Cambio de Rueda

Un asesino llamado Ecuador: el caso de Paola Guzmán

Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

Actualizada:

30 Ene 2020 - 19:00

El caso Paola Guzmán Albarracín contra Ecuador ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos interpela no sólo nuestro orden jurídico, sino la estructura patriarcal y clasista de nuestra fe y democracia

Destrozada y alienada por dentro y por fuera, Paola Guzmán Albarracín decidió dos días después de cumplir 16 años pedir auxilio a la altura de su indefensión y desolación, ingiriendo fósforo blanco. 

Corría 2002, y llevaba mucho tiempo siendo sistemáticamente humillada y degradada por su violador, el vicerrector Bolívar Espín, y por todas las funcionarias y funcionarios del colegio público Martínez Serrano que, en lugar de denunciar los hechos, la criminalizaron a ella. 

Presa de la vergüenza y del silencio en las que nuestras sociedades patriarcales suelen hundir a sus víctimas más indefensas, tras quedar embarazada de su violador y ser amenazada por el doctor del colegio, quien se ofreció a colaborar en un aborto clandestino a cambio de violarla, él también, Paola avisó a sus amigas de su desesperado/esperanzado intento de suicidio. 

Retenida criminalmente en la misma cárcel-colegio durante horas (según las ladinas disculpas de los representantes del Estado ecuatoriano ante la Corte IDH, ese tiempo no fue “determinante” para su muerte), una moribunda Paola todavía tuvo que oír a una profesora cómplice de su exterminio aconsejarle que rezase y pidiera perdón por sus pecados…

No puedo releer esto, que resumo y extraigo del relato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sin volver a quebrarme, y sin poder entender cómo fue y es posible que pasen estas cosas, una joven pulverizada de este modo, al tiempo de reconocer que la historia de Paola y la forma de proceder de nuestro Estado y de nuestra sociedad, lejos de ser una excepción, constituyen más bien la norma. 

A Paola, a su familia y afectos, no la destrozaron sólo unos cuantos energúmenos concretos, ni exclusivamente nuestro precarizado e inoperante sistema de educación pública. En nuestro país la histeria ocupa el lugar de la historia, y sus habitantes parecemos condenadxs a temerle a cualquier cosa por venir, antes que a lo que realmente nos vertebra, afecta y masacra. 

Y así, la noche del histórico 28 de enero en que la heroica madre de Paola, Petita Albarracín, logró llevar los crímenes del Ecuador contra su hija ante tan alto tribunal, nuestros principales noticieros obviaron o dejaron en un segundo plano informarnos copiosamente de sus alegaciones, en el nombre del Padre, el Hijo y el pánico hacia el coronavirus. 

Quizás ese pánico, tan popular y dador de rating, sea el probable síntoma o la expresión a nuestro alcance, barata y populista, de la aguda y misma indefensión radical que sentimos a cada paso, y que nos lleva a conducirnos, en el auto, la metrovía o la escuela, tal como nos conducimos.

Quiero decir que el problema del Ecuador no son las peleas de Correa y otros gallos, si acaso profetas de segunda y tercera; sino la manera en la que establecemos y miramos nuestras prácticas comunes cotidianas. 

La gesta de Petita Albarracín y las organizaciones y ciudadanxs que la han ayudado no es menos importante, perdón la comparación, que la medalla de oro de Jefferson Pérez en Atlanta 96.

Lo digo con todo respeto, pues recuerdo esa gesta como algo trascendental en la superación de nuestros complejos históricos desde la Colonia. Pero si queremos zarandearnos de ella por completo, tenemos pendiente una crítica radical a lo que nos funda. 

Y como también nos falta una televisión pública que transmita en vivo hitos como este, que nos permitan tanto acompañar a las víctimas como preguntarnos por el papel de las y los deudos en nuestra tierra, obligadxs a convertirse en ejemplo de lucha para llegar a ser sujetos de derecho, aquí los enlaces de la audiencia:  https://vimeo.com/386012051 (primera parte) https://vimeo.com/386012263 (segunda parte). 

Ver ambos videos tendría que ser materia de todas nuestras dependencias.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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