Lunes, 24 de junio de 2024
En sus Marcas, Listos, Fuego

Compra-venta de cargos públicos explicada por un penalista

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

5 Abr 2022 - 19:03

Nadie puede huir de este análisis de la publicación de La Posta sobre compra-venta de cargos públicos. Esto es algo que todos deben leer para entender lo que sucede tras bastidores.

Andersson Boscán empieza diciendo: "a continuación verán a tres completos desconocidos". Es justamente esa calidad de desconocidos, la infraestructura de USD 45 por metro cuadrado de la oficina del video, sumado al calibre de la negociación, lo que me sentó a hacer números.

Empecemos juntos pecando de ingenuos. Es que las cifras de la negociación por cargos públicos hacen que nos estrellemos contra la realidad.

¿Por qué alguien, en su sano juicio, estaría dispuesto a pagar USD 2 millones por un cargo público? La respuesta es escalofriante: porque la inversión vale la pena, pues estamos hablando de una rentabilidad de entre el 75% y el 250% de la inversión, con riesgo: medio.

Les explico. Si alguien soborna con USD 2 millones para tener un cargo público es porque aspira, en el corto plazo, obtener uno de estos dos resultados: recuperar lo invertido y, si se puede, hasta quintuplicarlo.

Entonces aquí va este ingenuo otra vez. Hagamos números: un cargo público medio, al que aspiraban estos desconocidos de camisa arrugada y pantalón corte hip hop, tiene una remuneración promedio de USD 3.500 mensuales.

Vamos a olvidar el léxico callejero que se escucha en la negociación e imaginar que el ofertante es una mente brillante que consigue quedarse en el cargo los tres años que le quedan al gobierno. ¿Saben cuanto habrá ganado la criatura en tres años? USD 126.000.

Algo falla en el análisis financiero, ¿verdad? ¿Quién le da el vuelto de USD 1.874.000 de su 'inversión'? Aquí está la clave. Nadie paga USD 2 millones por un cargo si el objetivo no es:

  • a) Ocupar el cargo para dilapidar los fondos del Estado (rata babeante).
  • b) Limpiar unas manchitas que por aquí y por allá tienen unos billetitos (rata higiénica).

¿A qué apuntaban? Y aquí viene lo más importante, tomen nota. El cargo que se compra debe cumplir tres características estructurales para ser un buen negocio:

  1. Normativamente, debe permitir al encargado ser ordenador de gasto.
  2. Orgánicamente, el cargo debe otorgar la capacidad de ser adjudicador de contratos.
  3. El cargo, además, tiene que ser en una cartera o departamento con un presupuesto asignado a contratación de bienes o servicios de entre USD 20 millones a USD 100 millones anuales (estoy pensando en el sobreprecio y en la comisión/diezmo).

¿Se dan cuenta de lo que está pasando? ¿Se dan cuenta de lo que siempre ha sucedido? Yo tengo una frase fracasada que contesta a todo esto: ¿Quieren ganar mucho dinero? Trabajen en el sector privado y sean los mejores entre sus pares. ¿Quieren servir al país, tener una vida digna y jamás ser millonarios? Sean funcionarios públicos.

Esto es fácil, el funcionario público que entra a servir, jamás se jubila siendo rico. Miento. Se jubila siendo honorable, que es la mayor de las riquezas.

No existe forma de hacerse millonario en un cargo público si no es robando. Esto debe quedar claro: el sector público como contraprestación paga una remuneración a sus servidores y eso es todo. 'No more'. ¿Quieren más? Salgan a competir en el mercado del sector privado.

Ahora bien, todo lo anterior es nada frente a lo que preguntaré a continuación: ¿de dónde carajos esos tres tristes tigres sacan USD 2 millones?

¿Alguien puede tener USD 2 millones? Claro que sí, y está muy bien. Pero el que tiene varios millones limpios, no aspira jamás a invertirlos para robar. Ningún empresario honesto es tan menso como para enlodar dinero transparente.

Estos tres desconocidos están hablando de cifras cuya procedencia empieza a preocuparme. Créanme, ellos no son los propietarios del dinero, aquí existen inversionistas del bajo mundo que necesitan deshacerse de dinero en efectivo para asegurarse de alguna forma recuperar cada billete, pero bancarizado y recién salido de la lavadora.

Y como soy penalista y veo el mundo como es y no como yo quisiera que fuera, les voy a contar quienes invierten ese dinero en la compra de cargos públicos: contratistas (privados) que tienen dinero sucio (léase no justificado o producto de algún delito), que necesitan deshacerse de él para recuperarlo a través de contratos con el Estado (y así el dinero les regresa llega recién lavadito y con intereses). ¿Ahora entienden?

Acabo con esto: el video publicado por La Posta nos obliga a recordar que las ratas han sobrevivido hasta a una bomba nuclear.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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