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Nadie salvó a Naomi

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

23 Dic 2021 - 19:00

Como ya es Navidad, esta semana estaba escribiendo un artículo que combinara con la época de amor y paz.

Sin embargo, tuve que cambiar de planes, pues a menos de un mes de haber confesado a los lectores que el #NiUnaMenos me saca de casillas, esta frase nuevamente es tendencia por la muerte de la modelo Naomi Arcentales.

Ella era una mujer de 23 años que, según los mensajes de su celular que fueron expuestos en las redes sociales, era víctima de violencia de género.

Hasta el momento, no se ha esclarecido la causa real de su muerte, suicidio o femicidio, pero hay señales de que era víctima de violencia física y psicológica por parte de su pareja.

También se ha mencionado que fue víctima de violencia sexual por parte de tres sujetos.

Naomi ya no está, y su caso, al igual que el de muchas otras mujeres víctimas de violencia, nos dice que estamos haciendo las cosas muy mal.

Las reacciones iniciales frente a la revelación de que Naomi vivía un infierno fueron diversas. Unos la juzgaron y, aunque está muerta, le preguntaron: ¿por qué siguió con él? ¿Por qué no lo denunció?

Otros, más increíbles, se refirieron al presunto victimario, un funcionario de la Fiscalía, y lo calificaron de “pobre hombre” e invocaron la presunción de inocencia.

Por último, otro grupo difundió, sin reparos, detalles de la vida privada de la fallecida con el afán de mostrar que era víctima de violencia y así pedir justicia.

Este último grupo me sorprende pues, en medio de todos sus reclamos, nunca mencionaron la violación de Naomi por parte de esos tres sujetos. A pesar de que ella está muerta, la justicia también debe responder por eso.

Me llama la atención que compartieron chats de su celular afirmando que son las pruebas del femicidio: ¿desde cuándo se presentan las pruebas de un femicidio en Twitter?

También es por este tipo de acciones que no soporto el #NiUnaMenos. Cada vez que muere violentamente una mujer, solo hay una calentura de mensajes que quedan en el olvido y una burda competencia para ver quién gana más likes.

La ausencia de acciones organizadas me da la idea de que aquellos que se explayan en las redes sociales no son más que oportunistas que reviven, a conveniencia, para cobrar popularidad a costa de la vida de mujeres muertas. Eso es obrar de mala fe.

Del Estado, ni hablar, ¿hasta cuándo nos seguirán matando? ¿Cuándo veremos las acciones y no solo la indignación?

A juzgar por el contenido de los mensajes difundidos, a pesar de que la occisa escondía las marcas físicas de las agresiones, sí hubo testigos de los actos de violencia.

A Naomi la entiendo muy bien, y me atrevo a pensar que, al ser víctima de violencia, no tenía claridad para identificar el peligro al que estaba expuesta.

También es probable que, como ocurre en los casos de violencia, haya terminado sometida a su victimario, quien incluso la culpa por ser tan violento. Todo era culpa de ella por provocarlo.

Encima, al ser pareja de una persona ligada a la justicia, el presentar una denuncia en la misma Fiscalía no suena fácil.  

Lo que quiero decir con esto es que las víctimas, sean ellas Naomi o cualquier otra persona, no tienen la culpa.

En general, las víctimas prefieren librar su batalla en silencio y callan por vergüenza, por temor o porque creen que así son las relaciones. Sin embargo, en medio de todo el conflicto pueden recurrir a redes de apoyo, que pueden ser familiares, sociales, institucionales y profesionales. 

Según la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres (INEC, 2019), en Ecuador en el caso particular de las mujeres casadas o en unión de hecho, solo el 51% le contó a algún conocido cuando enfrentó violencia intrafamiliar.

Del grupo de mujeres que decidió hablar, prefirió hacerlo con: sus padres (43%); otros familiares (44%); amigos (20%); vecinos (8%); sacerdote, religiosa o pastor (3%).

Con respecto a las acciones de las redes de apoyo, apenas el 4,4% acudió a alguna institución a solicitar ayuda.

Entre las instituciones a las que recurrieron los conocidos y familiares se mencionan: Fiscalía con 37%, Policía (22%), centro de atención de violencia (19,4%), Defensoría Pública (8%). En el 67% de los casos se otorgaron medidas de protección.

Una respuesta adecuada y oportuna de las redes de apoyo puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Todos aquellos en quienes las mujeres víctimas de violencia depositan su confianza son los llamados a dar la voz de alerta, no sirve de nada pedir justicia para una mujer muerta.

El papel de familiares, amigos, profesionales o instituciones es acompañar y sostener a una víctima de violencia de género mientras se cierra el círculo de violencia o se denuncia al agresor. 

Este proceso no es fácil pues, según algunas investigaciones, las víctimas pueden tardar más de cinco años en denunciar a su agresor, por lo que las redes deben tener la preparación necesaria para acompañar este largo proceso y sugerir el acompañamiento profesional.

Termino el año con este artículo que tiene sabor a sangre y dolor. No era mi intención, pero no se puede esconder la realidad de violencia que vivimos.

Mi artículo sobre el amor y la paz que afloran en diciembre, será para otra ocasión. Por ahora, expreso mi más profundo deseo de que todos vivamos en paz. No quiero creer que eso es una utopía.

Que Naomi descanse en paz. Que se haga justicia para ella y para todas las víctimas de femicidios.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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