La eterna deuda del Municipio de Quito con la cultura

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

9 Dic 2020 - 0:05

Una de las actividades públicas realizadas en octubre pasado por parte de los 125 artistas, técnicos, comunicadores y personal que forman parte de la Fundación Teatro Nacional Sucre (FTNS), para pedir que les desembolse los recursos necesarios. - Foto: Fundación Teatro Nacional Sucre / Facebook

La eterna deuda del Municipio de Quito con la cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

9 Dic 2020 - 0:05

Presupuestos que disminuyen anualmente, poca claridad en las políticas culturales y un silencio casi total por parte de sus autoridades marcan la relación que ha tenido la administración pública con un sector fuertemente impactado por la pandemia.

La tendencia del secretario de Cultura de Quito, Diego Jara, a dar muy pocas declaraciones públicas es algo que no ha pasado desapercibido por los actores del ámbito cultural de la ciudad.

Es más, hay una frase recurrente en los artículos locales acerca de temas relacionados con la cultura. Sin importar el medio, dice más o menos así: “hasta el cierre de la edición, el Secretario de Cultura no se pronunció”.

Muy pocas han sido las veces en que Jara, secretario de Cultura de la administración del alcalde Jorge Yunda, ha hablado con los medios.

Quizás no está obligado a hacerlo, pero, para algunas personas consultadas por este medio -incluso dentro de la Red Metropolitana de Cultura de Quito- su silencio es una constante.

Jara habla poco o no habla. Y si lo hace es a través de representantes o a través de discursos en actos públicos.

El Comité de Gestión de las Artes Escénicas lo notó y lo dejó registrado en octubre pasado, luego de emitir una carta en la que, ante la suspensión de este año del encuentro Quito Tiene Teatro, criticaron la administración del actual Secretario y pidieron su salida.

Una de las obras que se desarrolló en la edición 2019 del encuentro

Una de las obras que se desarrolló en la edición 2019 del encuentro “Quito Tiene Teatro”. Quito Tiene Teatro / Facebook

Durante el tiempo en el que buscaba mecanismos para realizar la sexta edición de ese encuentro de teatro -que en año de pandemia suponía cierto alivio económico para el gremio-, el comité nunca se reunió con Jara. Lo hizo con el director de Creatividad, Memoria y Patrimonio de la Secretaría de Cultura, Sebastián Sacoto.

Y, obviamente, hay enojo frente a esta aparente falta de apertura del Secretario.

En la carta pública, el Comité afirma que la Alcaldía “demostró no tener respuestas ni planes de política pública o una planificación en relación con la administración cultural”.

Esta impresión no solo se tiene en las esferas del teatro.

Todas las personas consultadas por PRIMICIAS coinciden en que no hay políticas culturales claras en Quito. Y, si las hay están rodeadas de silencio.

Un sentido de proyecto

Este consenso perdura a pesar de la existencia de los Lineamientos Política Cultural, que están publicados en la web de la Secretaría de Cultura y cuentan con la firma de Diego Jara, con fecha del 13 de abril de 2020.

El documento contiene 12 páginas y se deriva de la resolución A015, firmada por el exalcalde Mauricio Rodas, en julio de 2016.

La resolución reconoce diversos derechos culturales -como la participación, la educación en arte, la inserción en la economía, a la identidad y al patrimonio-, que deberán ser articulados en tres ejes transversales: ocupación de espacio público, experiencia de la cultura y diálogos creativos.

Pero, para algunas fuentes, la concepción de cultura de la administración municipal de turno dificulta llevar a la práctica estos lineamientos.

Para la catedrática Paola de la Vega la situación es clara: “Yo no creo que les interesen los museos, los teatros, porque están entendidos como cultura de élite. Me parece que hay una intención de manejar lo cultural desde esta lógica del esparcimiento, del entretenimiento, del uso del tiempo libre, del deporte. De conjugar en este tipo de proyectos, como Quito a la Cancha, ese proyecto cultural que podría tener el alcalde”.

‘Quito a la cancha’ está considerado el proyecto insigne de Yunda, que busca intervenir un aproximado de 200 ligas barriales en la ciudad, con el objetivo de construir “un Quito incluyente, solidario y equitativo que fomenta el desarrollo artístico, cultural y deportivo para todos los habitantes de la ciudad”.

Sí, la palabra “cultural” está ahí.

Por lo pronto, para fines de este 2020 se busca entregar “nueve obras de infraestructura deportiva y seis canchas de ecuavóley”, con una inversión de USD 3,6 millones.

