Una Habitación Propia

Páramo, manglar y unas tortugas tiradas por ahí

Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

30 Sep 2022 - 5:28

Si demoliéramos todos los lugares donde han hecho daño a las mujeres de nuestro país, presidente Lasso, quedaría un erial.

Piénselo: tendríamos que echar abajo colegios, universidades, bares, hoteles, restaurantes, casas, departamentos, oficinas públicas y privadas, iglesias, templos, empresas, parques, fábricas, hospitales e incluso, no me extrañaría en absoluto, el Palacio de Carondelet.

Habría que tumbar el país entero y aún así quedarían en pie sitios donde se nos ha violado, golpeado, abusado, dañado y asesinado.

Cada post 8 de marzo, Día de la Mujer, sale gente de esa que se cree bien pensante, como usted, a quejarse del daño que “esas feministas enfermas” le hicieron a la propiedad.

“¿Qué les han hecho las estatuas?¿Qué daño hacen las paredes? ¡Que alguien piense en el patrimonio! ¡Diosito papitico!”.

Resulta que ahora destruir un edificio, en la Escuela Superior de Policía, apodado, según leo, El Castillo de Grayskull, tiene que parecernos el perfecto símbolo de la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres y no lo que vendría a ser lo lógico: combatir el problema desde la raíz.

No haga tonterías, Presidente, ¿qué gana con demoler un lugar que pertenece a nuestro Estado paupérrimo si lo que queremos es respuestas? ¿Por qué contratar albañiles si lo que necesitamos son jueces, investigadores y abogados? ¿Qué hará el escombro más que intentar, como siempre, invisibilizar algo que es más que evidente?

No juegue a mago, que queda como tonto.

¿Qué gana con demoler un lugar que pertenece a nuestro Estado paupérrimo si lo que queremos es respuestas?

La vida de las mujeres vale menos que nada en Ecuador: eso nos han enseñado como sociedad, que las mujeres están para callar, satisfacer, parir, cuidar, obedecer y complacer.

“No te salgas de ese rol, no te hagas pegar, no te hagas matar, no me busques que me vas a encontrar”.

En un país que mata a diario, el asesinato de María Belén Bernal nos ha dejado un poco más muertas a todas. ¿Por qué? Por lo impúdico de que haya sido entre policías, por el obsceno pacto de silencio masculino alrededor de su feminicidio, porque si esa chica no hubiese tenido una madre tan feroz como doña Elizabeth Otavalo seguiría constando como desaparecida.

Una más. Una menos. Qué más da.

¿Cuántas hay? Quién sabe. ¿Quién las busca? Quién sabe.

Las madres, las hermanas, las feministas: nosotras nos buscamos a nosotras.

Si tumbara, presidente Lasso, todos los lugares de los que hemos salido llorando, sangrando, descuartizadas, violentadas, en fundas de basura, no quedarían más que páramos, manglares y unas tortugas por ahí.

Ni eso: tendría que drenar las aguas donde botan nuestros cuerpos y cortar los árboles contra los que nos ataron para dejarnos morir luego de agredirnos enfermizamente.

En todos lados, señor, a cada rato, una María Belén Bernal está siendo asesinada y créame, créame, ella (ellas) no quiere que nos callemos, ella (ellas) no quiere “descansar en paz”, ella (ellas) quiere que esto no vuelva a pasarle a ninguna otra mujer.

Justicia, ¿le suena?, eso es lo que quieren las asesinadas y sus familias. Saber que el feminicida se pudre en la cárcel y que el mensaje para la sociedad es que las vidas de las mujeres importan e importan desde arriba, desde el Gobierno, en todas y cada una de las decisiones que toma.

Tendríamos que echar abajo colegios, universidades, bares, hoteles, restaurantes, casas, departamentos, oficinas públicas y privadas.

Quisiera ver furia en sus ojos, señor Presidente, como hay en los míos, en los de Elizabeth Otavalo, madre de todas, y en los de mis compañeras. Quisiera escuchar en sus palabras y en las de su mujer a quien vi, dios quiera que sea por mi presbicia, semi sonreír mientras usted hablaba de María Belén.

(No puede ser, ¿verdad? Me estoy quedando ciega, ¿verdad? No puede ser que la Primera Dama sonría mientras su marido habla de un feminicidio que tuvo lugar en la Escuela Superior de Policía del Ecuador).

Me gustaría, digo, que muestre que esto le ha indignado tanto como a todas nosotras, que nuestras vidas, las vidas de las niñas, adolescentes y mujeres ecuatorianas son su prioridad, que invertirá en campañas contra la normalización del maltrato doméstico.

Que habrá más juzgados especializados en mujeres, que se invertirá en la formación de policías con conciencia de género, que el mensaje que recibamos todas sea: esto no lo voy a permitir más.

De otro modo, queda como un niño pelele que en medio de una rabieta da patadas en el suelo y rompe cosas porque no sabe ni quiere actuar como un adulto.

El país necesita un adulto, señor: demuestre que está a la altura, pero no a mí ni al feminismo, demuéstreselo a María Belén que, como hombre creyente que es, sé que sabe que lo está mirando.

A ella se lo debe.

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Miguel Torres
30 septiembre, 2022 10:13

Bien… Muy bien. Alguién, en el pasado, les mostró el pecho a la balas ¿simbólico? Hoy, otro, se baja los pantalones. Y lo mantendrán así hasta que le den una patada en el trasero. ¿Se dejará?