Ellos son los encargados de la tarea más dolorosa que deja la pandemia

Sociedad

Autor:

Jonathan Machado

Actualizada:

18 Jul - 0:05

Un equipo de Criminalística antes de acudir a un levantamiento de un cadáver en Quito, el 16 de julio de 2020. - Foto: Jonathan Machado / Primicias

Ellos son los encargados de la tarea más dolorosa que deja la pandemia

Autor:

Jonathan Machado

Actualizada:

18 Jul - 9:55

La Unidad de Criminalística de la Policía Nacional ha retirado 135 cuerpos de las calles y viviendas desde que la pandemia tomó fuerza en Quito, la segunda ciudad con más casos en el país.

Son las 07:45 del jueves 16 de julio de 2020.

En el edificio donde opera el Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses de la Policía Nacional, en Quito, los 45 peritos que trabajan en el levantamiento de cadáveres de personas que fallecieron por Covid-19 se preparan para una nueva jornada.

Cada día, seis de ellos son designados para atender las alertas emitidas por el Ministerio de Salud por los posibles decesos que se produzcan en los domicilios o en la vía pública. En Quito, la pandemia ya deja más de 550 muertes.

El teniente Daniel Padilla es uno de ellos. Desde hace cinco años pertenece a esta unidad policial que, en las últimas semanas, ha retirado hasta 11 cuerpos diarios de las calles y domicilios. Una cifra inusual para este departamento que, en promedio, antes de la pandemia retiraba tres cadáveres.

Padilla, de 29 años, usa lentes, una mascarilla celeste y viste uniforme café. Este vestuario indica que es parte del grupo de peritos que está de turno para acudir “al campo”, como se conoce a la tarea del levantamiento de cuerpos.

Como todos los días, Padilla dice que salió de su casa con la bendición de su esposa y la sonrisa de su pequeña hija de 17 días de nacida. El miedo al contacto con los cadáveres se ha vuelto más intenso desde que se convirtió en padre.

“Mi esposa siempre tiene palabras de ánimo para que haga las cosas bien y dar el 120% de mi esfuerzo”.

Teniente Daniel Padilla

El sargento segundo Wilson Herrera y el cabo segundo Miguel Gualoto cuentan historias parecidas.

Herrera dice que todos los días, desde hace 10 años que pertenece a la Unidad de Criminalística, su esposa le alienta para que cumpla su labor con los cuidados necesarios, pero también con profesionalismo.

Gualoto, en cambio, comenta que “mi esposa y mi hija me piden que me cuide para regresar sin problemas a casa”.

“Quien diga que no existe miedo, está mintiendo”

Durante el día, no hay un solo momento en el que el teniente Padilla no piense en su familia y en el riesgo de contagio que corre.

Una cadena con la figura de una cruz que le regaló su padre, quien también fue policía, le sirve para sentirse protegido.

Con una sonrisa que se puede ver en los ojos, el teniente dice que su motivación diaria es saber que cada noche se reencuentra con su familia.

“El perito se convierte en una roca”

La preparación profesional y psicológica que tienen los peritos de criminalística es una herramienta que los ayuda a no derrumbarse anímicamente delante de los cuerpos que yacen en las vías o domicilios de la ciudad.

“Cuando un perito realiza su trabajo se convierte en una roca”, dice el teniente Daniel Padilla. Agrega que “al finalizar su tarea, el policía se convierte otra vez en ser humano y regresa a la normalidad”.

Para cada procedimiento asisten tres peritos: el coordinador del equipo, el asistente y el fotógrafo.

Cada uno cumple con tareas específicas que determinan el éxito o fracaso del trabajo, así como el aumento o disminución del riesgo de contagio.

El coordinador es el encargado de establecer contacto con los familiares del fallecido y de consolidar sus datos en un formulario que servirá para la inscripción del deceso en el Registro Civil.

El auxiliar, en cambio, manipula el cuerpo y lo coloca en las bolsas antifluidos que sirven para esta labor. El fotógrafo recoge, con su cámara, evidencias del trabajo que hacen sus compañeros.

Para realizar un procedimiento seguro, los policías científicos, como también se los conoce, utilizan trajes de protección, respiradores, guantes y zapatos exclusivos para este trabajo.

“El traje de seguridad es nuestra armadura, nuestro chaleco antibalas”, bromea Padilla.

A esto se suma una pequeña oración antes de embarcarse en la patrulla que los llevará al lugar en el que se encuentra el cadáver.

Cuando el cuerpo es sacado del lugar por la funeraria, los tres peritos son sometidos a un proceso de desinfección antes de subirse a la patrulla que los devolverá al edificio del Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses.

Detrás de su uniforme, el policía dice que, ante el aumento de levantamientos de fallecidos por el Covid-19, “la sociedad se ha olvidado que los peritos de criminalística son seres humanos y que detrás de esta labor hay una familia que espera que no nos pase nada malo”.

El sargento segundo Wilson Herrera dice que, a pesar de su preparación profesional, “las muertes nos afectan y producen un golpe al estado de ánimo, pero sacamos fuerza para hacer un trabajo profesional”.

Es por eso que los 45 policías de criminalística reciben terapia psicológica, cada semana, con la que se busca mitigar el impacto que significa presenciar una mayor cantidad de fallecidos.

“La terapia es una descarga para que los policías no se guarden las emociones y pueden estar listos para hacer su trabajo, pero también para que no afecte su relación familiar”, dice Padilla.

El jueves 16 de julio, pasadas las 21:00, los peritos de Criminalística acudieron al levantamiento de dos cuerpos: uno por un presunto caso de femicidio y el otro por Covid-19.


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