Leyenda Urbana

Lasso en su laberinto, agranda lista de enemigos, pero Correa tiene refugio y Glas está libre

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

2 May 2022 - 19:00

Algunos ministros y funcionarios habrían preferido seguir con la mascarilla, para que no se notara su malestar frente al desafuero presidencial. Debió haber sido mortificante.

Una ceremonia llamada a ser memorable, porque escenificaba el mayor logro del primer año de gestión de Guillermo Lasso: la vacunación para salvar vidas, por lo cual llevar mascarillas ya no sería obligatorio, devino en una parodia de la política rastrera, en la que el líder del ‘Gobierno del Encuentro’, ataca, a gritos, al dueño del banco más grande del país, acusándolo de evadir impuestos, lo que, de ser cierto, evidenciaría, también, la incompetencia del Servicio de Rentas Internas (SRI).

Los últimos dos meses han sido para el presidente Lasso tiempos descarnados, que lo han expuesto ante la faz de la República.

Amnistías a la madrugada, con los votos del bloque oficialista; renuncia de ministros, que se van diciendo sus verdades; masacre en la cárcel de Turi, sicariato imparable y narcotráfico en Guayaquil y otras ciudades. 

Alexandra Vela dejó el Ministerio de Gobierno, entre otras razones, porque Carondelet no acogió la muerte cruzada que a ella le parecía el mecanismo para superar la crisis de gobernabilidad. Pero, cuatro semanas después, en Loja, Lasso volvió a hablar de esa figura, como una salida al bloqueo de la Asamblea. 

Que la política ecuatoriana es esquizofrénica lo sabemos desde siempre. Pero que los síntomas sean exhibidos de tal manera, resulta perturbador.

Los últimos dos meses han sido para el presidente Lasso tiempos descarnados, que lo han expuesto ante la faz de la República.

Tras un Gabinete binacional con su homólogo del Perú; recorridos y acuerdos con las autoridades locales, Lasso fue a ECOTEL para una entrevista. Volvió a desbarrar.

No destacó el estado de excepción focalizado en los sectores más violentos de tres provincias, que acababa de decretar, ni de la fuerza combinada de 9.000 efectivos, del Ejército y la Policía, que patrullan; sino que atacó a Correa, aunque el blanco directo fue Jaime Nebot. 

Del exalcalde de Guayaquil y líder del Partido Social Cristiano (PSC) dijo pestes y fue vulgar para referirse a las razones por las cuales considera no se atrevió a ser candidato a la Presidencia.

La respuesta de Nebot fue de la misma calaña, con lo cual la política desciende al albañal.

La psicología podría explicar el viraje conceptual de quien gobierna el país, porque cuando Nebot declinó la candidatura, Lasso lo catalogó, en Twitter, como “un indiscutible líder político del país (…) que antes de partir nos recomienda luchar por la prosperidad futura del Ecuador, algo en lo que estamos muy de acuerdo. Honor a quien honor merece”, escribió.

Luego, firmó un acuerdo político, que le significó apoyo electoral del PSC, y en contra del candidato Andrés Arauz, del socialismo del Siglo XXI. El triunfo en las urnas lo celebraron juntos en la tarima.

Hoy, asegura que Nebot lo odia y que con Correa son “mellizos conspiradores”, que quieren desestabilizar la democracia, olvidando que UNES se abstuvo, en la Asamblea, para que sus impuestos entraran en vigencia por el ministerio de la ley, reflejando un inadmitido acuerdo.

Y en marzo, el bloque oficialista BAN votó para amnistiar a 268 acusados, limpiando los expedientes para que Paola Pabón, Virgilio Hernández y, otros, sean candidatos, en 2023. 

Para que nadie se asombre, un perverso habeas corpus, de un juez de Manglaralto, ante quién los representes del SNAI asintieron todo, aunque el proceso estaba sustentado en falacias que el Gobierno conocía, liberó a Jorge Glas, el epítome de la corrupción correísta, con dos sentencias condenatorias y una tercera en apelación.

Pero en política, los errores se pagan.

No será la exitosa vacunación lo que se recuerde del primer año del Gobierno, sino la liberación del mayor reo de la justicia, que exhibe su descaro por las calles y sube a las tarimas. ¡Una vergüenza!

No será la exitosa vacunación lo que se recuerde del primer año del Gobierno, sino la liberación del mayor reo de la justicia.

La acusación de Lasso contra el presidente de la Corte Nacional de Justicia (CNJ), Iván Saquicela, de quien afirma ha actuado políticamente en el tema de la extradición de Correa, a pocos días de haberse reunido con él y con autoridades de otras funciones del Estado, en Guayaquil, para coordinar acciones por los habeas corpus mal usados por ciertos jueces, sin pruebas, resulta inverosímil.

Claro que frente al sentenciado de Bélgica y su búsqueda de protección en ese país, la CNJ y el Gobierno han actuado con indolente negligencia, tratándose de un personaje que desacredita a la justicia ecuatoriana y denigra al país, para propalar el falso relato de víctima y perseguido.

Cuántas reuniones informativas habrá tenido Lasso con Saquicela para hablar de la extradición de Correa, en la que debe participar, de manera decisiva, la Cancillería, por los trámites diplomáticos, y al tratarse de un tema de interés colectivo que tiene que ver con la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Sin estrategia ni músculo político, tras sostener a Guadalupe Llori hasta que los votos se esfumaron, Lasso tiene, hoy, aliados que no admite y están listos para traicionarlo.

La Asamblea se perfila hostil, con siniestros intereses, como crear una comisión de la verdad para mangonear los entes de control.

Guillermo Lasso será el presidente, pero no tendrá el poder. Ha perdido amigos y ganado enemigos.

Ha arremetido contra Leonidas Iza, presidente de la Conaie; Xavier Hervas, excandidato presidencial de Izquierda Democrática, y Jaime Nebot, líder del PSC. Y, por si fuera poco, parece haber olvidado que ya no es banquero, y ataca a su competidor.

En ese laberinto, la muerte cruzada que, en octubre, dijo tenía firmada en su escritorio, pero no la ha aplicado, debe ser un fantasma que lo atormenta, al igual que los sentenciados que pasean su impunidad: Correa como refugiado político, y Glas como beneficiario de ignominiosas decisiones. 

Y apenas es el primer año de su Gobierno.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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