De la Vega va más allá y reflexiona sobre cómo la gestión pública de lo cultural tiene un problema adicional: no va de acuerdo con los cambios en el sector y a su preparación.

Una inversión a la baja

La deuda del gobierno local con la cultura no es nueva.

En realidad, lo que ha pasado en estos meses ha sido una constante que se ha visto agravada por la crisis económica generada por la pandemia.

Porque si algo se sabe es que, ante la crisis, lo primero que sufre es la cultura.

Diego Jara, en una de esas pocas ocasiones en las que ha respondido a inquietudes, habló con PRIMICIAS sobre la reinvención a la que tuvo que someterse la Secretaría de Cultura en este 2020:

“En este año tuvimos que reinventarnos desde lo conceptual y lo práctico, ajustando los lineamientos de nuestra política cultural al contexto de la emergencia sanitaria y luego generando políticas para reactivar el sector cultural, uno de los más afectados en esta época”.

“El impacto de la inversión de cultura en el marco del gran presupuesto del Municipio de Quito es mínimo”, asegura una fuente que conoce internamente cómo ha funcionado la administración de cultura en la ciudad, pero que prefiere permanecer en el anonimato.

Desde 2014, la inversión en cultura en Quito ha estado a la baja. De los USD 26,9 millones hace seis años, la cifra ha ido cayendo anualmente y, en 2018, llegó a USD 16,7 millones.

Para 2019 hubo una ligera subida -a USD 17,3 millones- y, en teoría, este 2020 debía subir a USD 21,1 millones.

Pero llegó la pandemia, que terminó afectando todo el presupuesto del Municipio.

En la proforma presupuestaria de 2021 se aclara que el dinero de este año para la Cultura fue, finalmente, de USD 18,1 millones. Tres millones menos que el planificado. Lo que empata con la declaración que dio Diego Jara durante la presentación de la programación de las Fiestas de Quito de 2020: ese dinero fue entregado por la Secretaría de Cultura para enfrentar la emergencia sanitaria en la ciudad.

Jara hace una precisión en ese sentido: “Es importante recordar que las asignaciones para los Gobiernos locales han sufrido retrasos durante todo el año, desde el Gobierno central, por lo que no es real hablar sobre montos presupuestados versus lo asignado y la liquidez disponible”.

De acuerdo con su versión, la entrega de estos USD 3 millones dejó a la Secretaría Cultura con “recursos mínimos para su gestión”.

La gran rebaja presupuestaria llegará el 2021. Aproximadamente USD 11,6 millones es lo que se ha destinado para el sector.

“Nadie sabe lo que es una política pública”, dice la fuente anónima antes mencionada: “Los usuarios creen que política pública es servicio gratuito, mientras que los actores y gestores creen que es subsidio“.

A esta confusión contribuye el hecho de que no existen indicadores claros o sistematizados sobre infraestructura cultural, actores y gestores en el sector, así como de inversión en la ciudad en esta área (tanto en lo público como en lo privado). Tampoco hay estudios sobre preferencias de los consumidores.

De hecho, en el Sistema de Indicadores Distritales de la Alcaldía de Quito solo hay tres apartados relacionados al área Cultura y Patrimonio:

  1. Número de visitantes de sitios arqueológicos
  2. Número de bienes inmuebles patrimoniales en parroquias rurales y suburbanas
  3. Número de bienes inmuebles patrimoniales en el área continua (CHQ)

Esto salta más a la vista cuando se hacen públicos anuncios y propuestas, como a fines de octubre pasado, cuando la Secretaría de Cultura lanzó una convocatoria para que artistas formen parte de su base de datos.

Artistas nacionales y locales ¡Nos actualizamos! Les invitamos a actualizar sus datos para formar parte de nuestras…

Publicada por Fundación Museos de la Ciudad en Lunes, 26 de octubre de 2020

Esto, cuando desde el 2017 el Ministerio de Cultura ya tiene operando el Registro Único de Artistas y Gestores Culturales (RUAC), que, en esencia, es una base de datos.

Paola de la Vega fue muy crítica de esta medida en redes sociales:

“Le decías al Ministerio pásame todo Pichincha y si querías exclusivamente Quito, pues podías desagregar datos (…) Eso no tiene ningún interés de generar política. Era una medida demagógica para decir que abrieron de alguna forma ese registro, a modo de convocatoria, para la selección de quienes iban a tocar o presentarse en estas Fiestas de Quito. Fue justo para eso”.

