De la Vida Real

Los síntomas físicos y los efectos en el bolsillo del Covid-19

Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

16 Ene 2022 - 19:00

Mis síntomas: malestar estomacal, dolor de garganta, opresión en el pecho, dolor de espalda y molestia en los ojos. No hay dolor de cabeza.

Tercer día: dolor insoportable del cuerpo.

Cuarto día: la comida resulta insípida y los malestares se agravan.
 
Resultado de la PCR: Negativo.

Síntomas de mi marido: malestar estomacal, dolor de garganta, congestión nasal, dolor de cabeza, fiebre, malestar general.

Resultados de la PCR: Positivo.

Total a pagar por las PCR: USD 90.

Empezó el laberinto de no saber qué hacer ni cómo actuar.

Llamamos al seguro de salud privado: nos explicaron que solo podíamos ir a los prestadores médicos establecidos, pero nos advirtieron que estaban saturados de pacientes y que nos tocaría esperar.

Pagamos por una cita virtual. Nos mandaron a tomar paracetamol y un antialérgico por las noches.

Mi marido al quinto día estuvo mejor. Yo solo empeoraba: más dolor de espalda y del cuerpo, más dolor de ojos.

Busqué un médico para que me revisara. Valor de la consulta: USD 80.

Receta médica: más paracetamol, más antialérgico e Ivermectina, que no compré.

No tuve ninguna mejoría. Al respirar me dolían los pulmones; me acostaba y tosía. 

Le pedí a una amiga el contacto del doctor que trató a su familia: USD 40 la consulta presencial e incluía seguimiento.

Dijo que, por los síntomas que presentaba, seguro era Covid-19, aunque la PCR hubiera salido negativa.

Y me mandó muchos medicamentos. Me recomendó dormir boca abajo. Me dijo que al tercer día de tratamiento me sentiría mejor y así fue.

Aunque la comida me sigue pareciendo insípida hasta hoy. Siento que cada bocado no tiene ninguna explosión de sabor.

Al cuarto día los mellizos empezaron con fiebres muy altas y mucha tos. El pediatra les mandó medicina, todo por WhatsApp. Mejoraron al día siguiente.

Mi hijo mayor, El Pacaí, estaba invicto hasta el séptimo día. Lo aislamos con mascarilla. Fue feliz, jugaba ‘Play’, dormía hasta tarde y comía frente al televisor. 

Hasta que cayó con fiebres altas, malestar general y tos. Mismo tratamiento que sus hermanos. Pero la fiebre no cedió. Fuimos donde una pediatra del seguro privado. Total a pagar: USD 40, más USD 45 de la PCR que salió positiva.

El seguro no cubre el diagnóstico de Covid porque este centro médico no es parte de la red, me recalcaron.

Solo en medicinas de los cinco gastamos más de USD 200. Algunas cosas sí las cubrió el seguro.

A esta suma hay que agregarle los USD 72 del oxímetro, pues los de USD 25 estaban agotados. Más USD 85 del nebulizador que nos tocó comprar.

Por suerte ninguno de nosotros fue hospitalizado. Todos estamos vacunados con dos dosis

¿Dónde nos contagiamos? El anterior miércoles, en un almuerzo al aire libre, estuvimos seis amigas y nuestros hijos. Todos con sus vacunas al día.

Antes de esto había oído que ahora los síntomas son como los de un trancazo. Eso han repetido todos los voceros de la salud pública. Debo reconocer que nos relajamos demasiado.

Decían que la nueva variante, ómicron, pega suave. Nadie volvió a decir que hay más variantes circulando y que los efectos son diversos.

Entrar en este laberinto de incertidumbre, donde las redes sociales se vuelven los acompañantes de consuelo y las guías espirituales, es desesperante. Todos recomiendan que, al primer síntoma, acudas a tu médico de cabecera. ¿Y si no tenemos médico de cabecera? 

Los cinco estamos mejor. Con un poco de tos y catarro, pero funcionales. La cuarentena no ha sido fácil.

Los niños no quieren entrar a clases virtuales, y no les insisto. A estas alturas pelear con ellos me da pereza. Ganaron la batalla y la guerra.

Yo dejé todo para atender la casa, desinfectar cada esquina, cambiar sábanas, lavar ropa y cocinar. Cada uno lava su plato. De cuando en cuando sí he podido descansar.

Nos consuelan diciendo que, si no estuviéramos vacunados, nos hubiera salido una millonada en hospitales, tanques de oxígeno y gastos fúnebres.

Justo para evitar esto, nos vacunamos y esperamos el día para ponernos la tercera dosis. 

Ahora que estoy dentro de la población contagiada y vacunada, me doy cuenta de que también hay otras posturas frente al tema, que me han parecido bastante interesantes: el debate debe elevarse de nivel y no caer solamente en insultos arrogantes contra los no vacunados.

Si el nivel del discurso no cambia, la automedicación, los tratamientos alternativos y el dióxido de cloro triunfarán.

Gastos por pagar: prueba de antígenos para los cinco, control pediátrico de tres niños, control médico de dos adultos. Y estamos apenas en quincena.

Me repito una y otra vez: “Tal vez si no estábamos vacunados, la cuenta sería mucho más grande”.

Pero nos vacunamos, perdimos el miedo y siento que el sistema médico nos pasó una fuerte factura complicada de explicar.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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