Leyenda Urbana

El peor momento parlamentario del Partido Social Cristiano

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

13 Sep 2022 - 5:28

En un abrir y cerrar de ojos, el asambleísta Luis Almeida desapareció del hemiciclo Legislativo.

Y aunque todos aseguraban que estaba allí, porque apenas unos instantes atrás los monitores del Pleno lo mostraron caminando, escoltado por Esteban Torres, jefe de la bancada del Partido Social Cristiano (PSC), Almeida no volvió asomar. Se esfumó.

También desapareció Viviana Veloz, de UNES, la otra interpelante. Los dos, se hicieron humo.

Era jueves 8 de septiembre y el instante era crucial, porque la Asamblea buscaba someter a reconsideración la votación en la que los vocales del Consejo de la Judicatura (CJ) se habían salvado de la destitución, porque solo hubo 87 de los 92 votos que se requieren para censurarlos, como es la pretensión del correísta UNES, el PSC, algunos de la Izquierda Democrática (ID) y unos cuántos independientes. 

El presidente de la Asamblea, Virgilio Saquicela, que poco antes había estado rodeado por los mismos interpelantes y otros legisladores más, hizo lo que mejor sabe hacer: obedecer.

Suspendió la sesión, que solo se reanudará tras la vacancia legislativa, el 26 de septiembre, mientras que el destino de los vocales del CJ, incluido el de quien funge de presidente, quedó en el limbo; y el país, en ascuas.

En esa misma semana, en la Comisión de Derecho al Trabajo, el mismo asambleísta Almeida, del PSC, votó a favor de restituir la pensión vitalicia para los exmandatarios sentenciados por peculado.

Nadie podía creer semejante aberración legal y moral, que implicaba premiar a quienes han delinquido, pues, aunque digan que no sería retroactivo, estaba dedicado a favorecer a Correa y a Glas.

El escándalo fue tal que el jefe de bloque debió salir a hacer control de daños, arguyendo que el asambleísta se equivocó, porque el PSC si bien es partidario de mantener la pensión a los exmandatarios, pero no para los sentenciados por delitos de corrupción. 

¿Quiere decir que Almeida actúa por su cuenta? De ser así, es un serio riesgo para el partido; pero si lo usan como comodín, es una vergüenza.

Qué tesis defiende el PSC, ahora, en la Asamblea Nacional; cuál es su ideología, a quiénes representa, son preguntas no retóricas, que tendrían que ser absueltas, para que el país tenga una idea clara de por qué la metamorfosis conceptual, y la deleznable conducta parlamentaria que exhiben.

El país mira con asombro cómo el PSC y el correísmo caminan, hoy, de la mano en los temas más sensibles que se tratan en la Legislatura; en especial en los que tienen que ver con el destino de los organismos de control y, sobre todo, los de la justicia, dejando un reguero de dudas y mucho asombro, sobre sus verdaderas intenciones; ya que de Correa se sabe que quiere deshacer las sentencias en su contra y lograr la impunidad.

Si esto obedecería a una venganza del PSC contra CREO, por haber sido abandonado en el camino, luego de ganar juntos las elecciones presidenciales, tampoco se justificaría, por más que Jaime Nebot suela citar a John F. Kennedy cuando dijo: “perdona a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”.

Tampoco parece válido suponer que se dejen usar por Correa, ya que Nebot tiene tanto recorrido y astucia política como el expresidente, por lo que creer que es manipulable, resulta absurdo.

La hipótesis de que buscan la caída de Lasso es infundada, porque hay hechos que demuestran lo contrario, al haberlo salvado en momentos críticos, como cuando a propósito de los ‘Pandora Papers’, en noviembre pasado, la Comisión de Garantías Constitucionales, que preside Fernando Cabascango, de Pachakutik, recomendó la destitución del primer mandatario por supuesta “conmoción interna”; el PSC salió al paso y dijo que no la apoyaría, porque esa causal no es aplicable, al tenor de los dictámenes de la Corte Constitucional.

Y, en junio pasado, cuando aprovechando el violento paro de 18 días, se sometió a votación una moción de destitución del presidente de la República, presentada por UNES, el social cristianismo votó en contra.

Lo hizo a pesar de que se juntó al correísmo para sacar a Guadalupe Llori de la presidencia de la Asamblea, y colocar a Virgilio Saquicela en el puesto, y hasta cambiaron el Consejo de Administración Legislativa (CAL), en el cual, hoy, tienen mayoría.

Pero en la política, como en todos los actos de la vida, siempre hay una razón para actuar de una u otra manera; más aún si se controlan votos que, finalmente, son fuente de poder.

Hay quienes dicen que se debe mirar a la Fiscalía general de la Nación, y recordar ciertos allanamientos en oficinas y residencias de Guayaquil, donde se incautaron teléfonos y computadoras, y, también, mirar al Isspol, para intentar desentrañar qué hay de por medio y qué está en juego para que el PSC tenga semejante conducta en la Legislatura.

Sea cierto o no, algo que se desconoce debe suceder para que el partido que lidera Nebot, quien como alcalde de Guayaquil protagonizó multitudinarias marchas en contra de Correa, cuándo este gobernaba con mano de hierro, perseguía con crueldad a los contradictores, mezquinaba asignaciones para los municipios, y presidía un gobierno denunciado por alzarse con las riquezas del país, hayan devenido en una suerte de alter ego en la Asamblea, compartiendo agenda y objetivos.

Actitudes como estas han hecho que el PSC deje entrever que ha abandonado los principios y valores sobre los cuales se edificó como partido.

Que el único empeño sea hacerse de los organismos de control y de la justicia, mientras el país está atenazado por el crimen organizado y el narcotráfico, con una violencia atroz, es inadmisible.

Por suerte, en política siempre parece haber una nueva oportunidad y esta se le ha presentado, justamente, ahora, cuando el Gobierno de Lasso ha planteado al país una consulta popular, con temas relevantes y urgentes.

Es probable que, si Nebot da su apoyo, él y su partido se reivindiquen ante la opinión al diferenciarse del correísmo que, de seguro, trabajará en contra de la consulta. 

De ser así, el PSC podrá decir que ha superado su peor momento parlamentario.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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