El Chef de la Política
¿Cómo piensan los presidenciables? Ubíquese y ubíquelos
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

17 Ene 2021 - 19:03

Desde hace algún tiempo, los mercaderes tanto de la política como de la asesoría en campañas electorales, se empeñan en decir que las ideologías no existen y que la distinción izquierda-derecha o conservador-progresista es cuestión superada.

Tratan de descontextualizar las ideas de Francis Fukuyama (el fin de la historia) o las de Zygmunt Bauman (la sociedad líquida) para, desde allí cegar al electorado y llevarlo a que vote en función de ofertas imposibles de cumplir o fatuidades que terminan colocando a los candidatos en ridículo ante la opinión pública.

De esa forma, la política se vacía de contenido y estos individuos, carentes de principios éticos, se llenan los bolsillos de dinero. Así funciona el mercado electoral hoy por hoy.

La ideología es la forma como cada persona concibe cómo debería ser el mundo en lo económico, lo político y lo social.

En lo económico, por ejemplo, se puede situar a las personas de izquierda a derecha. Muy a la izquierda están quienes piensan que el Estado debería ser el eje articulador de la economía y que las dinámicas desde el sector privado debe ser vistas con cautela.

Ahí se prioriza la producción local y al comercio internacional lo evalúan con reservas. Cuba, Venezuela o Bolivia son los referentes en lo político.

Muy a la derecha se sitúan los que están en la línea de que el aparato estatal debe regular pero no controlar al mercado y a los agentes económicos. La apertura en las relaciones comerciales es un punto clave de desarrollo y la competencia debe primar.

Estados Unidos es el gran referente en el plano político. Si bien hay matices que están entre la extrema izquierda y la extrema derecha, el posicionamiento va en la línea mencionada.

En el plano de los valores; es decir, qué opino respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo o a la capacidad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo con relación al aborto, por citar solo dos ejemplos, las personas nos situamos en un eje que va de conservadores a progresistas.

Los conservadores creen en la tradición y la familia clásicamente concebida. Por tanto, un conservador extremo se opondrá tanto al aborto como a las relaciones de personas del mismo sexo en cualquier caso. Un progresista extremo, de su lado, aceptará ambos temas sin ningún tipo de restricciones.

Lo más importante de todo es que es perfectamente viable asumirse de derecha en lo económico-político y ser conservador en los valores o de derecha en lo económico-político y progresista en los valores.

En el sentido opuesto, es factible también autodescribirse como de izquierda en lo económico-político y conservador en la carga de valores; y, de izquierda en lo económico-político y progresista en los valores.

Si las personas nos podemos situar así, los candidatos no son la excepción. En el gráfico que sigue ubicamos a los dieciséis presidenciables en función de la descripción dada.

En el cuadrante de la ‘derecha-conservadora’ se sitúa la mayoría de ellos: Lasso, Romero, Gutiérrez, Andrade, Almeida, Celi, Sagnay y Freile. Son promercado en lo económico pero, a la vez, conservadores en cuanto a valores.

Sin embargo, hay que anotar que luego de los dos debates daría la impresión que Freile podría situarse en el eje de la ‘derecha-progresista’.

En el cuadrante de la ‘izquierda-conservadora’ solo está Arauz, siguiendo el posicionamiento del expresidente Rafael Correa. Es un candidato estatista pero conservador en valores.

En otras palabras, piensa de forma similar en cuanto a la tolerancia con las diferencias que los candidatos de la ‘derecha-conservadora’ pero difiere en los temas económicos y políticos.

 

En la parte inferior está el cuadrante de la ‘izquierda-progresista’ y allí, a diferencia de otros procesos electorales, hay mayor oferta: Pérez, Larrea, Hervas, Velasco, Peña y Carrasco. Creen en una mayor intervención estatal, pero son abiertos en temas de valores como los ya mencionados (GLTBI o aborto).

Finalmente, en el cuadrante de ‘derecha-progresista’ se sitúa solamente Montúfar. Por primera vez desde el retorno a la democracia este espacio ideológico tiene un representante; vale decir el espacio de quienes propugnan más libertades en lo económico, pero a la vez, observan el país bajo la convivencia y el reconocimiento de las minorías. Como se dijo, quizás en este cuadrante también podría estar Freile. 

***

Varias conclusiones se pueden sacar de lo dicho. Por un lado, el ejercicio sirve para que el votante elija al candidato que más se acerca a lo que él mismo piensa.

Si bien entre los candidatos situados dentro de un mismo cuadrante hay diferencias, la tipología sirve para identificar cómo piensan y cómo gobernarían.

Por otro lado, y esto como expectativa de mediano plazo nada más, haría muy bien al país tener una sola fuerza política que represente a cada espacio ideológico. Así, tendríamos cuatro partidos nacionales, con lo que el elector estaría en mejores condiciones de razonar su voto y el CNE podría hacer su trabajo de forma más eficiente.

Finalmente, los únicos que saldrían perjudicados con un ejercicio cívico de aclarar las ideas políticas de la ciudadanía y de los candidatos serían los mercenarios de la política.

Ellos medran de posicionar la idea de que a la gente no le importa la política, pues allí sus estrategias para capturar el voto sin ningún tipo de consideración ética ganan espacio, a la par de que sus cuentas se engrosan rápidamente, en muchos casos con fortunas mal habidas.

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