De la Vida Real
El calendario ecuatoriano: «una vez al año no hace daño»
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

25 Oct 2020 - 19:01

En otros países las épocas del año se dividen en estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. Aquí no. Aquí dividimos el año por la gastronomía, que religiosamente está establecida.

Comenzamos el año comiendo el recalentado de la cena del 31 de diciembre. Luego sabemos que llega Semana Santa, porque hay fanesca por todo lado y de postre higos con queso.

Los que avanzan comen puré de papa, que en época de Resurrección se llama molo. No entiendo por qué, pero solo durante dos semanas el puré de papa cambia de nombre. 

De ahí, los de la Sierra tenemos vacaciones, y la gastronomía es 100% acuática. Nos vamos a la Costa y comemos mariscos todos los días y, de paso, desayunamos encebollado con bolón o tigrillo.

Luego, más o menos, de tres meses viene el Día de los Difuntos, cuando se toma colada morada y se comen guaguas de pan. Sabemos que el año está por terminar cuando de postre hay pristiños con miel, sutilmente, llega la Navidad.

Las tradiciones poco a poco se van perdiendo. Cocinar comida ecuatoriana es bastante complicado. Por ejemplo, en la casa de mis abuelos y en la casa de mis papás, yo sabía que era lunes porque comíamos sopa de arroz de cebada.

Me acuerdo de que en la casa de mi mejor amiga del colegio era igual. Amaba que me invitara a almorzar los lunes, porque nos daban esta sopa tan deliciosa acompañada de pan con mantequilla y ají.  

Los ecuatorianos sabemos que llegó octubre porque el ambiente huele a colada morada, y en las panaderías hay guaguas de pan. Entonces decidí hacer colada morada y no dejar que la tradición se pierda. Quiero que mis hijos crezcan con raíces ecuatorianas bien profundas.

Por lo general, siempre nos invitan a colada morada con guaguas de pan mis tías o mi suegra, o vamos a la casa de mi abuela. Por la pandemia, hasta ahora nadie nos ha invitado, así que le pedí a mi mamá la receta.

Me dio el clásico libro de Kristy, me señaló la hoja y me dijo que a esta receta solo había que agregarle guayaba para bajarle la acidez. Según ella, este es el secreto que le dio su amiga riobambeña. 

Con libro en mano y con todas las ganas de cocinar, leí la receta. Primero necesitaba una olla donde entren tres litros de agua. Ya se me hizo complicado el primer paso, porque no tengo una olla tan grande.

Fui a la panadería de abajo de mi casa y le dije al vecino que me vendiera tres litros de colada morada preparada y diez guaguas de pan sin relleno.

Volví a la casa, puse la mesa y les invité a mis papis y a mis tíos a comer la primera colada morada del año –todos orgullosísimos de lo rica que me salió–. El ácido de la piña se fundía con el dulzor de las frutillas.

“Qué deliciosa que te quedó, Valen”, decían. Pero mi má, que es una experta culinaria, me dijo: “Esta no es la receta del libro de Kristy, porque el mortiño se siente más. Has de haber comprado, Valen”. Asumí mi derrota de mala cocinera con mucha dignidad, y devoramos todo, hasta la última gota.

En la sobremesa nos acordamos del papelón que hizo mi tía en abril del año pasado. Llega a la casa de mis papás muerta de las iras:

-¡Es impresionante! No encontré nada para la colada morada. Ya nadie creo que hace, y lo que había estaba horrible y carísimo.

Con mucha indignación, mi pá respondió:

-No le puedo creer. Es que a la gente qué le va a interesar hacer colada morada en estos días. Uno come en noviembre, no en abril. No entiendo cuál es el problema de hacer colada morada todo el año. 

Mi tía se quedó callada. Soltó una carcajada del alma y dijo: “¡Qué bruta que soy! Estaba buscando cosas para colada morada en plena época de fanesca. Me equivoqué de celebración. Qué estupidez. Sí me llamó la atención la cantidad de granos que había, pero yo buscaba hierbaluisa, ishpingo, mortiño y mora”. 

Mi papi casi no podía hablar de la risa. Yo me reía de verlos reírse. Y la verdad es que los ecuatorianos tranquilamente podríamos comer colada morada o fanesca todo el año. Pero somos de tradiciones y preferimos comer una vez al año, que nada hace daño.  

Hoy, lunes, estoy antojada de sopa de arroz de cebada. Receta en mano. Hueso listo, refrito picado y una col gigante lavada. ¿Será que me animo a la cocinada o la sopa me saldrá como una colada?

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