Leyenda Urbana
La consulta de Lasso y la fábula del escorpión y la rana
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

6 Sep 2021 - 19:03

La consulta popular que el Presidente Guillermo Lasso anunció, en Ecuavisa, en entrevista con Alfonso Espinosa de los Monteros, parece la profecía anunciada por quienes no se dejan sorprender por los cambios cosméticos de los políticos, ni creen en sus declaraciones, plagadas de promesas que nunca serán cumplidas, puesto que conocen su naturaleza. Su ADN político.

En la fábula atribuida a Esopo, el escorpión le pide a la rana que le ayude a atravesar un arroyo, prometiéndole que no le picará, porque eso haría que ella muriera y él se ahogara. Pero, a mitad de la travesía, el escorpión le hincó el aguijón. Cuando la rana le preguntó por qué lo hizo, el escorpión le respondió: “es mi naturaleza”.

La fábula grafica la conducta de ciertos políticos ecuatorianos, cuya palabra no tiene crédito, y cuya gestión es egoísta y carente de visión colectiva, aunque implique su propia ruina. Y la del país.

En el momento más alto de su popularidad (74%, según Cedatos y 64%, según Perfiles de Opinión), Guillermo Lasso habrá decidido usar ese capital político, no solo porque la escuela argentina de Macri, debería ser pedagogía aprendida, para no repetir los errores del mal uso del ‘timing’. Sino porque no tiene alternativa.

Una carambola del destino encuentra al Presidente frente a una dicotomía: reconocimiento, dentro y fuera del país, por cumplir su oferta de vacunar a nueve millones de ecuatorianos en 100 días. Y el desmoronamiento del acuerdo legislativo de su movimiento CREO con Pachakutik (PK), Izquierda Democrática (ID) e independientes.

En estos instantes, es probable que Lasso reflexione si valió la pena mostrarse tan desprendido, para entregar a los coaligados la Presidencia de la Asamblea y las dos Vicepresidencias; la mayoría en el Consejo de Administración de la Legislatura (CAL) y hasta la Presidencia de la Comisión de Régimen Económico, que les tocó ceder.

Visto los efectos, el acuerdo habrá sido bueno en ese momento; uno muy complicado, en el que tampoco tenía alternativas, tras romper con el PSC, su aliado electoral.

Hoy, todo parece que llegó a su fin.

Diluido el acuerdo en las aguas de los intereses y los cálculos, de quienes están en el presente, pero parecen vivir en 2023 -año de elecciones-, el Ejecutivo no tendría nada más que hacer, sino preguntar al soberano.

Que el Gobierno se decante por la consulta no parece estaba en los planes de los partidos y movimientos, que han debido improvisar reacciones distintas a cuando la ministra Alexandra Vela la mencionó como una posibilidad, y que llevó a ciertos dirigentes a lanzar dardos contra Carondelet.

Enredada en su laberinto ético, la Asamblea se muestra indolente, mientras siete de cada 10 ecuatorianos no tiene empleo formal. Un drama cuyo rostro más doloroso es la nueva oleada migratoria de compatriotas que, a riesgo de perder su vida, en fronteras controladas por mafias transnacionales, abandonan el país.

Este cuadro social dantesco no ha merecido la reacción de la Asamblea, que no da señales de que aprobará una Reforma Laboral, que implicaría cambios sustanciales en la contratación, para propiciar la creación de empleos, y que regirán para futuro, sin tocar las garantías vigentes.

Tampoco la Reforma Tributaria, para recaudar más y mejor, con la contribución de quienes más tienen, y paliar, en algo, el déficit fiscal estimado en USD 5.000 millones; así como las reformas a la Seguridad Social y la Petrolera, de las que habla el Ejecutivo.

En la Asamblea, parece, se vive una realidad paralela.

Para quienes dudan, es la que ratificó, sin financiamiento, el incremento en los salarios a los profesores del sector público, hecho, de manera irresponsable, por el anterior gobierno, en una burla sin nombre a un sector que merece respeto.

Es la Legislatura que condenó el regreso de Ecuador al CIADI, y rechazó el dictamen de la Corte Constitucional, que señala que la suscripción del convenio no requiere la aprobación de la Asamblea.

Es la misma en la que 95 legisladores se abstienen de prohibir, de manera temporal, comercializar la pesca incidental, que es una forma cruel de depredación, aunque, de manera falaz, se dicen defensores de la naturaleza.

Desde luego que el Ejecutivo está obligado a cumplir el ritual de enviar las reformas al Legislativo. Uno distinto al de mayo, cuando la presidenta Guadalupe Llori ofreció tender puentes. Y un entusiasmado Guillermo Lasso, exclamó: “¡Quién habría dicho, algún día, que un exbanquero y una lideresa indígena, proveniente de la Amazonia, llegarían a presidir al mismo tiempo estas dos funciones del Estado!”

Son tiempos diferentes; uno en el cual lo bueno para el Gobierno, parece malo para ellos.

La ruta del Ejecutivo luce complicada, porque habrá turbulencia política. Pero, es la que hay.

Por eso, es imprescindible afinar las sensibilidades sociales y mejorar la comunicación, para que la gente adhiera, conociendo los escenarios.

Elaborar las preguntas para la consulta requerirá un trabajo de filigrana y el aporte de los mejores constitucionalistas.

El desenlace del acuerdo con la Asamblea ha sido un duro aprendizaje para el Gobierno, al punto de que, en la fábula del escorpión y la rana, habrá encontrado explicación.

¡Es la naturaleza de la política ecuatoriana!

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