En sus Marcas, Listos, Fuego

El baby shower de Jorge Glas

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

17 Ago 2022 - 8:43

¡Ni saben! ¡Georgie está embarazadísimo! Aún no sabemos si es un embarazo extrauterino o ectópico. No se sabe si fue in vitro (contra el parabrisas), por inseminación artificial (mientras veía sangre en las paredes) o por fecundación natural.

Lo que se sabe por el momento es que se trató de una noche de copas, que el padre de la criatura se llama Christian Araujo y que la seducción se dio gracias a la música de fondo de una tal Bad Banny.

Les voy a explicar por qué no deben enojarse por el habeas corpus. En verdad, ríanse, porque es tan, pero tan, ¿cómo decirlo? Tan rústico, tan criollo, tan de aldea, que es como ver ‘Mi Recinto’ o ‘A todo dar’ como máxima referencia de la justicia constitucional.

Primero lo primero. El artista es el juez y procesado Banny Molina, más conocido en la noche de copas como Bad Banny, quien redactó su sentencia haciendo alarde de sus amplios, incontrovertibles y eruditos conocimientos.

Si leen la sentencia -escrita con esa espantosa forma de escribir que tenemos los abogados- dice básicamente esto: “kyō wa sekkusushitai, demo anata to dake, doko ni imasu ka, doko ni imasu ka. Ajá, Yonaguni de principio a fin. Ese Bad Banny es un loquillo.

Pero mi función es hacer de traductor y llevar el vocabulario jurídico al vocabulario cristiano, así que ahí vamos.

Para que un habeas corpus inicie, alguien debe presentar una acción de habeas corpus. Ese alguien debe ser una persona, no un robot, no una planta, alguien.

Ese alguien, que se convierte en accionante, debe alegar una privación de libertad que no ha cumplido con los parámetros establecidos en la ley o un hecho que vulnera o pone en riesgo la libertad, la integridad personal (de un privado de la libertad) o la seguridad (también de un privado de la libertad) de sí mismo o de un tercero.

Y eso es lo que se discute. Por ejemplo, si se trata de amenaza a la integridad física y el accionante demuestra que tiene cáncer y que solo una quimioterapia en un hospital de Quito lo puede salvar, entonces obvio, el juez no ordena la libertad, sino que obliga al Estado a trasladarlo para que reciba la quimioterapia.

Y en todo habeas corpus –en toda acción constitucional– pueden aparecer los famosos amicus curiae o partes coadyuvantes (Art. 12 del a LGJCC).

El amicus lo puede presentar alguien que tiene interés en la causa (en esa causa, en la del hombre con cáncer), por ejemplo, podrían presentar un amicus su médico oncólogo, sus hijos, una fundación de lucha contra el cáncer, etcétera.

Y parte coadyuvante es quien igual tiene interés (pero en este caso interés directo) en la causa y quiere que se mantenga la condición que ataca el accionante. Por ejemplo, el director del hospital que comparece para decir que no lo trasladen porque pone en riesgo la seguridad de los otros pacientes.

¿Pero se dan cuenta del detalle? El amicus o el tercero comparecen como partes con interés en la causa principal y nunca a una causa distinta.

Déjenme ahondar para que luego se rían conmigo (también podemos cantar Safaera y ya saben cuál parte queremos cantar).

Imaginen una acción constitucional de un grupo de ambientalistas que quiere que se prohíba la explotación minera en el territorio X. ¿Quién podría presentar un amicus? Fácil. Por ejemplo, otra organización ambientalista con el mismo interés.

¿Y quién podría ser parte coadyuvante? La asociación de empresas mineras que quieren explicar por qué los ambientalistas se equivocan. ¿Ven?

Ahora bien, en el caso puntual, Christian Araujo (un man) presenta un habeas corpus porque “demuestra” que sufre de hipoparatiroidismo, lo que provoca que el cuerpo produzca niveles anormales de la hormona paratiroidea, que sirve para regular y mantener el equilibrio del calcio y del fósforo en el cuerpo.

¿Y quién creen que se presenta como “tercero interesado” en la causa de Christian Araujo? Un tal Jonathan Roberto Aguinda Shiguang en representación del ingeniero, madre soltera y recluso: Jorge Glas Espinel.

Ustedes se preguntarán, ¿y por qué es tercero interesado en el caso de hipoparatiroidismo de Christian Araujo? Pues por nada. A menos que sea papá del hijo que lleva en su vientre Jorge Glas.

¿Pero de qué embarazo hablo? Siéntense que se caen: pues resulta que se presenta como tercero interesado porque dice que su salud también corre riesgo, entre otras cosas, porque Jorge Glas está embarazado. No es broma, se los juro. Entren a ver la causa Nro. 13U02-2022-00338 y cáiganse de espaldas.

Y por ahí, de refilón y en un ataque de celos, también se presenta Daniel Salcedo como tercero interesado. A mí me disculpan, pero o comparece para pelear la paternidad de la criatura o no tiene interés alguno. Es que es tan inaudito que no me enoja, me produce risa nerviosa.

¿Se dan cuenta? Es como que a usted, querido lector, su ex le siga un juicio de alimentos y yo me presento como tercero porque mi inquilino, que no es ni usted ni su ex, no me ha pagado el arriendo. ¿Se dan cuenta de la grandísima cojudez?

Es que esto no solo se trata de que un tipo cualquiera alegue que otro tipo, sin útero, sin óvulos y sin trompas, está embarazado, se trata de que para ser “tercero” se debe ser “tercero” con interés en la causa principal.

¿Y qué creen que hizo Bad Banny? Entonó el ritmo de la música que profesa y escribió, Administrando Justicia en Nombre del Regetón y de la Aldea Soberana del Ecuador. “¿Cuál es tu plan? Cuando quieras tú me avisas y nos vamos de aquí, nadie tiene que enterarse de que te lo metí…”

Ajá, ¡nos la metieron enterita, porque Bad Banny ordenó la libertad de los tres! ¿Quieren más? Bad Banny estaba suspendido porque está procesado y llamado a juicio por otro delito. Ajá, el juez, el perreador, no podía dictar la sentencia, y no solo porque su intelecto hace que sandunguear sea la forma de metafísica más profunda a la que pueda arribar, sino porque no tenía jurisdicción.

Y ustedes me preguntarán: ¿Por qué Felipe, por qué estás tan vulgar y escribes canciones sucias? La respuesta es sencilla, porque me he matado estudiando y hoy intento trasmitir el Derecho a mis alumnos como si de una sinfonía de Mozart se tratara, pero luego me estrello contra el mundo y me doy cuenta de que no existe otra forma de explicar lo sucede en el Ecuador (sobre todo en ciertos cantones donde hace calor) que no sea con el buen Bad Bunny, el representante máximo de nuestra cultura jurídica.

Así que pasen, adelante, bienvenidos al Baby Shower de Jorge Glas. En esa cajita negra que está sobre la mesa, pueden depositar sus regalos o contribuciones…

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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