Contrapunto
El increíble legado musical de las misiones jesuitas en América Latina
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

15 Ene 2021 - 19:01

Como es conocido históricamente, los jesuitas fueron expulsados de España y de todos los territorios de la corona de ultramar en 1767 por orden de Carlos III y, por consiguiente, fue incautado todo el patrimonio de esta orden religiosa, que incluía una gran cantidad de partituras de música barroca.

‘La música en las misiones jesuitas de Sudamérica’ es uno de los pocos documentos que existen sobre la creación musical durante la presencia de esa congregación religiosa, que comenzó en México y se extendió al sur del continente durante dos siglos.

El documento cita a varios maestros de la música, entre ellos a uno que alcanzó un gran prestigio universal: el italiano Domenico Zipoli (1688-1726), quien llegó a estudiar con Alessandro Scarlatti, uno de los más reconocidos dentro del repertorio barroco.

Inexplicablemente, dicen otras biografías, el músico nacido en Prato, desapareció del ámbito musical italiano después de su valioso aporte a la composición barroca.

La historiadora Pola Suárez Urtubey ubica a Zipoli en el “despertar del nacionalismo musical latinoamericano” y de la música culta en la América española y portuguesa. La música religiosa se extendió a lo largo de la franja del Pacífico, donde también se incluye a Ecuador, según la misma fuente.

Las partituras permanecieron durante dos o tres siglos en las iglesias; muchas sobrevivieron a las guerras, pero no al deterioro provocado por el paso del tiempo, afirma Pola Suárez. Y además de esa franja, la música religiosa fue escrita por los jesuitas en Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina, país al cual llegó Zipoli cuando decidió convertirse en misionero.

Zipoli, tras vincularse a la orden jesuita, se radicó en Córdoba y comenzó a crear desde su arribo en 1717 hasta su muerte a los 38 años de edad por causa de una enfermedad infecciosa, que otros historiadores atribuyen a la tuberculosis.

En 1716, en Sevilla, el músico había ingresado a la Compañía de Jesús y al año siguiente partió rumbo al Río de la Plata junto a varios misioneros e historiadores. Luego se desplazaron para trabajar en las hasta entonces célebres reducciones jesuíticas de Paraguay y Bolivia.

A su regreso a Argentina y en los ocho años y cinco meses que vivió en Córdoba compuso un número indeterminado de música. Algunas partituras fueron destruidas tras la expulsión de la misión en 1767, pero otro tanto logró ser rescatado y permanece en las bibliotecas.

Se atribuye al musicólogo estadounidense Robert Stevenson haber encontrado, en 1959, en Sucre, Bolivia, copias de la ‘Misa en fa’. El principal hallazgo se registra en 1972 en la Reducción Jesuítica de Chiquitos: cerca de 10.000 manuscritos, que los expertos consideran de enorme trascendencia para la musicología de Hispanoamérica.

Entre los manuscritos se encontraban misas, motetes, himnos y piezas para órgano. Otra revelación importante del documento es que la ópera Ignacio de Loyola, compuesta por Zipoli y Martin Schmid (también jesuita), fue hallada recién en la última década del siglo XX en los archivos de Chiquitos (Santa Cruz) y en Moxos o Mozos. Conocido también como San Ignacio de Loyola, a él se atribuye la fundación de la Compañía de Jesús en 1540.

Los principales personajes de esta ópera, que “posee un libreto pedagógicamente eficaz” y escrita en español son San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y el demonio que, a pesar de su dudosa seducción, “no consigue desviar a los dos santos de su sagrado deber: la evangelización”.

En las misiones jesuíticas a la ópera se la conocía como el ‘drama evangelizador’ y se constituyó en un aporte único al repertorio de América en los tiempos de la colonia, de acuerdo con la explicación de ‘La música en las misiones jesuitas de Sudamérica’.

Afirma el documento que los actores de la obra eran los mismos aborígenes y que en la puesta en escena se insertaban elementos del mundo indígena como el vestuario, arco de flores, plantas selváticas, pájaros de gran colorido y animales salvajes.

Según la Real Academia de la Historia, Domenico Zipoli no pudo cumplir su anhelo de ordenarse como sacerdote de la misión por una extraña circunstancia. El religioso que debía cumplir el rito fue ordenado obispo en Chile y cuando llegó el sucesor a Argentina, Zipoli ya había muerto.

En el siguiente video podrá escuchar la ópera San Ignacio de Loyola:

Comentarios
Noticias relacionadas

      REGLAS para comentar 
      0 Comentarios
      Comentarios en línea
      Ver todos