Lunes, 20 de mayo de 2024
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Tablilla de cera

Del presidente Benito Juárez a uno llamado AMLO

Gonzalo Ortiz

Gonzalo Ortiz

Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.

Actualizada:

11 Abr 2024 - 5:58

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. El famoso apotegma de Benito Juárez se ha convertido en una fórmula manida en muchos ámbitos, pero es obligatorio recordarla, tras el insólito y sorprendente episodio de la incursión del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) de la Policía Nacional en la embajada de México, el viernes por la noche, para sacar en 10 minutos al exvicepresidente y reo Jorge Glas.

La célebre frase del líder mexicano consta en el manifiesto que expidió el 15 de julio de 1867, tras su entrada triunfal en Ciudad de México luego de derrotar al desdichado Maximiliano I de Habsburgo que había sido importado para ser emperador de México y que terminó fusilado.

Ese principio insignia de América Latina y, por supuesto, de México, debió haber regido a ese país al sopesar el pedido de Jorge Glas de que se le recibiera en la misión y se le concediera asilo político.

Es obvio que no habrá sido una sorpresa para la embajadora Raquel Serur y el jefe de cancillería (ministro) Roberto Canseco cuando Glas traspasó esa puerta.

Yo mismo tuve la invitación, cuando subdirector del diario Hoy, a entrar por esa puerta (que hoy da a las Naciones Unidas, pero que antes del ensanche de esa avenida daba a un callejón empedrado), si es que lo requería, dada la persecución de León Febres Cordero. Me la hizo, con toda cordialidad, el entonces embajador de México, cuyo nombre guardo con gratitud.

Por supuesto que el ingreso de Glas estuvo acordado con la Cancillería mexicana. Incluso es más probable que la embajadora Serur recibiera de sopetón una instrucción desde México de que iba a presentarse Glas y que debía acogerlo. Fuese lo que fuese, era entonces que la proclama de Juárez debía primar en todos quienes tuvieron que ver con la decisión de hospedarlo.

Porque el respeto al derecho ajeno obligaba a México a considerar que sobre el personaje pesaban dos condenas en firme a prisión, una a seis años por asociación ilícita en el caso “Odebrecht” (en firme desde 2019) y otra a ocho años por cohecho agravado en el caso “Sobornos 2012-2016”, (en firme desde 2020).

En este caso, como se sabe, fueron igualmente condenados R. Correa, V. Alvarado, M. de los A. Duarte, A. Mera, V. Bonilla y C. Viteri, casi todos prófugos. Las dos penas de Glas fueron unificadas, por pedido de este, en una sola de ocho por sentencia de la jueza penal de Pichincha, Melissa Muñoz.

Antes de cumplir su pena, Glas salió de la cárcel en 2022 por medidas cautelares otorgadas por el juez Emerson Curipallo de Santo Domingo de los Tsáchilas, procesado y preso por el caso Metástasis, relacionado con delincuencia organizada.

Pero, además, y esto debía ser considerado cuidadosamente por México, Glas tenía la obligación de presentarse ante las autoridades penitenciarias cada semana. Al aceptarle como “huésped”, figura que no existe en el derecho internacional, la embajadora, la embajada y México, estaban siendo cómplices de una violación de la ley y de una conspiración para burlarse del sistema judicial ecuatoriano.

Porque si es verdad que corresponde al país asilante la calificación del solicitante como perseguido político, también está claro que no puede considerarse tal a quien tiene dos sentencias penales en firme, lo que quiere decir que ellas cursaron todas las instancias que franquea la ley para defensa de los procesados y ya son inapelables, y que debe presentarse cada semana a la autoridad penitenciaria.

Pero, además, México conocía que respetar el derecho ajeno, el ecuatoriano, implicaba considerar que la libertad provisional otorgada por el juez Curipallo era solo hasta que se resolviera el pedido de prelibertad que había presentado Glas.

Como se le negó dicho recurso, la misma jueza Muñoz, que unificó las penas, dispuso la localización y captura de Glas para que cumpliera en prisión lo que le restaba de la pena unificada de ocho años. Glas apeló y se le volvió a negar.

