De la Vida Real

El Mundial me tiene al límite matrimonial, familiar y existencial

Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

14 Nov 2022 - 5:27

Todavía no empieza y la gran expectativa que causa me tiene al límite matrimonial, familiar y existencial.

Hace un mes, mi amiga Pame me escribió para invitarnos a un club a ver la inauguración del Mundial. Me pareció un plan maravilloso: estar entre amigos, en un lugar donde los guaguas puedan jugar y los grandes estemos tranquilos, concentrados, viendo a la Selección Ecuatoriana abrir este magno evento.

Me imaginé todo el escenario de estar rodeados de personas emocionadas al oír el himno nacional. Y ver el primer partido entre amigos y desconocidos, todos con un mismo sentimiento de orgullo y patriotismo. Mi mente planeó el escenario perfecto para lograr que me involucrara en algo con el fútbol.

Feliz, fui a contarle al Wilson sobre la invitación perfecta, y me mandó directamente al Cairo, aunque hubiera preferido que me mande a Catar de una vez. 

-¿Qué? ¡Cómo se te ocurre que vamos a ir a ver el fútbol en otra parte y con gente desconocida! ¡No, ya quedamos con tu papá, El Rodri y El Pacaí que ese día (sagrado) vamos a ver la inauguración y el partido en la casa de tus papás! Mi vida, es el Mundial. En estas fechas, por favor, no hagas planes, no aceptes nada, nada. Es solo un mes cada cuatro años. ¡Entiéndenos!

La descripción del resentimiento que tuve sería un tratado de psicología infinito, tal vez hasta psiquiátrico.

El dolor que me dio en el pecho y en el alma también sería un tratado médico y espiritual.

Reflexioné en silencio y, con respiración profunda, traté de entender el contexto de la pasión de mi marido por el fútbol, pero no lo logré.

No puedo hacer el clic para actuar racionalmente. Con esta sería la cuarta Copa Mundial de Fútbol que estamos juntos.

La primera fue cuando trabajábamos en el diario. Nos tocó cubrir y hacer muchos reportajes en equipo sobre cómo se vive este encuentro futbolístico en Quito. Aquí va la confesión: en esas coberturas nació el amor.

Cuatro años más tarde, en otro Mundial, sin trabajar juntos, pero ya casados, me enteré de que estaba embarazada de nuestro primer hijo. Cada vez que oía la canción de Shakira, ‘Waka waka’, me daban unos estragos terribles y no resistía la náusea.

El Wilson prendía la tele en la madrugada para ver los partidos, y yo me levantaba a vomitar. Fue un martirio absoluto.

Cuatro años más tarde, en otra Copa Mundial, me dejaron sola en el quirófano todos, desde el ginecólogo hasta mi marido. Sola con un chico, que no sé qué función médica tenía.

Me acuerdo que me cosía la cesárea. Acababa de dar a luz a mis mellizos, y todos se esfumaron, porque empezó el partido más importante, según ellos: Brasil contra cualquier otro país.

Al día siguiente, los que me iban a visitar al hospital prendían la tele y se instalaban en el cuarto hasta que el partido se terminara. Mi papá llegó un día con banderas de Ecuador y las puso en las cunas de mis bebés. Fue el gesto de amor más grande que alguien tuvo en esos días con mis guaguas.

En el hospital nos preguntaron si ya habíamos inscrito a los mellizos. 

-Se termina este partido y voy, respondió mi marido muy solvente. 

Tres partidos más tarde, por fin, fue y el Registro Civil estaba cerrado. 

Ayer mi cuñada Cris, que vive en La Concordia, nos invitó a una megafarra por su cumpleaños. 

-Valen, tienen que venir con El Wilson y sin guaguas a mi fiesta. Voy a contratar un súper DJ. Me quiero festejar a lo grande.

Y ahora, ¿cómo le digo que no vamos a ir porque es el Mundial? Además, la Cris es una de las personas que más quiero en este mundo. “Tengo que ir, aunque sea sola”, pensé.

Supervaliente, le dije a mi marido:

-Wilson, el 26 de noviembre la Cris hace una fiesta, así que te quedas con los guaguas y yo me voy. No hagas drama.

-¿A quién se le ocurre hacer algo en pleno Mundial? ¿Cómo te vas a ir sola? 

Agarró el celular y, hecho el ejecutivo, dijo: 

-Chi, podemos ir el sábado luego del partido Argentina vs. México y regresamos el domingo antes del partido España vs. Alemania, para verlo con tu papá que le fascina el fútbol europeo. 

-¡Mentira!, porque ustedes aman ver cualquier partido. El otro día vieron Aucas vs. Barcelona como un ritual solemne y ninguno es hincha de ninguno de esos equipos.

¿Cómo pretenden que entienda algo que realmente no me interesa?

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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Megred
15 noviembre, 2022 09:47

Que tontería. En mi caso, al parecer por el hecho de ser hombre, por obligación a uno le tiene que gustar el fútbol, pero no, a mi no solo no me gusta sino que me molesta tener que soportar fútbol en todas partes y en todo ámbito, y más aún en esta época. Me ha tocado dejar de ver television nacional porque francamente me tienen harto. Yo creo que el fútbol profesional es alienante y que además drena la escueta economía de los pobres, concentrando en pocas manos mucho dinero. No es de sorprenderse que mine de muchas maneras las… Leer más »