El golpe de suerte que llevó a Jesús Fichamba al estrellato

Cultura

Autor:

Juan Manuel Yépez

Actualizada:

2 May 2021 - 0:05

Jesús Fichamba, junto al legendario boxeador estadounidense Muhammad Ali y su amigo Leonardo Escobar (i), en el Coliseo General Rumiñahui, el 17 de diciembre de 1994, en Quito. - Foto: Cortesía Leonardo Escobar

El golpe de suerte que llevó a Jesús Fichamba al estrellato

Autor:

Juan Manuel Yépez

Actualizada:

6 May 2021 - 10:35

El otavaleño Jesús Fichamba no debía representar a Ecuador en la decimocuarta edición del Festival OTI de la Canción, en España, ya que Gustavo Velásquez había ganado el concurso nacional.

La vida de Jesús Fichamba estuvo marcada por la suerte. Si su deseo fue dedicarse al boxeo, pues el destino se encargó de desviarlo hacia la música.

Fichamba no solo nació “buen puñete”, sino también con una voz de trueno. El tenor de Otavalo alcanzaba una escala musical en si bemol.

Amaba tanto la música que después de ganar su última pelea en Ambato, se ubicó en el centro del cuadrilátero y por primera vez cantó un bolero, ante la algarabía de los presentes.

Pero ese día sufrió un accidente de tránsito y se lesionó la espalda. Esto lo alejó del ring, pero lo acercó más al canto.

Su trayectoria artística inició en Guayaquil, en 1969. Tenía 23 años cuando ganó un festival en el cantón Milagro (Guayas). También participó en la caravana de una farmacéutica que recorría el país ofreciendo productos.

En cada localidad se armaba una tarima y comenzaba el show artístico. El atractivo de la noche era el duelo musical entre Jesús Fichamba y el tsáchila Baltazar Aguavil.

Durante las giras, Fichamba consolidó su amistad con el dueño de la farmacéutica, Pablo Salame, quien se convertiría en su manager y en el gestor de su carrera.

Fue él quien lo contactó con el músico ecuatoriano Gustavo Pacheco, miembro de la Sociedad de Autores de España, para que interpretara el tema que lo llevaría a la gloria: La Pinta, la Niña y la Santa María, las tres carabelas que usó Cristóbal Colón para llegar a América.

La canción, escrita por Luis Padilla y compuesta por Gustavo Pacheco, estaba lista, pero no había quien la interpretara en la OTI capítulo Ecuador, así que Padilla y Pacheco visitaron a Salame para presentarle la melodía.

Salame tomó el teléfono y se comunicó con Jesús, quien ya había grabado el disco Fichamba Internacional (1983).

“Tengo el tema ganador de la OTI”, le dijo y de inmediato se lo presentó a Pacheco, quien quedó noqueado con el tono de voz de Fichamba.

El tema se grabó en Fediscos, en Guayaquil, con 30 músicos, 15 de Quito y los demás de Guayaquil.

Transcurría julio de 1985 y no había tiempo que perder. Ecuavisa convocó a los cantantes nacionales a participar en el Festival, que se realizaría a mediados de agosto.

El ganador representaría al país en el certamen internacional en Sevilla, España. Asistieron Gerardo Mori, Amparo Guillén, Gustavo Velásquez, Priscilla Galecio, Marina Zuloaga, entre otros artistas de la época.

Como una premonición, Jesús quedó segundo. Velásquez triunfó con el tema Este canto mío no lo canta un pueblo, del autor y compositor quiteño Romeo Caicedo.

Ya todo estaba dicho: Velásquez sería el representante de Ecuador en España.

Pero la canción que interpretó Velásquez no era inédita, como lo pedía el reglamento de la OTI, ya que había ganado el festival de Sullana, en Perú.

Así que su viaje se canceló, dejando el camino libre para Fichamba, el hombre del moño, poncho y alpargatas.

La gloria en España

Fichamba y Salame llegaron a España el 10 de septiembre de 1985. A su arribo a Sevilla, Pacheco ya los esperaba con la limosina del Consulado de Ecuador para llevarlos al hotel, gracias a la gestión del embajador Antonio Parra Velasco.

El lunes 16 del mismo mes, Fichamba ensayaba su tema en el Teatro Lope de Vega, sede del festival, y entre los presentes estaba el entonces presidente del Betis, Gerardo Martínez Ratamero, quien al escuchar al ecuatoriano se levantó de la silla y gritó: “Ganaste, Ecuador”.

La noche del sábado, 21 de septiembre de 1985, Jesús Fichamba debía llegar a la decimocuarta edición de la OTI, a las 21:00, en un bus del hotel, junto a todos los artistas participantes.

Pero Salame les recomendó a Fichamba y a Pacheco que se separaran del grupo para que el artista se relajara y se escondieron en la cocina.

