Leyenda Urbana

Morir matando; Guillermo Lasso echa el resto 

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

28 Mar 2022 - 19:03

Un hospital, una empresa eléctrica, un ministerio, dinero en efectivo, ¿qué habrá pedido Rosa Cerda, la asambleísta que aconsejaba robar, pero robar bien, a cambio de votar por el proyecto de ley de Inversiones?

Y ¿sus compañeros de Pachakutik, Gisella Molina, Edgar Quezada, Celestino Chumpi y Cristian Yucailla? ¿Y el asesor legislativo Marcelo Rosero?

¿Hay pruebas de la denuncia? ¿Por qué no se denunció antes de la votación? ¿Podrán los asambleístas probar que no es verdad?

Dos días después de haber sacudida la ya trémula política ecuatoriana, con una declaración al borde del frenesí -al calificar de ladrones, corruptos y chantajistas a los asambleístas-, el sábado por la tarde, el presidente, Guillermo Lasso, reveló los nombres de los denunciados.

Antes, dispuso a la directora del Servicio de Rentas Internas (SRI), investigar al excandidato presidencial por Izquierda Democrática (ID), Xavier Hervas, a quien acusó de pedirle favores tributarios.

Le adjunta los valores declarados por el empresario y remite copia a la directora de la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE).

Al dar los nombres y ponerlos ante la justicia, Lasso que había dinamitado cualquier conexión con la Legislatura, colocaba una suerte de puente Bailey emergente, para preservar la comunicación con la primera función del Estado.

Fue una operación urdida, en Carondelet, donde ministros, asesores y consejeros debieron apelar a los manuales de manejo de crisis, para superar el trance, luego de que Lasso se ubicara, en un punto de no retorno, por las temerarias denuncias.

El control de daños debió cubrir diversos flancos. 

Incluyó llevar al Presidente al KFC de un centro comercial para grabarlo mientras hacía la cola para ordenar y cuando se servía pollo y papas fritas, luciendo el mismo atuendo de suéter rojo y jean, con el que hizo las acusaciones. 

Las cuentas de Twitter afines al poder postearon las imágenes de Lasso, pero junto a otras de un almuerzo en Carondelet, donde el expresidente Rafael Correa estaba acompañado por Miguel Bosé, disfrutando las delicias palaciegas. 

La conversación, devenida en batalla por los dos dirigentes, remarcó las diferencias: el exbanquero comiendo pollo en un popular local y pagando la cuenta; el ‘socialista’ de mantel largo, degustando exquisiteces, a costa del dinero público.

Mientras la gente hablaba de KFC, en el Palacio de Gobierno, los abogados redactaban los oficios para que la fiscal Diana Salazar investigara a los asambleístas.

Y la directora del SRI a Xavier Hervas, a quien el presidente Lasso había visitado el martes, en su fábrica.

¿Por qué el presidente acusó a la asambleísta Gisella Molina, de PK, si ella votó a favor de la Ley de Inversiones? Nadie ha respondido.

La crisis institucional persiste, y eso es grave.

Sometido a una enorme presión y con las voces más influyentes discrepando entre ellas, Lasso no se pronuncia.

Al día de hoy, la consulta popular luce como lo más probable. No resolverá el problema de gobernabilidad, pero propiciará la reforma política, que es urgente, para las elecciones generales de 2025 y eliminar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, devenido en un bodrio político. 

La muerte cruzada que mandaría a casa a los asambleístas repudiados por los ecuatorianos, y daría un margen de seis meses para que Lasso gobierne por decretos, es una ruleta rusa, y el Presidente no se siente seguro, a pesar de que no hay, a la vista, rivales con posibilidades. 

Mientras tanto, las elecciones seccionales del 2023, empezarán a animarse con la presentación de los probables candidatos.

Tampoco el Gobierno ni CREO tienen figuras fuertes, al menos, en las grandes ciudades.

Coincidencias o no, el nombre de Xavier Hervas había vuelto a sonar tras una encuesta de Informe Confidencial, del 14 y 15 de marzo, en Quito, en la que ubica al ex aspirante presidencial por la ID como la primera opción si fuese candidato a la Alcaldía de la capital, el año próximo. 

Hervas es mejor valorado que muchos políticos en funciones, mientras que su imagen negativa es inferior a la de los otros.

Por eso, no llamó la atención que el sentenciado de Bélgica y sus acólitos se unieran para desmoler la imagen del político naranja.

Visitar a Hervas en su finca ¿fue una operación política de precisión quirúrgica? ¿Hervas tiene problemas con el SRI?

Maquiavelo decía que retener el poder es un arte, y que “solo el resultado justifica la acción”; el fin justifica los medios.

Con la figura de Nebot alicaída, la de Yaku Pérez, desdibujada; con Pachakutik suicidándose públicamente, por las denuncias contra sus asambleístas, solo el correísmo mantiene respaldos; no tiene una figura descollante, pero es el rival.

En semejante escenario, Lasso va con todo. 

Una seria denuncia de Expreso que involucra a Joaquín Villamar, exesposo de la alcaldesa, Cynthia Viteri, ha usado el Presidente para dar instrucciones a la titular del SRI a que investigue las adquisiciones de terrenos, de cifras cuantiosas. 

En Guayaquil, Viteri tiene buenas cifras de respaldo.

Mientras tarda en decir qué camino constitucional tomar, Guillermo Lasso parecería haber decidido, como se dice en el argot popular, echar el resto; o sea, morir matando.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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