Leyenda Urbana

Año 2022, punto de quiebre para Lasso y también para la oposición

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

3 Ene 2022 - 19:03

Desbordadas las emociones porque la llegada de un nuevo año es siempre un renacer de esperanza, sobre todo para quienes pasamos, durante las navidades y el fin de 2021 momentos difíciles, por el quebranto de salud de un ser amado.

Se impone mirar el devenir con optimismo, aunque la transición sea, en realidad, solo una metáfora del tiempo, atesorada por la humanidad.

Cuando se siente en carne propia el sufrimiento, se puede entender lo que deben soportar quienes están obligados a buscar atención pública; muchos de forma permanente, con enfermedades catastróficas y no cuentan con los medios para pagar. 

Son esos los momentos en que se valoran más la salud y la vida. Esa vida que prosigue y que, al inicio de cada año, es como una promesa renovada.

Entonces, hay una suerte de obligación moral colectiva para demandar de las autoridades que administran el Estado la atención para sus ciudadanos, equipando las casas de salud y dotándolas de implementos y de medicinas.

Que el abastecimiento de medicamentos en los hospitales de la red pública llegue solo al 49% es un baldón para un país que pretende la igualdad y la equidad.

Y una bofetada en el rostro de quienes han hecho del hedonismo una virtud que los entontece y arrincona, hasta perder la capacidad de empatizar con el sufrimiento ciudadano.

Si el calendario marca el ritmo de los pueblos, en estos instantes, lo propicio sería intentar visualizar lo que 2022 significará para los ecuatorianos, a sabiendas de que para quien conduce el país, el presidente Guillermo Lasso, será un año decisivo, que determinará el resto de su gestión.

La realidad es que, para Ecuador, el año que acaba de comenzar es para reformar leyes y códigos caducos; para recuperar lo robado y para una lista extensa de prioridades.

Todo esto mientras el ciclo pre-electoral se abre paso, y partidos y movimientos querrán apostar a acertar en los nombres para las elecciones seccionales de 2023.

En este escenario, ¿qué capacidad de maniobra tendrá el Ejecutivo para tramitar una reforma que posibilite la generación de empleo, mediante la flexibilización laboral, a la que se oponen gremios y sindicatos de trabajadores?

¿Cómo van a encarar la inseguridad que se ha extendido por todo el país, de forma escalofriante, y controlar la violencia desbocada en varias provincias y esa demencial de las cárceles, con asesinatos inenarrables?

Uno quisiera que no sea así, pero ese es el panorama nacional, en el que hay muchos otros desafíos por vencer, como la pandemia que persiste.

Las relaciones del Ejecutivo con la Asamblea tampoco pintan claro, porque la conducta política de los legisladores es impredecible, ya que se mueven por intereses, casi siempre personales, e impide ver cómo será su actuación de cara a reformas y leyes esenciales, que tendrán costo político.

Qué hará el presidente Lasso frente a un escenario semejante, es una incógnita, que solo podría tener un atisbo, si analizamos lo que hicieron él y su movimiento el año que acaba de terminar.

CREO ganó la Presidencia en alianza con el PSC; se instaló en Carondelet entregando la Asamblea a Pachakutik, a la Izquierda Democrática y a un puñado de independientes, para luego gobernar con la Democracia Popular, mientras que con UNES, de Rafael Correa, aprobó una reforma tributaria, que le permitirá contar con USD 1.900 millones de ingresos en los dos años siguientes.

Una cintura política para los laboratorios de los expertos. 

Desde luego que siendo también la política el arte de negar las evidencias, nunca admitirán un pacto con el sentenciado de Bélgica, por quien Lasso soltó la mano del líder socialcristiano, Jaime Nebot, antes de asumir el poder. Pero esos son los hechos.

Y hay más. 

Manejando los tiempos políticos con la precisión de un cirujano, el presidente Lasso logró del contralor general del Estado un informe exculpatorio sobre el caso ‘Pandora Papers’, que dejó sin piso a la Comisión parlamentaria que hizo la investigación, y que había dado muestras de inutilidad y audacia, a la vez.

Pero también el presidente Lasso terminó 2021 distante de los sectores de la producción, que fueron un puntal en la campaña y en el plan de vacunación.

La relación con el presidente de la Conaie, Leonidas Iza, es tirante, y no hay asomo de un cambio en sentido contrario, que evite caer en su trampa de violencia.

El presidente de la República tiene otro reto enorme por vencer: el pesimismo de la gente, evidenciado en la migración de miles que no ven esperanzas en su país.

Y de la mayoría (81%, según Perfiles de Opinión) que teme al aumento de la delincuencia.

Todo esto cuando sus cifras de apoyo están a la baja, luego de gozar de un récord, con 74%, en julio, hasta cerrar diciembre con 24%, según la misma encuestadora.

Pero, en definitiva, es el bienestar lo que más importa a la gente.

Según Cedatos, 54,2% de ecuatorianos apuesta, en 2022, por la salud y la vida; mientras 39,3% habla de mejorar la economía.

El mensaje es claro para los gobernantes, que deben responder. Lo contrario, es una carrera social al precipicio, de la que no se salva nadie.

Apagadas las luces y silenciado el estruendo por la llegada del nuevo año, la realidad es que el Presidente de la República tiene por delante una tarea descomunal, que debe comenzar por priorizar la vida de los ciudadanos.

Si prodigando los mejores cuidados profesionales y de amor filial, uno se siente en agonía por la enfermedad de un ser tan íntimo. Para quienes no cuentan ni siquiera con las medicinas, el padecimiento debe ser infinito, y eso no puede continuar.

Es imperativo entregar las medicinas para salvar a los pacientes terminales, que viven el sufrimiento adicional del abandono del Estado.

Con todas estas obligaciones pendientes, este 2022 es un punto de quiebre en la gestión del presidente Lasso. Y también para quienes pretendan hacer oposición.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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