Leyenda Urbana

Lasso, con la soga al cuello. Correa, se lanza con todo

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

21 Mar 2022 - 19:03

Era para poner tablado: en la Comisión de Fiscalización, instalada el viernes anterior, para iniciar el trámite del juicio político al contralor subrogante, más de veinte correístas presionaron, a la brava, para que se alterara el orden de los juicios políticos al Consejo Nacional Electoral (CNE), al Consejo de la Judicatura, y se diera paso al juicio a los cuatro vocales del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs), a quienes quieren fuera del organismo.

A estas alturas, ya ni siquiera les importa guardar las apariencias. Lo único que pretenden es tomarse ese Consejo, para elegir contralor y llegar a la joya de la corona: la Fiscalía General del Estado.

Con cinismo y desparpajo, retiraron el juicio político al procurador Íñigo Salvador. Y pretenden que Pachakutik (PK) retire las solicitudes de juicio político contra los vocales del CNE.

Revisar los procesos y deshacer las sentencias de su líder prófugo y de los cercanos acusados por corrupción, es el leitmotiv del correísmo. 

En la cruzada por apoderarse del Cpccs está también el Partido Social Cristiano (PSC), con intereses propios, y con la sangre en el ojo desde que el presidente Guillermo Lasso prefirió a Guadalupe Llori, de PK, para presidir la Asamblea Nacional, antes que a Henry Kronfle, del PSC, quien, de acuerdo a las tratativas, propiciaría la creación de una ‘Comisión de la verdad’.

La bendita ‘Comisión’ buscaría anular los juicios que tienen al residente en Bélgica con sentencia en firme, por cohecho agravado.

Todo esto el país lo sabe de memoria desde antes que Guillermo Lasso asumiera la Presidencia de la República; por eso, ciertos actos de Carondelet rayan en la ingenuidad política, y denotan ausencia de transparencia.

Nunca se dijo cómo lograron que el bloque de UNES se abstuviera en la votación de la Reforma Tributaria, que implicaba aumento de impuestos, para que entrara en vigencia por el ministerio de la Ley. 

Es más, nunca siquiera han admitido que hubo un acuerdo. 

Pero UNES, abocado a críticas dentro de la Revolución Ciudadana y fuera de ella, va a enmendar. La semana pasada votó para derogar esa Ley. 

Tragedia para el Ejecutivo, alegría para los tocados por esos impuestos.

Tampoco se ha explicado por qué el bloque oficialista del BAN votó junto al correísmo, PK y algunos sueltos de la ID para aprobar una repudiada amnistía para 268 acusados, y con 45 errores, donde se mezcló a buenos y a peligrosos.

Cómo se logró 99 votos es un misterio, porque los acuerdos no se hacen a la luz del día, y se vota a la madrugada, para que el pueblo no vea la impudicia.

El Gobierno critica la amnistía que mantiene a su aliada en la Presidencia de la Asamblea. ¿Cómo se logró? ¿Qué llevó a los “rebeldes y patriotas” de PK, que abjuraban del manejo del Consejo de Administración Legislativa (CAL) a salvarla? ¿Cuánto tuvo que ver el Ejecutivo? 

El silencio demoniza los acuerdos y los pactos, legítimos en democracia. Cubre de niebla el ambiente y acelera el desgaste político del Ejecutivo.

A solo días de que el correísmo lograra, con la amnistía, liberar del grillete a la Prefecta de Pichincha, Paola Pabón; al parlamentario andino, Virgilio Hernández, y conseguir borrar los antecedentes judiciales para otros cercanos, volvieron a sus andanzas. 

Junto a otros sectores, aumentaron las jubilaciones a los maestros –que las tienen merecidas-, pero usando el dinero de la Ley Tributaria por la que, días antes, votaron para echarla abajo.

Con una conducta sinuosa, la Asamblea es el epicentro de las trampas, la traición, los amarres. Y las mentiras. De allí, nada se puede esperar.

Un país donde siete de cada 10 personas en edad de producir no tienen empleo adecuado; hay carencia de medicinas, y una violencia de dimensiones apocalípticas, aterra a amplios sectores; la Asamblea no se da por enterada.

La propuesta de ley sobre el uso progresivo de la fuerza duerme el sueño de los justos. Y el destino del proyecto ley de Inversiones es incierto.

Al Gobierno del Presidente Lasso, la Asamblea le ha cerrado el paso.

En este escenario, otra vez, la muerte cruzada, cuyo Decreto Guillermo Lasso dijo, en octubre, tenía firmado en su escritorio, parece ser, in extremis, la alternativa que le queda, aún a riesgo de perder todo.

El mandatario no supo aprovechar su popularidad, de cifras históricas, del 74% de respaldo, por la exitosa campaña de vacunación.

Hoy, con solo 34%, según Perfiles de Opinión, debe arriesgar, porque no puede seguir sometido y maltratado por una Asamblea, que parece haber convertido al hemiciclo parlamentario, en casino.

Ir a las urnas sin reformar las leyes y el Código de la Democracia, pone en riesgo de repetir una Asamblea parecida a la de ahora, con 14% de aprobación.

Pero no queda más. Un gobierno de coalición, remozando el Gabinete, sería una aventura, por la calidad ética de la contraparte.

Lo que podría hacer es convocar a todas las fuerzas políticas a Palacio, para un diálogo ante la faz pública, para que se comprometan a tramitar las leyes.

Quien no vaya, quedará expuesto.

La hora de una decisión contundente y dramática ha llegado. 

Lasso no puede quedarse paralizado; sería ponerse la soga al cuello, mientras el correísmo, va con todo.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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