El Chef de la Política
¿RC es solamente RC?
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, investigador de FLACSO Ecuador, analista político y Director de la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política (Aecip).

Actualizada:

14 Nov 2021 - 19:03

Cuando la RC apareció como movimiento político, concitó el apoyo de muchos sectores sociales.

Todos, sin excepción, se articularon alrededor de la propuesta de su líder, RC, pensando en que allí había un camino expedito para salir de las taras de la política nacional y, esencialmente, de las inequitativas condiciones de vida en las que, sin pudor alguno, se desenvolvía el país.

Con el paso del tiempo muchos se fueron desencantando de la RC y otros de RC. Unos cuantos más de una y otro.

Al final, luego de un poco más de quince años de vida política, da la impresión que a la RC le llegó el momento de repensar su posicionamiento político en el país.

¿Es posible una RC desligada parcialmente de RC o la RC solamente puede sobrevivir bajo el manto de RC? Ahí está la pregunta que, en función de lo que se ve y se escucha, no parece tener aún una respuesta definitiva. Sin embargo, el país entero y, especialmente, los seguidores de la RC y de RC, demandan una definición al respecto.

De lo que se puede apreciar, aún prima la visión de que la RC es RC y no puede ir más allá de su figura emblemática. La bancada legislativa, por ejemplo, es una muestra de ello.

Dejando de lado a un puñado de asambleístas que tienen discurso y espacio político propio, a la gran mayoría se los ve sumidos en una idea fija: cualquier negociación, sobre cualquier tema, es posible si y solo si se discute algún tipo de salida a la situación jurídica que afrontan sus dirigentes más connotados.

Aunque dicha actitud es respetable, lo que debería preocupar a la RC es que sostener esa estrecha línea de acción limita su capacidad de maniobra e injerencia en otros espacios en los que podría obtener réditos políticos y, esencialmente, mantener o incrementar el apoyo electoral que ahora tiene.

Desde luego, la defensa de la dirigencia no puede ser dejada de lado, pero de ahí a circunscribir el accionar político de la RC a RC puede pasarles una dolorosa factura en el futuro inmediato.

En la historia reciente, Ecuador tuvo varios casos de organizaciones políticas que dependieron ciegamente de un liderazgo en particular y que, en ausencia del jerarca, el desplome fue su inevitable consecuencia.

De esas experiencias podría nutrirse la RC de cara a repensar el espacio político que les interesa ocupar en el país.

De hecho, una conjetura que se podría tejer es si la RC no redefine su visión de la política, ellos mismos podrían ser uno más de esos casos en los que la excesiva dependencia del liderazgo carismático terminó por erosionar el surgimiento de nuevos cuadros políticos y por llevar, de a poco, a la desaparición de la estructura partidista.

El Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) es uno de los ejemplos más vívidos de lo mencionado. Sin el expresidente Bucaram en el país, independientemente de las razones jurídicas y políticas que mediaron, el PRE mantuvo su presencia electoral durante algunos años, aunque cada vez con menos fuerza.

La estrategia de “déjenlo volver” era el Alfa y el Omega de la bancada legislativa de la 10 y, si bien, en determinada coyuntura política esa carta de negociación fue eficaz, como en el fugaz retorno de Bucaram en 2005, con el paso del tiempo la ausencia de propuestas y de actores que vayan más allá de la figura y de la situación judicial del expresidente llevaron al PRE a lo que es hoy: uno más de los tantos partidos políticos que rápidamente pasaron del auge a la decadencia.

A diferencia del PRE, la RC no solo tiene una estructura de ideas políticas sobre cómo debería funcionar la sociedad ecuatoriana, sino también un arsenal de estrategias para llevar a cabo esa plataforma electoral.

Que a unos les interpelen esas ideas y a otros no, eso es otro cantar. No obstante, si la RC opta por circunscribir su vida política a la defensa de sus líderes históricos, algunos de ellos absolutamente ausentes a pesar de no enfrentar procesos legales, pronto podrían convertirse en la versión actual del PRE de la década de los noventa: una organización política frente a la que, por su poca versatilidad para alcanzar acuerdos y su dependencia de RC, el resto de partidos cerrarán filas en su contra.

Por tanto, aunque en condiciones diversas, la RC corre el riesgo de llegar a ser el “repugnante otro”, como describió el distinguido sociólogo Carlos de la Torre la presencia de Bucaram y el PRE en la política nacional.

Urge, en definitiva, una reflexión interna de la RC. Aún tienen cuadros políticos con vigencia, la estructura partidista está medianamente organizada y el apoyo electoral no se ha perdido.

Sin embargo, todo esto se puede debilitar si no existe una Perestroika que les otorgue mayor capacidad de gestión política en función de una agenda amplia, en la que RC sea parte, pero no el único punto a discutir.

Esta demanda de una redefinición política, si es que así lo considera la RC, no es una cuestión solamente de los cercanos a esa agrupación política sino del país en general. Conocer cuál es el posicionamiento que tomará a futuro la primera fuerza electoral de Ecuador es, sin duda, un tema que interesa a todos.

Si no hay un cambio, la imagen del PRE y del “repugnante otro” de los noventa pueden reproducirse en el mediano plazo, con nuevas caras y nuevos estilos, desde luego, pero con las mismas consecuencias para la propia organización política y sus seguidores.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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