Si ya México estaba conspirando contra el sistema judicial ecuatoriano, inmiscuyéndose en asuntos internos del país en una verdadera asociación ilícita para que el condenado no cumpliera con la presentación semanal, ese Gobierno al menos debía reaccionar cuando el juez José Alvarado, que reemplazó Curipallo en la Unidad Penal de S. Domingo de los Tsáchilas, revocó, por razones de incumplimiento de las condiciones, la medida de libertad provisional.

Por lo que Glas estaba obligado a presentarse de inmediato para ingresar a la cárcel y cumplir su pena. El país azteca, si no antes, debía desprenderse ese momento de su incómodo huésped, sobre cuyo asilo seguía cavilando.

El respeto al derecho ajeno también implicaba devolver a Glas cuando recibió una nueva orden de prisión preventiva, dentro de un tercer proceso penal, este por el delito de peculado en el caso Reconstrucción de Manabí, en el que la fiscalía tiene una teoría sobre cómo desaparecieron centenares de millones de dólares, y cómo Glas fue el principal responsable al presidir el llamado Comité para la Reconstrucción y Reactivación Productiva y del Empleo, en su calidad de vicepresidente de la República.

¿Y no sabía México que Glas, además, tiene desde octubre del 2023 una denuncia por acoso por parte de su exsecretaria Soledad Padilla, quien fue su fiel servidora por años, y a quien, según la denunciante, presionaba para mantener una relación sentimental?

¿Y no sabía México que Glas, además, fue mencionado en los chats del capo del narcotráfico Norero donde se ofrece 200.000 dólares por su libertad para que les pague cuando sea presidente?

Este cúmulo de violaciones al derecho ajeno —al derecho del Ecuador, al derecho de Manabí, al derecho de Soledad Padilla— llevaron a que la paz sucumbiera entre Ecuador y México, incluso mucho antes de las retorcidas declaraciones de López Obrador de que a Fernando Villavicencio se le asesinó para que no triunfara la “candidata progresista”, y con las que no solo banalizó el asesinato, sino que insultó la memoria de un luchador frontal contra las mafias de la corrupción. 

“Y el que estaba segundo, subió”, dijo, con su peculiar forma de hablar, el presidente de México, insinuando que ese asesinato ordenado por las mafias benefició al actual presidente del Ecuador.

Como se ve, esta fue solo la penúltima de las intervenciones del gobierno de México de esta larga lista en que se inmiscuyó en asuntos internos del Ecuador, sin respetar ni su ordenamiento legal ni la voluntad popular de sus ciudadanos. La última fue cuando, encaprichado, le concedió asilo, tras tantos meses cavilando.

Ahora, es verdad que este cúmulo de ilegalidades de México no se resuelven con otra ilegalidad, la irrupción en la embajada, el maltrato a Canseco (al que le apuntan con un arma y le tiran al suelo para que no interfiera en la misión que tenía el GIR, extraer a Glas).

Por eso, el Ecuador ha recibido la condena universal, un verdadero capote, como el que dan o daban los chicos en la escuela (antes de que hubiera bullying), como suave castigo colectivo a un compañero mal portado.

Pero de verdad es un triunfo de la Cancillería que la resolución de la OEA de ayer no haya sido más radical, pues aunque condena enérgicamente “la intrusión en las instalaciones de la Embajada de México en el Ecuador y los actos de violencia ejercidos en contra de la integridad y la dignidad del personal diplomático de la Misión”, y recuerda los principios del derecho internacional sobre el asilo y la inviolabilidad de los recintos diplomáticos, tiene dos numerales, el 5 y el 6, que se refieren claramente a lo que el Ecuador ha sostenido.

Eso es un triunfo del país, que sin duda se debe a la diplomacia ecuatoriana y, sobre todo, a la misión del Ecuador en la OEA.

“Reafirmar que, sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas que gocen de esos privilegios e inmunidades deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor; y que también están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado”, dice el párrafo número 5.

Y el 6, “Reafirmar que los locales de la misión diplomática no deben ser utilizados de manera incompatible con las funciones de la misión tal como están enunciadas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, en otras normas del derecho internacional general o en los acuerdos particulares que estén en vigor entre el Estado acreditante y el Estado receptor”.

Seguramente por eso México no asistió a la votación de esta resolución, porque es una derrota para quienes no respetaron el derecho ajeno.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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