Cerca de las 20:00, otra limosina apareció en la vida del otavaleño, la de su amigo Martínez Ratamero, que los llevó al teatro donde los esperaban La Faraona, Lola Flores, la miss España Teresa Sánchez López y el maestro Alberto Cortez.

Lo demás ya es historia. Fichamba quedó segundo en la OTI, superado por la mexicana Eugenia León, con su tema Fandango aquí. Pero el ecuatoriano emocionó no solo a un país, sino al mundo entero, por su voz y orgullo de ser indígena.

Esa noche, hasta el entonces presidente ecuatoriano León Febres-Cordero los llamó al hotel para felicitarlos y se fueron a dormir, sin celebración de por medio.

Se convierte en leyenda

Al día siguiente de la OTI, Fichamba, Salame y Pacheco regresaron a Madrid. El lunes, cuando se dirigían a una reunión con Manolo Sánchez, representante de Camilo Sesto, el taxista que no podía creer que Fichamba iba en su taxi.

Además de Sánchez, también tuvo otras propuestas de profesionales como la de Alejandro Jaén, con quien grabó un disco.

Gozó de la admiración de Mario Moreno ‘Cantinflas’ y de José Luis Rodríguez, ‘El Puma’, con quienes coincidió en un ascensor del Hotel Hilton de Nueva York a finales de septiembre.

Fichamba era uno de los invitados especiales a un concierto de estrellas en beneficio de las víctimas del terremoto en México, realizado por el Canal 41, en Estados Unidos.

Compartió un café en Madrid con Alberto Cortez y estuvo cerca de José José y de Paloma San Basilio. Oswaldo Guayasamín lo inmortalizó en un cuadro y llevó de compras al legendario boxeador Muhammad Ali.

Fue el 17 de diciembre de 1994, en el Coliseo General Rumiñahui, en Quito, donde el ecuatoriano Segundo Mercado disputó el campeonato mundial de box ante el estadounidense Bernard Hopkins.

El encuentro entre Fichamba y Ali lo propició el exlegislador Leonardo Escobar, quien recuerda que la leyenda del boxeo quedó hipnotizada por la voz de Fichamba cuando interpretó el Himno Nacional antes de la pelea.

Hablaron sobre la cultura otavaleña, la tradición de usar moño y los ponchos coloridos. Hasta acompañó a Ali a comprar artesanías en la capital.

Lo que vino después fueron tiempos duros. Fichamba prefirió sus raíces a la fama mundial. Vivió 10 años en Palma de Mallorca, pero recorrió Europa con su arte cantando en festivales y salas de fiesta.

Regresó a Ecuador y se radicó en Guayaquil, donde compartía su tiempo entregando mercadería en la Bahía y aceptando invitaciones para cantar en espectáculos públicos y mítines políticos.

Cuando Pacheco estuvo al borde de la muerte al haberse contagiado de Covid-19, su amigo Fichamba estuvo a su lado y lloró cuando por fin salió del hospital y pudo abrazarlo.

De inmediato retomaron el trabajo y se presentaron en el Teatro Centro de Arte de Guayaquil, en julio de 2020, y en la Gobernación del Guayas, en octubre del mismo año. Fue su último concierto y se despidió con Sombras.

Meses después, la tragedia llegó a Fichamba. El coronavirus se instaló en su cuerpo, colapsando de a poco sus pulmones, pero Pacheco le devolvió el cariño buscando con desesperación una sala UCI para que su voz de tenor no se apagara.

Otra vez la suerte hacía lo suyo. Pese a la saturación de los hospitales en Guayaquil, y sin un seguro médico que lo respaldara, el cantante peleó su último round en el Hospital del IESS, Teodoro Maldonado Carbo.

Jesús Fichamba murió la mañana del 26 de abril. En el sepelio estuvieron solo su exesposa Shirley, sus hijos María, Coralia y Jesús, y sus amigos Gustavo Pacheco y Silvana Ibarra.

Las notas de La Pinta, la Niña y la Santa María no se escucharon en el camposanto Parque de la Paz, en Daule, como él lo pidió, porque el vacío fue tan grande que las lágrimas ahogaron las gargantas.

Fichamba se fue invicto de las peleas de la vida. Jesús, el hijo del portero José y de la costurera Josefina, se llevó el título mundial de pesos pesados a la constancia y al orgullo nacional.

Nota de la Redacción: Luis Padilla envió una carta en la que aclara que él es el autor de la letra y música de la canción La Pinta, la Niña y la Santa María. Por su parte, Gustavo Pacheco asegura que, si bien la letra le pertenece a Padilla, la música es suya. El problema legal entre Padilla y Pacheco por la autoría de la canción lleva doce años y aún no concluye.

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