Este 2020, las Fiestas de Quito se desarrollan de manera virtual, principalmente. Con un presupuesto de USD 543.100.

Las Fiestas de Quito de este año están en el grupo de políticas de reactivación del sector cultural.

Dice Jara: “En nuestro esquema de trabajo hemos utilizado a su capacidad máxima recursos propios – tanto en infraestructura como en talento humano -, generando coproducciones e invirtiendo en fechas hito para la ciudad, como son las Fiestas”.

Falta de recursos y una dirección vertical

De acuerdo con la información del mismo Municipio, la Red Metropolitana de Cultura está bajo el amparo de la Secretaría de Cultura e incluye algunas instituciones, entre ellas:

  • Centro Cultural Benjamín Carrión
  • Red Metropolitana de Bibliotecas
  • Cumandá Parque Urbano
  • Casa de Las Bandas
  • Teatro Capitol
  • Centro Cultural Metropolitano
  • Casa de Las Artes La Ronda
  • Centro Cultural Itchimbía
  • Fundación Teatro Nacional Sucre
  • Fundación Museos de la Ciudad 

Y al interior de la Red también hay problemas.

En octubre de 2020, trabajadores de la Fundación Teatro Nacional Sucre realizaron una serie de plantones y actividades artísticas en el espacio público, para que se les entregue los recursos necesarios para no detener actividades.

El último desembolso había sido realizado en febrero de este año, antes de la emergencia.

A raíz del reclamo público, el Municipio hizo un pago de USD 1 millón, según fuentes de la Fundación. Esto alcanzó para sueldos de la nómina hasta diciembre -ya reducidos como parte de los recortes necesarios-, pero no incluyó décimos.

Es probable que para enero exista un nuevo problema de falta de dinero en la Fundación.

La situación económica actual es una agravante. Incluso, ya existiría un plan de recorte de personal -para un 30% de la plana de la Fundación-. Sin embargo, tampoco habría presupuesto para implementar esos despidos y sus respectivas liquidaciones.

Diego Jara afirma que la Fundación tuvo un reajuste presupuestario por la crisis de este año y que recibió fondos en función de la solicitud que esta realizó y tomando en cuenta lo establecido por la Comisión de Liquidez del Municipio.

“En lo que respecta al valor restante del convenio interinstitucional que tiene la fundación con el DMQ, se realizará una vez que se cuente con los documentos administrativos correspondientes y de acuerdo a lo dispuesto por el Comité de Liquidez”, dice el Secretario de Cultura.

La situación que la Secretaría de Cultura tiene en sus manos con una de las fundaciones insignes de la ciudad es compleja. En un comunicado, el organismo municipal definió a la Fundación como “un ente privado sin fines de lucro”, mientras ejerce sobre ella un poder innegable, que no solo se deriva del hecho de que financia el 89% de su presupuesto.

Desde el interior de la Fundación existe la sensación de que están ante una estructura vertical frente a la cual solo pueden obedecer. Fuentes consultadas -y que prefieren el anonimato- hablan de una injerencia, tanto en la programación como en el área técnica de la Fundación.

En términos generales existe un giro hacia la música y manifestaciones artísticas populares, lo cual no es un problema en sí.

Para estas fuentes, esta es una forma de quitarle cierto aire de elitismo con el que se ha percibido a los teatros que son parte de la Fundación: el Sucre, el Variedades y el México.

El problema, visto desde adentro, es cómo esa programación es “impuesta” por la Alcaldía y cómo se organiza a los empleados de la Fundación -desde los técnicos hasta los elencos artísticos- para participar en actividades políticas y comunicacionales del Municipio, que poco tienen que ver con las funciones en el Teatro.

“La Secretaría, desde el principio, buscó controlar toda la gestión que tienen las instituciones que están a su cargo (…) Es una orientación muy vertical, en onda: nosotros decimos y ustedes hacen“, cuenta una fuente de la Fundación que prefiere no dar su nombre.

Así, la idea de que no hay planteamiento técnico ni una política cultural clara también se repite desde el interior de la Red.

Fallas estructurales

Entre abril de 2014 y enero de 2015, Mariana Andrade fue Secretaria de Cultura. Ella, a la cabeza del Ochoymedio, puede decir que ha estado en los dos lados de la gestión: en lo público y en lo privado.

Al haber pasado por ambos espacios, tiene una posición crítica que revela una falla estructural en cómo se gestiona la cultura, y que se manifiesta en varios niveles e instituciones del país.

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