugada, así como lo hace la novela de Walter Tevis, en la que se basa este producto audiovisual que acierta en todos sus espacios.

Desde lo dramático, lo técnico y lo actoral.

No hay nada que sobre o que falte en Gambito de dama o The Queen’s Gambit y, tal como la jugada en el ajedrez, esto permite una recompensa valiosa.

Porque nunca el ajedrez fue una delicia para los ojos de quienes no se apasionan por el tablero y las 32 piezas que lo integran. Scott Frank ama el juego y es capaz de representar ese amor con solvencia. Cualquier persona se puede enamorar del ajedrez a través de esta miniserie.

Pero, no sin antes asumir el efecto narrativo que se produce a través de la historia de Beth Harmon, esa genia absoluta a la que se verá crecer desde quedar huérfana hasta convertirse la mejor jugadora del mundo.

Una historia que se toma su tiempo, que va por partes, que no aburre, que tiene tensión y que impacta.

Sobre todo por el trabajo de Anya Taylor-Joy, como la adulta Beth, y lo que hace Isla Johnston, como la Beth joven, que permite que todo el mundo se mantenga pendiente de lo que pasa con la chica, cuando recién empieza la miniserie. 

Lo que la actriz británica-argentina consigue es sostener el relato sobre sus hombros. Pero sin Johnston al inicio, nada resultaría interesante, nada.

Las piezas están donde deben estar

Si bien la historia del “underdog” que resulta ser un genio con problemas es el tipo de historia que ya se ha contado antes -hasta Matt Damon y Ben Affleck ganaron un Oscar por el guion de su Good Will Hunting, Gambito de dama transita ese sendero con pequeños cambios que la vuelven mucho más interesante.

En realidad no son “pequeños cambios”. 

Al ser un trabajo sobre el crecimiento de Beth, sobre cómo se va manifestando su genialidad para el ajedrez y cómo la proyecta, la película es también un recorrido sobre cómo funciona la obsesión y la adicción. 

Porque no hay manera de separar esta trinidad en la miniserie. Está el peso que se aprende a sobrellevar y la forma de conseguir lo que se busca.

Esto, de la mano de una Taylor-Joy que resuelve mucho de lo que sucede solo con su presencia, con su forma de mirar, con esa intimidación que incluso se siente a través de la pantalla.

Punto de orden: tampoco resulta novedosa la idea de que la genialidad sea sinónimo de algún tipo de dificultad.

En realidad, la novedad en esta miniserie está dada por el entorno, por las decisiones creativas para retratar esa fascinación por el ajedrez y que son impresionantes. Así como la fotografía, el movimiento de cámara y la dirección de arte.

En ese sentido, la ambientación y el vestuario se merecen todos elogios que se puedan dar.

Gambito de dama es en sí un espectáculo tan bien armado en el que todo se mueve de acuerdo a las reglas. Pero, sin que esto signifique que el resultado sea convencional. 

Toda historia de un ajedrecista genial es una historia de pasión. Y quizás de algo de locura. Beth Harmon pasa de ser la niña huérfana, la que aprende ajedrez jugando en su cabeza, la que es adoptada, la que empieza a jugar en torneos, la que gana, la que pierde, la que fracasa, la que se deja llevar, la que se contiene, la que sufre, la que consume pastillas, la que es víctima de circunstancias sociales, externas, cercanas.

Beth busca algo y lo bueno es que al final lo va a encontrar. El final feliz no es el jaque mate. Es más profundo. El final es placer de jugar. Y Beth tiene que aprenderlo y quien ve esta miniserie de Netflix está ahí para experimentarlo.

The Queen’s Gambit

Dir: Scott Frank

Guión: Scott Frank (basado en la novela homónima de Walter Tevis)

Elenco: Anya Taylor-Joy, Bill Camp, Marcin Dorociński, Marielle Heller y Moses Ingram

Netflix, 2020

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Scott Frank ha tenido un recorrido que lo ha llevado también al cine, específicamente como guionista de algunas películas, entre ellas esta maravilla que dirigiera James Mangold en 2017 y que fuera la última vez que Hugh Jackman apareciera en la pantalla como Wolverine. En realidad este filme rompe el molde de las películas de superhéroes y es a través de su guion -firmado por Frank y Michael Green- que se le puede dar un adiós a un personaje importante y exquisitamente vulnerable.

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