Mónica Amboya, la árbitra ecuatoriana que no conoce de límites

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Autor:

Sergio Tufiño

Actualizada:

11 May 2021 - 0:05

La árbitra ecuatoriana, Mónica Amboya, sostiene su escarapela FIFA, en enero de 2020. - Foto: Instagram de Mónica Amboya

Mónica Amboya, la árbitra ecuatoriana que no conoce de límites

Autor:

Sergio Tufiño

Actualizada:

11 May 2021 - 0:05

Por primera ocasión en la historia, una árbitra ecuatoriana fue designada por el Comité Olímpico Internacional (COI) para que imparta justicia en los Juegos Olímpicos. Se trata de Mónica Amboya quien, con 24 años de carrera, asumirá uno de los retos profesionales más importantes hasta ahora.

Mónica Amboya es una riobambeña de 38 años. Su carrera en el arbitraje inició a los 15. Su meta era permanecer cuatro años, pues la mayoría de sus colegas duraban entre dos y tres temporadas para después retirarse. Pero ella no conoce de límites.

Amboya ha pasado por todas las categorías del fútbol ecuatoriano: Segunda, Serie B y Serie A. Sin embargo, su camino hacia la élite nacional del arbitraje fue más complicado de lo que imaginó.

Cuando arbitraba en Segunda Categoría, Mónica pidió por 14 años una oportunidad de ser ascendida a Primera. “Había una mentalidad machista que una mujer no puede estar en la Primera división”, relata en un diálogo con PRIMICIAS.

Y es que las mujeres cuentan con pocas oportunidades en el fútbol, que ha sido históricamente un mundo de hombres. Amboya es una de las mujeres que ha ayudado a abrir un gran lugar.

De a poco, ellas van ganando espacio con base en la preparación y el trabajo como es el caso de Mónica Amboya, que trabaja todos los días en el arbitraje, a pesar de que también es profesora de matemáticas en un colegio de Riobamba.

“Todos los días hago preparación física. Dos veces por semana trabajamos en la parte técnica con un instructor y también realizo análisis de video, además de estar siempre actualizada con la regla académica”, comenta.

Reto olímpico

Mónica se enteró de su designación a los Juegos de Tokio 2020, aplazados a 2021 por la pandemia, a través de su correo electrónico.

Una colega uruguaya le había advertido que el Comité Olímpico Internacional estaba enviando las invitaciones. Amboya fue a revisar sus mensajes y confirmó su designación.

“Realmente era una situación que tenía pendiente en mi vida porque fui atleta y siempre tuve el sueño de estar en unos Juegos Olímpicos. Ahora, el arbitraje me da esa posibilidad”, afirma.

La riobambeña se dedicaba al atletismo desde los 12 años. Su esfuerzo la llevó a ser campeona bolivariana y sudamericana en los 3.000 metros con obstáculos.

Su clasificación a la cita olímpica de Pekín 2008 estaba cerca, pero un año antes debió decidir entre el atletismo o el arbitraje. Se decidió por la segunda opción, sin saber que 14 años después cumpliría su sueño, aunque no como deportista sino como jueza asistenta.

Por ahora, se encuentra mentalizada en llegar a Tokio en óptimas condiciones. Los árbitros tienen una plataforma digital donde suben sus entrenamientos a diario, así que el trabajo es constante.

También está tomando clases de inglés, para comunicarse efectivamente cuando arribe a Japón. Es uno de los requisitos para estar en Tokio.

Logros alcanzados

En sus 24 años de carrera, no se ha cansado de superar límites y trazarse objetivos mayores.

Amboya, quien posee la escarapela FIFA desde 2010, ha dirigido partidos en cuatro Copas Libertadores, dos Copas América y Mundiales a nivel juvenil, todos en la categoría femenina. Además, estuvo en la cita mundialista absoluta de Francia en 2019.

También, participó en el Mundial Sub 17 masculino en 2019, donde fue parte de la primera terna arbitral femenina en una Copa del Mundo de hombres. En ese mismo año, debutó en un partido de la Serie A ecuatoriana.

En octubre de 2020, se convirtió en la primera ecuatoriana en debutar en un partido de Copa Sudamericana. En aquella ocasión fue asistente de línea en el partido entre Millonarios y Deportivo Cali, disputado en Bogotá, Colombia.

Mónica Amboya junto a sus colegas, en su debut en la Copa Sudamericana, en octubre de 2020.

Mónica Amboya junto a sus colegas, en su debut en la Copa Sudamericana, en octubre de 2020. Tomada de la cuenta de Instagram de Mónica Amboya

Actualmente, está confirmada en el proceso del Mundial Femenino 2023, en Nueva Zelanda. La réferi tricolor deberá trabajar a diario para seguir en la lista y llegar a una nueva cita mundialista, ya que cada año hay un recorte.

Agresión física en sus inicios

Como anécdota, recuerda que en un partido en su ciudad natal, sufrió una agresión física junto a sus compañeros. Amboya tenía 16 años y muy poca experiencia. Los jueces fueron trasladados al hospital tras el incidente.

No obstante, Mónica mira este recuerdo como un aprendizaje porque “el camino también tiene cosas malas”. Además, reconoce que es parte de su trabajo porque, generalmente, los árbitros son los que reciben más insultos en un cotejo.

Nivel arbitral en el país

Amboya admite que el nivel del arbitraje en Ecuador pasa por un “momento bajo”, pero es optimista de que servirá para “tomar un impulso y cambiar”.

De la misma manera, confía en que el arbitraje en la Superliga Femenina mejore luego de que en 2019 se registraron grandes errores, que perjudicaron a varios equipos.

“Veníamos de una para por la pandemia. A veces, en el fútbol femenino no tienes una mentalidad como estar en la Serie A de varones. No debes dejarte de preparar. Algunas colegas recién se habían graduado e iniciaron su trayectoria en la liga femenina. En el camino, se tomaron los correctivos, mejoramos y el campeonato llegó a un feliz término”, asevera.

Por otro lado, cree que el uso del VAR en los partidos debería implementarse durante todo el torneo.

“Si la FIFA nos da una directriz es porque han hecho estudios y quieren un juego más justo. La tecnología y el deporte avanzan a pasos agigantados. El VAR no dirige, solamente asiste. La última decisión la toma el árbitro, así que no quita esa esencia. Deberíamos usar más, aunque no todo el campeonato porque depende del presupuesto”.

Por ahora, continúa concentrada en su labor diaria. Su felicidad es evidente al tener que afrontar los Juegos de Tokio en dos meses, pero, sobre todo, porque detrás de ella dice que hay más mujeres con los mismos sueños y su ejemplo servirá para inspirarlas y darles más facilidad en su camino.

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