Lunes, 27 de mayo de 2024
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Lo invisible de las ciudades

La evolución de la arquitectura en las Islas Galápagos

John Dunn

John Dunn

Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación sobre asuntos urbanos. Ha publicado también como novelista.

Actualizada:

25 Abr 2024 - 5:55

La primera vez que viajé a San Cristóbal, yo era un adolescente insoportable de 14 años. Vine a conocer un hotel que el hermano de mi padre había inaugurado en Puerto Baquerizo Moreno; era el segundo hotel del pueblo en esa época. Lo administraban una pareja de españoles. A mí me encargaban “como trabajo” ir a comprar al mercado las cosas que faltaban en la cocina; manejando un cuadrón.

Desde entonces, de alguna u otra forma he estado vinculado con las islas; y he podido ver la evolución que han tenido la arquitectura y los asentamientos urbanos en las mismas.

Habitar este entorno hostil es difícil para cualquier ser viviente. Los humanos, tampoco la han tenido fácil aquí. La historia humana de las Galápagos está llena de asentamientos que no lograron superar la escasez de agua y recursos. Por ello, estas islas fueron por mucho tiempo un lugar de paso para piratas y balleneros.

Pero, lo que el ojo del arquitecto encuentra de interesante en estas islas, es la evolución de esa criatura viviente que -finalmente- el ser humano logró traer consigo a este lugar: la ciudad y sus componentes

Durante gran parte de su etapa inicial, los asentamientos urbanos de las Galápagos asimilaban más la forma de un campamento. Algunas de sus construcciones fueron de las desmanteladas de la antigua base Beta en Baltra, una vez retiradas las fuerzas estadounidenses que tenían por objetivo defender el canal de Panamá, de un posible ataque japonés. Otros, construían con los materiales disponibles en el archipiélago: roca volcánica, madera de especies locales, y tablones de madera que solían ser usados como lastre en los barcos, cuando viajaban sin carga.

Es entre los ochenta y noventa cuando se refuerza la conexión entre las islas y Ecuador continental, y eso trae como consecuencia que el colono desee tener un estilo de vida similar al del continente. Se traen materiales de construcción y acabados similares; desconociéndose la incompatibilidad de estos con el contexto insular. Abundan de esa época viviendas incómodas, en las que el vidrio impide la ventilación cruzada y aumenta el calor de los espacios interiores. El bloque de hormigón y los techos de zinc generaban adversidades similares. Además de la agresiva indiferencia de los materiales con el sitio, la morfología de la arquitectura estaba más preocupada por imitar los diseños del continente; pues estos satisfacían una imagen de estatus, antes que preocuparse por proveer de espacios seguros, cómodos y amigables.

Sin embargo, desde hace unos años atrás, cuando uno viene a Puerto Baquerizo Moreno o a Puerto Ayora, resalta una nueva tipología de construcción; principalmente relacionada con los restaurantes y bares. Las paredes desaparecen casi por completo, quedando restringido su uso sólo para las áreas de servicio, como cocina, bodegas y baños. Lo demás lo define una enorme cubierta que hace las de parasol y la estructura que la soporta, junto con la losa de la planta superior. El vidrio desaparece también.

El resultado de todo esto es un edificio reducido a su mínima expresión, conformado por espacios frescos, abiertos al paisaje circundante, con el mar en el horizonte.

Finalmente, parece que Galápagos está generando una tectónica con personalidad propia. La arquitectura también está evolucionando en estas islas; tal como lo han hecho las especies que las habitan. Arquitectura y fauna evolucionan por la misma razón: adaptarse y sobrevivir. No es de extrañarse que este tipo de innovaciones provengan de una actividad económica que -más allá de alimentos y bebidas- sobrevive por brindar un ambiente agradable al usuario.

Esto me pone optimista sobre el futuro. Me pregunto, cómo serán los poblados y viviendas que surjan como consecuencia de esta nueva forma de proyectar espacios apropiados para estas islas.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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